ÉTICA Y REGENERACIÓN.

El arco iris de la esperanza(El “maestro” AVLIS en “El antiguo discurso” de la obra del autor \”Melodía en las estrellas\”)

“Nuestra labor de creación tiene una incidencia fundamental en la Naturaleza, una naturaleza muy cambiada respecto a la que se nos dejó años atrás. Por supuesto, podríamos extendernos acerca del terrible estado en que se encontraba el medio ambiente al advenimiento de la nueva mentalidad social.

La historia del siglo XX y primeros años del Siglo XXI, es una historia de fracasos al respecto, tanto que no se veía el fin. Todos los intentos que se sucedían para acabar con aquel orden de cosas se estrellaban ante el pétreo orden económico que dominaba en todo el planeta, impulsado precisamente por los llamados países desarrollados, aquellos que paradójicamente eran más conscientes del peligro y que, de igual forma, serían los más beneficiados ante un posible cambio. Se decía que el dinero (el Capital) siempre había sido muy conservador, y quizás no se engañaban los que achacaban a este hecho la gran inercia existente ante cualquier cambio.

La verdad es que para la “observadora” ciencia hacía tiempo que era evidente el deterioro ecológico que se iba produciendo de forma acelerada en todo el planeta, por ejemplo, todos los factores del clima se vieron afectados: nivel de ozono, cambio de temperaturas globales, etc. Las sucesivas “calamidades” o catástrofes fueron haciéndose más y más frecuentes, pero los gobiernos enmascaraban estos síntomas ante su “carrera de crecimiento económico”, colocada en lugar prioritario entre los objetivos a conseguir.”

LOS SISTEMAS POLÍTICOS

“Algunos achacaron aquellos defectos a los sistemas políticos que llamaban democráticos, y que se “coronaban” con los votos de las gentes que sólo eran coincidentes para la “bonanza económica” o la comodidad.

El sistema continuaba como caballo desbocado, en la ilusión del aumento de países que entraran en el “círculo de la prosperidad”. Pero aquello se comportaba como un gran engaño, pues los datos objetivos compulsados por organismos independientes (la llamada ONU, etc.) señalaban claramente que aquel círculo de prosperidad iba teniendo cada vez menor tamaño, que la acumulación de bienes y la diferencia entre unas y otras sociedades se hacían más y más grandes.

Parecía que aquellos sistemas democráticos, por sí solos y por su idiosincrasia, serían capaces de proporcionar un enorme cambio, precisamente cuando fuera percibida por la generalidad la realidad del fracaso a nivel mundial de aquel injusto sistema capitalista ( a veces llamado liberal).

Pero como pasa tantas veces, el vaivén que subyace en todo tipo de “mecanismo”, no produjo el equilibrio deseado, sino que se sobrepasó. El resultado: un cataclismo económico con repercusión social inmediata sumergió el planeta en un oscuro período de inestabilidad. Ni los países más poderosos se vieron al margen, incapaces de sostener aquel equilibrio irreal, producto más de sus deseos y necesidades, que de la verdadera situación.”

LA SUPERPOBLACIÓN

“La urbanización global de zonas no adecuadas para ello, era uno de los factores principales en el aumento de la contaminación y en la destrucción de la biodiversidad. Se tuvieron que estudiar sistemas para controlar que en cualquier punto del territorio, el aumento de la presión humana no alcanzara “proporciones de predación”. Eso significaba que la presión demográfica aunque fuera accidental, es decir, no constante, no podía superar los niveles que estudios científicos habían demostrado ser perjudiciales para el medio ambiente. Las “caravanas” que se producían por la acumulación de medios de transporte en los accesos de las grandes y medianas ciudades (que eran muchas), requerían una regulación férrea para que las zonas suburbanas y todo el contorno general de las mismas no se viesen gravemente afectados. Aquello no era más (aparte de otros factores) que la consecuencia de la superpoblación de una especie única, la nuestra. Aunque, para algunos, los adelantos técnicos podrían ser capaces de suplir los problemas materiales y de otra índole que aquel hecho suponía, la realidad de aquellos tiempos era el aumento de los niveles de pobreza y la falta de acceso a la salud, la higiene y la confortabilidad, incompatibles con la época en que se vivía.

Cuantos métodos se intentaron para hacer descender los índices de natalidad fracasaron, y tanto más cuanto mayor era el nivel coercitivo adoptado en su implantación.

Y nuevamente, lo más inesperado fue lo más eficaz en la dirección de la solución del problema. La misma sociedad fue (hecho anteriormente observado en los grupos más progresistas) la que empezó a reducir aquel índice de natalidad en las zonas donde aumentaba el nivel de desarrollo. No obstante, fueron muchos los obstáculos a superar, puesto que el factor “envejecimiento de la población” se oponía a aquella reducción, así que se llegó a un tamaño de la población mundial crítico.

Tantos y tantos factores, que habían llegado a tomar un carácter dramático, hicieron percibir claramente la gravedad de la situación, lo que coadyuvó a la aparición espontánea de aquel “cambio de actitud”, para nosotros el “Año cero” de nuestra nueva Creación.”

LA “NUEVA” CREACIÓN

“Mas, no tan solo la pura “materialidad” había sido la engendradora de problemas. Las tradiciones, la idiosincrasia de cada cultura, y el nivel de enfrentamiento en que se habían creado y desarrollado aquellas, eran las causas sustanciales de los conflictos que salpicaron de siempre el orbe. No olvidemos, por ejemplo, la ola de fundamentalismo que inundó los principios del siglo XXI. El mundo occidental era visto en los ámbitos proclives a aquel como el verdadero “diablo”, la criatura del mal, primer enemigo para aquellas sociedades. Tras muchos altibajos y crisis, que incluían guerras sangrientas durante años, salpicadas de “terrorismo”, se fue disipando la virulencia de tal plaga. La razón básica de ello, fue que la misma Superencia (paradigma de los tiempos de AVLIS), en su “afianzamiento”, fue “convenciendo” a aquellos enemigos del desarrollo, llamado por estos últimos “globalización”, de que no había “armas específicas” gravitando sobre ningún tipo de cultura, raza o grupo, ni por supuesto, la suya en particular.

Una de las condiciones del “espíritu” de la Superencia es la visión global, la superación de cualquier tipo de diferenciación como evolución de la misma, superación que, sorprendentemente, conduce en todos los casos al mismo horizonte, un horizonte universal y común que, además, se caracteriza por potenciar las propias características, en el proceso de acercamiento hacia la unidad: ¡La multidiversidad unificada!… Y es que nuestra época es la de la armonía, el Amor universal dirigido hacia el interior de los corazones, donde todo se sublima.

¿Cómo, pues, puede resultar extraño “la unificación de lo diverso”, sin pérdida de identidad?… La conservación de las identidades, de los “yos”, de la naturaleza de los seres, era la condición básica para la aceptación unánime por todos… Por eso no hubo conflicto, tampoco con respecto a la “aparición” de nuevas vidas en el universo, y la conciencia de tal hecho en los distintos confines conocidos… Cuando se alcanza el nivel de desarrollo adecuado (inteligencia y sentimiento) se llega irremisiblemente a la superación de las discrepancias, a la armonía que salpica todos los ámbitos, al alumbramiento del reinado del espíritu, aquí y ahora, preparando el glorioso edén terrenal tras la superación del “polvo de la materialidad”.

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