NEUROCIENCIA COGNITIVA: zanjando una polémica.

 En 2003, la publicación de \”Philosophical Foundations of Neuroscience\” de Max Bennett y Peter Hacker llamó la atención de inmediato, al representar la primera evaluación sistémica de las bases conceptuales de la neurociencia. La obra de la editorial Paidós “La naturaleza de la conciencia” se hace eco de esta obra, más las críticas sobre la misma vertidas por los filósofos Daniel Dennett y John Searle y las réplicas de los primeros. (Recordar que Hacker es uno de los principales expertos en el pensamiento de Ludwig Ludwig Wittgenstein -un importante trabajo sobre el “Tractatus Logicus Philosophicus” de Wittgenstein puede leerse aquí).

En la obra se preguntan Bennett y Hacker si el cerebro realiza actividades humanas como hacer una pregunta o responderla, etc., o si este tipo de cuestiones se trata de una innovación lingüística introducida por neurocientíficos, psicólogos y científicos cognitivos, al extender el “uso corriente” de estas expresiones psicológicas,… o, por el contrario, si se trata de una confusión conceptual. Pero, ¿por qué tantos relevantes científicos pensaron que ese tipo de frases, así usadas, sí tiene sentido?

Creen los autores de “Philosophical Foundations of Neuroscience” que tales científicos y filósofos cometen un error al que llaman “falacia mereológica” que consiste en atribuir a las partes constituyentes de un animal atributos lógicamente aplicables sólo al animal como un todo. (La mereología es la lógica de las relaciones entre la parte y el todo).

El profesor Dennett caracteriza como “actitud intencional” todo ello, como “metodología de investigación que supuestamente ayuda a los neurocientíficos a explicar los fundamentos neuronales de las capacidades hunanas”.

Otra cuestión observada por Bennett y Hacker es la influencia,  sobre todo en científicos de Estados Unidos, de la filosofía de la lógica y el lenguaje de Quine, según la cual no hay diferencia “significativa” entre verdades empíricas y conceptuales. Sin embargo, una proposición conceptual atribuye propiedades o relaciones internas, mientras que una proposición empírica attribuye propiedades o relaciones externas.

En opinión de Bennett y Hacker, las figuras más importantes de las dos primeras generaciones de neurocientíficos del siglo XX, por ejemplo, Sherrington, Eccles y Penfiel, eran dualistas cartesianos. La tercera generación, aún conservando la estructura cartesiana básica (mente y cuerpo), la transforma en el dualismo cuerpo-cerebro (dualismo estructural). Para ambos autores “el tema central de nuestro libro era demostrar la incoherencia del dualismo cerebro/cuerpo y revelar su erróneo carácter criptocartesiano”. También creen que un primer paso hacia la claridad en el “entendimiento” de la conciencia es la distinción entre conciencia transitiva (ser consciente de “una u otra cosa”), e intransitiva, la cual “no tiene objeto” (capacidad de estar consciente o despierto frente a estar inconsciente o dormido). Pero afirman que existe mucha confusión en la literatura neurocientífica respecto a la conciencia transitiva (perceptiva, somática, cinética, afectiva, de las propias motivaciones, reflexiva, de las propias acciones, autoconciencia, etc.).

Para Daniel Robinson, el pensamiento como “proceso” sería un “proceso cerebral”, por supuesto, pero si la palabra “pensamiento” se aplica a una cantidad enorme de ocurrencias, expectativas, creencias, juicios, etc., “comprimidas en un implacable minuto de conciencia” , el peso de la prueba debe recaer en los que defienden que cualquiera de tales “cosas” es un “proceso” (más aún, que tienen lugar en el cerebro).

Remata diciéndonos que “resulta sin embargo provechoso reconocer que nuestra ciencia más desarrollada (la propia Física) está mucho menos comprometida con la idea de que los efectos reales requieren lugares, masas y “procesos” observables”.

Pero, ¿cuál es mi visión personal sobre la cuestión? La clave nos la da la pregunta que se hacen Bennett y Hacker al principio de su obra “La naturaleza de la conciencia”: “¿Pero qué sería observar si un cerebro ve algo, en oposición a observar el cerebro de una persona que ve algo? “

Y es que la referencia es el “observador” (el tan manido “observador” de la Física). El “observador” hace posible la particion del Universo en dos clases: lo observable o “accesible” y lo no observable o “inaccesible”.

La “situación” del observador es básica, pués no es lo mismo la acción propia del observador -insustituible e interna- que la de observar al observador-múltiple y externa-, que es lo que presupone la interrogación de Bennett y Hacker, y ahí reside muy principalmente la polémica, y discusiones acerca del uso de las conceptuaciones en neurociencia cognitiva.

El observador es el privilegiado sujeto insustituible de la visión de un Universo de los hechos o acontecimientos que dan una objetividad a todas la ciencias, incluídas la Física y la propia Neurociencia. Su visión es la más completamente abarcadora, pués detrás de ella tan solo se extiende el campo de “lo inaccesible” y sus profundos misterios (voluntad, unicidad, conciencia, etc.)

Respecto a una clarificación de estos conceptos (accesible e inaccesible), recomiendo leer al “Preámbulo” de mi “obra \ “Accesible e inaccesible» .

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