CUÁNTICA Y VIDA

(De la obra “Accesible e inaccesible“)

Muchas son las interpretaciones de la física cuántica. Últimamente, la versión del multiverso parece haber atraído a un número mayor de científicos. Como se ha observado, este autor se ha decantado claramente por la clásica interpretación de Bohr o de Copenhague, y tengo mis razones.

Saliendo del terreno estrictamente científico, llamo la atención sobre un aspecto clave, como es la necesaria conexión, solapamiento o transición, como queramos denominarlo, entre dos mundos (aparte de la tesis difundida en esta obra, de lo accesible y lo inaccesible), que en contra de la opinión de ciertos escépticos, por un lado, o de algunos demasiado idealistas, por otro, tienen una existencia clara, no sólo teórica, sino experimental y hasta precientífica, cuales son el mundo de lo material, y sin extenderme en más complejidades filosóficas, el de la conciencia/sensación.

Debe haber algún paradigma que una los dos mundos, cosa que hasta el advenimiento de la teoría cuántica, ni se sospechaba. La cuántica viene adornada de propiedades como la decoherencia, la no-linealidad o el entrelazamiento cuántico que están abriéndonos horizontes insospechados. Así que no es nada raro, que muchos estudiosos hayan visto en esas propiedades la vía de conexión entre aquellos mundos. Y lo cierto es que algunas de las interpretaciones de la cuántica, entre las que sobresale la defendida por Bohr o escuela de Copenhague, van en esa línea. Otras, como las de múltiples historias o caminos de Feynmann, o del multiverso de Everett, siguen un camino puramente “materialista”, es decir, extienden más allá el mundo de lo material, desconectándolo de aquel otro mundo, que podría conducirnos a la mente, el “yo”, o la consciencia. Opino, que si por fin la teoría cuántica estuviera más cerca de este último planteamiento, habría que buscar, que “diseñar” otra teoría física que fuese capaz de esclarecer o de explicar la relación entre aquellos dos mundos.

Mi inclinación hacia la interpretación de Copenhague, simplemente se deduce de la aplicación del principio llamado de la “navaja de Occam”, que nos dice, que ante varias explicaciones posibles, debe siempre acudirse prioritariamente a la más sencilla, en este caso la que mejor conocemos, que funciona matemáticamente muy bien y que tenemos al alcance de la mano.

Por otra parte, no sería nada extraño que la física cuántica (quizás, con pequeños retoques como sugiere el mismo Penrose), que ya está rindiendo espectacualres resultados en fotosíntesis, o en la magnetoorientación animal, pueda seguir cosechando éxitos en la dilucidación del misterio de la mente y la consciencia.

(Copyright 2010)

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