El libro de la vida.

(Del capítulo “Lo Accesible” de la obra del autor \”ACCESIBLE E INACCESIBLE\”)

“Para Denis Noble el genoma no vendría a ser una suerte de “plano” o “libro de la vida” sino, en sus palabras, “el libro de la vida es la propia vida”.

Si permitiésemos que en cada función biológica el número de genes implicados fuese el resultado de cualquier combinación posible de interacciones genéticas, el número que obtendríamos sería de más de 10 elevado a 72000, una cifra astronómica, así que no existiría materia suficiente en el universo para que la naturaleza hubiera podido ensayar todas las posibles interacciones, ni siquiera en todo el tiempo geológico de miles de millones de años.

Y para reconstruir de forma exhaustiva en términos moleculares la actividad de una única célula habría que simular las interacciones que tienen lugar entre más de 10 elevado a 12 moléculas, así que habrá que acudir claramente a alguna causa profunda.

Las estructuras y los procesos característicos de los niveles superiores no se ven a nivel molecular. Los genes y proteínas que integran el organismo son incapaces de “poner de manifiesto” su función en relación con los niveles superiores de este.

La estrategia “del medio hacia afuera” (ver la obra de Noble \”La música de la vida\”) refleja de forma bastante fideligna la manera en que se van construyendo los organismos a lo largo de su desarrollo. Cada una de las partes de los mismos desempeña la función para la que está diseñado, sin que el conjunto del sistema tenga consciencia de ello.

El cuerpo humano está compuesto por alrededor de doscientos tipos de células claramente diferenciadas.

El “yo” es el resultado de uno de los procesos integrativos que tienen lugar en el interior del organismo (el “yo” es un proceso). A la vez, el “yo” es una “metáfora” muy útil, aunque lo que podemos decir es que “las cosas suceden como si” existiera un yo que, en tanto que objeto virtual, estuviera haciendo todo lo que “yo hago”.

Para Noble, “en relación con el yo, lo realmente relevante es la coherencia y la racionalidad, y no tanto la posibilidad de que exista un grupo de neuronas con las cuales pueda identificarse. La causa por la que nos resulta tan natural concebir el yo como un objeto es simplemente que desde siempre se ha asociado con una determinada parte del cuerpo”.

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