MENTE Y CEREBRO HUMANO.

Nos hacemos eco de la amena y estupenda obra del psicobiólogo Manuel Martín-Loeches \”La mente del \”Homo sapiens\”, de la que extraemos los siguientes planteamientos.

Un cerebro más grande es un cerebro más inteligente, entre otras cosas, porque tiene más neuronas, y por consiguiente, un cerebro que permite mayor capacidad de memoria operativa.

Respecto al problema de la consciencia, empieza desde el mismo inicio, al no haber un consenso científico acerca de lo que realmente significa. Ahora bien, desde el punto de vista de la neurofisiología, hay dos grandes frentes abiertos: el que considera la consciencia como puramente perceptiva y el que se refiere al “control voluntario”.

El gran desarrollo de esa parte descriptiva de la consciencia respecto al otro frente, parece suponer que la mayor parte de la comunidad científica se inclina por considerar esta como la verdadera conciencia. Así, autores como Bernard Baars y sus colaboradores proponen que las activaciones fronto-parietales son las responsables de la sensación de que exista un “yo”, por encima de todo, percibiendo, a la vez que dirigiendo dicha percepción y actuando. O sea, surge el “yo” gracias a mecanismos generales que, también, sirven para otros propósitos.

Como los experimentos sobre la consciencia perceptiva han sido realizados en gran número sobre animales no humanos como chimpancés o macacos, la ciencia asume que estos seres tienen consciencia. No obstante, para algunos autores, nuestra especie es la única que tiene “metaconsciencia”, o lo que es lo mismo, es consciente de que se es consciente.

Hace años, físicos de la Universidad de California trabajando en modelos matemáticos que pudieran describir los patrones de conexión neuronal dentro de las columnas de la corteza cerebral, referidas a las frecuencias con las que se activan las neuronas al comunicarse entre sí mismas y la forma en que estas frecuencias cambian con el tiempo, al darles “voz” a estas frecuencias para ver como “sonaban”, descubrieron sorprendentemente que aparecían melodías que se parecían mucho a… ¡la música de Mozart!

Y es que, “el cerebro, como el arte, estaría implicado en la búsqueda de constancias, de aquello que es invariable y constante de una situación a otra en un mundo cambiante”. El arte sería un producto natural de nuestro propio cerebro, que precisamente existe porque nuestro cerebro es como es.

Existen estados alterados de consciencia que pueden ser conseguidos de formas muy distintas (ingestión de determinadas sustancias, ritos diversos como cánticos o danzas, etc.). Tales estados alterados de consciencia pasan por tres fases: fenómenos entópticos (se ven figuras geométricas tales como líneas en zigzag, círculos, etc.), interpretación de las figuras geométricas anteriores añadiéndoles otros elementos (animales y otros elementos producto de la alucinación) y sensación de haber pasado el vórtice mágico (puerta que le acerca al mundo de los espíritus o del más allá). Las huellas de manos humanas, tanto en negativo como en positivo, de alguna cuevas con arte paleolítico serían un reflejo de esto último, también, no las tres fases se dan en todos los estados alterados de consciencia.

Martín-Loeches nos dice que “gracias a que hemos llegado a ser muy reflexivos, nos hicimos (hiper) reflexivos sobre nuestras propias creencias, gracias a lo cual surgió el fenómeno de creer en creencias”.

Señala el autor que  el hemisferio derecho del cerebro sería “uno de los lugares más relevantes para las extrañas experiencias ocurridas durante los estados alterados de la mente”. Asimismo, el hipocampo y la amígdala podrían participar significativamente en los estados alterados de conciencia.

En su opinión, lenguaje, pensamiento y emociones serían los ingredientes básicos para manifestaciones tan específicamente humanas como el arte y la religión.

Cree Martín-Loeches que los genes reguladores (genes que expresan proteínas reguladoras) son una de las grandes diferencias entre chimpancé y humano actual.

Aunque no existen neuronas únicas en el ser humano, si existen unas, las neuronas en huso, que casi cumplen tal condición. Tales neuronas sólo aparecen en humanos, chimpancés, gorilas , orangutanes y parece que en algunas clases de ballenas. Estas neuronas en huso son una forma derivada de las células piramidales de la capa V de la corteza cerebral, y se encuentran concretamente en el cíngulo anterior (área 24 del mapa de Brodmann), la parte del sistema límbico que sirve de nexo entre nuestros sentimientos y nuestros pensamientos.

También ocupan un lugar relevante las llamadas neuronas espejo, descubiertas por el grupo de Giacomo Rizzolati, de la Universidad de Parma. Tales neuronas son neuronas piramidales de la parte inferior del lóbulo temporal, así como de la parte inferior del lóbulo parietal, que se disparan tanto cuando los demás efectúan un determinado tipo de acción (tienen preferencia por movimientos que se puedan categorizar) como cuando es uno mismo el que la realiza.

Finaliza Martín-Loeches con la sugerencia de que “los principales aspectos del lenguaje, el semántico y el sintáctico, pueden no ser más que un derivado de nuestro sistema de conocimiento del mundo, de nuestro sistema para entender y manipular la realidad”. Y es que “el arte y la religión, como la ciencia, son productos naturales de nuestro pensamiento y nuestro lenguaje, que a su vez son productos naturales de nuestro gran cerebro, que a su vez es un producto natural de las mutaciones sufridas por nuestro genoma, mutaciones que no son más que un producto de la selección natural”.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s