LA LIBERTAD DEL SER VIVO

                                                

 

 “Hemos visto a lo largo del Capítulo 3, cómo hormonas, neurotransmisores, etc. influyen en nuestras emociones, podríamos decir mejor que “representan” nuestras emociones. Tal hecho que en un principio, sin un análisis más profundo, podría justificar, o dar la razón a los materialistas más “recalcitrantes”, en mi opinión, no es más que una excelente oportunidad para deshacernos de interpretaciones un tanto “apañadas”, cuando no “descafeinadas”, sobre lo que en el fondo significa; es, como digo, una excelente oportunidad de, por fin, ¡levantar anclas!  proclamando algo harto elocuente: ¡la libertad del ser vivo!

¿Qué estoy diciendo?… ¡No vemos que lo que la neurociencia nos está diciendo es que el cuerpo, la comunidad de células que lo componen, no depende de ningún “homúnculo” ni externo, ni interno, sino sólo de su propia composición material, en otras palabras, de sí mismo, de la propia comunidad!… Ese ser comunitario, pues, es totalmente libre… De esta aparente materialidad “mecánica” pasamos a una materialidad ¡con libertad!: ¡se ha abierto la posibilidad de esa libertad!

El sentimiento de placer proporcionado por la dopamina, u otras hormonas, precisamente existe como método para que la totalidad del sistema de células que componen el cuerpo ejerza su papel, comunitariamente, y así, cada una de estas células asuma la función que le corresponde en el conjunto, en bien, fundamentalmente, de la conservación de ese cuerpo en el presente, y en el futuro, e indirectamente, de la reproducción. Es, pues, la emoción, el propio lenguaje del cuerpo, quien dirige la “comunidad” de células en uno u otro sentido.

Podríamos decir, entonces, que la vida es un “proceso” con vistas a la acción de una comunidad de células.

REFLEXIÓN:

Del razonamiento anterior, se deduce que si no se necesitase la acción (por ejemplo, en una hipotética situación “fuera del universo”), no sería “necesaria” la vida (muerte). Así que, si llamamos X a la posible “emergencia” de un ser después de la muerte, por lo anterior, no necesita actuar, no poseería vida en este universo, y tampoco precisaría de ninguna comunidad de células. ¿Qué significado tendría esa X?… ¿Estaría dotada de sensación o sentimiento de autoposesión?… Me pregunto: ¿El infinito se ha “desprendido” de lo finito?

La vida se vislumbra como el “aglomerado” finito- infinito especulado tanto por Schelling como por Hegel.”

(De la obra del autor “Accesible e inaccesible”. Copyright 2010. Ver al margen “Obras del autor”)

3 comentarios

  1. También he leido tu opinión, Miquel, y estoy bastante de acuerdo con ella. La cuestión está en: Homúnculo o no, es indiferente, puesto que la”emergencia” de propiedades en la materia es algo suficientemente confuso para poder imaginar que ahí esta el quid de la solución. Es indudable que no hay dualismo si, como sabemos, las decisiones voluntarias o no son patrimonio de la composición material o del conjunto de células que forman el organismo: es ,por tanto, el cuerpo en sí “libre”, pues toma sus decisiones sin imposición externa -aunque sí influenciado por el ambiente-. Y esa propiedad emergente de la materialidad del cuerpo, ¿cómo quieres que la llamemos?… Materia con voluntad, u homúnculo que toma decisiones. Entonces, para mí este es el significado del materialismo (al que como ves podría llamarse”espiritualidad material”) al que, por ello, en otros apartados de mi obra he llamado “materialismo cierto”. Paradójicamente los recientes desarrollos en neurociencia, en mi opinión, sólo significan el descubrimiento de la emergencia de una propiedad intrínseca en la materia (el cuerpo) que la Física, hoy por hoy, no puede comprender. Saludos:
    Alejandro Álvarez

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  2. Estimados amigos/as:
    Tema apasionante este..quizás sirva como apunte las propiedades autopoyeticas (varela/maturana) de una comunidad de celulas – en el sentido de capacidad de autocreación y auto-organización – y los principios de “propiedades emergentes” y su cualidad “disipativa”. Debo recomendar enormemente en relación a las emociones y su profunda relacion con un modo de sentir y percibir el mundo, la genial hipotesis que se maneja en la obra ANATOMIA EMOCIONAL, de Stanley Keleman, en la que se explica con gran maestria como la motilidad, es el origen de un modo de percibir, sentir y ocupar el espacio, en grados anatomicos inclusive, de como la morfologia y el proceso anatomico del individuo guarda una profunda relación con el modo en que su motilidad es vivenciada, interpretada y sentida por el ser viviente.Y esto en una escala gradual incluye desde la celula hasta el universo en su VOLUNTAD autoconsciente de CONOCER.

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