Mi visión del Tractatus de Wittgenstein (y IV).

Continuamos y finalizamos mi propia “visión del Tractatus de Wittgenstein”.

Esta parte final de la obra del filósofo, en conjunto da una visión global del mundo y de la vida misma, con lo que entra en campos puramente metafísicos. Al respecto, estoy bastante de acuerdo con la interpretación que hace Jorge Ruiz Abánades en su artículo \”La superación lógica y mística del límite entre yo y mundo: Nuevas lecturas del Tractatus de Wittgenstein\”.

6.343 La mecánica es un intento de construir según un plan único todas las proposiciones verdaderas que se necesitan para la descripción del mundo. (La verdad es que da una importancia extraordinaria a la mecánica de acuerdo con la visión mecanicista de su siglo).

6.3431 A través de su completo aparato lógico, las leyes físicas hablan aún de los objetos del mundo.

6.3611 No se puede comparar un proceso con el “transcurso del tiempo” -tal cosa no existe-, sino sólo con otro proceso (tal que la marcha del cronómetro).

Por tanto, la descripción del proceso temporal sólo es posible en cuanto lo refiramos a otro proceso.

Esto es exactamente análogo para el espacio.

6.362 Lo que se puede describir también puede ocurrir, y lo que está excluido por la ley de la causalidad no puede describirse. (Sigue siendo una visión un tanto restrictiva).

6.363 El proceso de inducción consiste en admitir la ley más simple que pueda armonizarse con nuestra experiencia.

6.3631 Este proceso, pues, no tiene fundamentación lógica, sino sólo psicológica.

Es claro que no hay ningún fundamento para creer que realmente acontezca el acontecimiento simple. (Es cierto, pero por algo hay que empezar, mas esta ley no lo agota todo).

6.37 No existe la necesidad de que una cosa deba acontecer porque otra haya acontecido; hay sólo una necesidad lógica.

6.371 A la base de toda la moderna concepción del mundo está la ilusión de que las llamadas leyes naturales sean la explicación de los fenómenos naturales.

6.372 Así, los modernos confían en las leyes naturales como en algo inviolable, lo mismo que los antiguos en Dios y en el destino.

Y ambos tienen razón y no la tienen; pero los antiguos eran aún más claros, en cuanto reconocían un límite preciso, mientras que el sistema moderno quiere aparentar que todo está explicado. (Tiene razón en estas críticas: la Ciencia peca de cierta soberbia).

6.373 El mundo es independiente de mi voluntad. (Si y no, sólo es preciso referirse al tema del observador en mecánica cuántica).

6.374 Aunque todo lo que deseáramos ocurriese, esto sería solamente, por así decirlo, una merced de la suerte, pues no hay conexión lógica entre voluntad y mundo que pueda garantizar tal cosa, ni nosotros podríamos a su vez querer esta supuesta conexión física.

6.4 Todas las proposiciones tienen igual valor.

6.41 El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo. En el mundo todo es como es y sucede como sucede: en él no hay ningún valor, y aunque lo hubiese no tendría ningún valor.

Si hay un valor que tenga valor, debe quedar fuera de todo lo que ocurre y de todo ser-así. Pues todo lo que ocurre y todo ser-así son casuales.

Lo que lo hace no casual no puede quedar en el mundo, pues de otro modo sería a su vez casual.

Debe quedar fuera del mundo. (Esta visión la suscribo casi totalmente – Véase mi obra “Accesible e inaccesible”).

6.42 Por lo tanto, puede haber proposiciones de ética.

Las proposiciones no pueden espresar nada más alto.

6.421 Es claro que la ética no se puede expresar.

La ética es trascendental. (Ética y estética son lo mismo).

(Yo diriá que esta temática, como otras, entrarían dentro del campo de “lo inaccesible”)

6.43 Si la voluntad, buena o mala, cambia el mundo, sólo puede cambiar los límites del mundo, no los hechos. No aquello que puede expresarse con el lenguaje.

En resumen, de este modo el mundo se convierte, completamente, en otro. Debe, por así decirlo, crecer o decrecer como un todo. (Esta tesis podría avalarla con matices).

El mundo de los felices es distinto del mundo de los infelices. (¿)

6.431 Así, pues, en la muerte el mundo no cambia, sino cesa.

6.4311 La muerte no es ningún acontecimiento de la vida.

La muerte no se vive.

Si por eternidad se entiende no una duración temporal infinita, sino la intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente. Nuestra vida es tan infinita como ilimitado nuestro campo visual.

(Aquí podríamos decir que es imposible vivir en el presente, al menos para el ser humano, puesto que cada presente encierra ya en sí tanto el pasado como el futuro. El presente es una línea difusa entre ambos).

6.4312 […] La solución del enigma de la vida en el espacio y en el tiempo está fuera del espacio y del tiempo. (Una visión “mística” de la vida, que comparto).

6.44 No es lo místico como sea el mundo, sino que sea el mundo. (Totalmente de acuerdo).

6.45 La visión del mundo sub specie aeterni es su contemplación como un todo -limitado-.

Sentir el mundo como un todo limitado es lo místico.

6.5 Para una respuesta que no se puede expresar, la pregunta tampoco puede expresarse.

No hay enigma.

Si se puede plantear una cuestión, también se puede responder.

6.51 El escepticismo no es irrefutable, sino claramente sin sentido si pretende dudar allí en donde no se puede plantear una pregunta. (De acuerdo).

Pues la duda sólo puede existir cuando hay una pregunta; una pregunta, sólo cuando hay una respuesta, y ésta únicamente cuando se puede decir algo.

6.521 La solución del problema de la vida está en la desaparición de este problema. (Recuerda la filosofía oriental).

6.522 Hay, ciertamente, lo inexpresable, lo que se muestra a sí mismo; esto es lo místico. (Yo lo califico mejor como “lo inaccesible” -a un observador físico).

6.54 Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo; que quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas fuera de ellas. (Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido).

Debe superar estas proposiciones; entonces tiene la justa visión del mundo.

(Este apartado es el más críptico de la obra y en el que se basan los que dan una visión claramente mística de la misma).

7. De lo que no se puede hablar, mejor es callarse. (Un remate conciso, solemne -lugar común- de la obra).

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