Introspección y “extrospección” (I).

Podemos decir que ambos términos estarían muy relacionados con subjetivo y objetivo, respectivamente. (El segundo indicaría la propia “acción de extraversión”). Pero el mismo origen no significa la identificación de orden práctico que se realiza con harta frecuencia, y que es causa de una serie de errores que nos interesa subrayar.

Kant utiliza la palabra “objetivo” para señalar que el conocimiento científico ha de ser justificable, independientemente de los caprichos de nadie, es decir, pueda ser contrastado y comprendido por cualquier persona. Según Popper, la objetividad de los enunciados científicos descansa en el hecho de que puedan contrastarse intersubjetivamente (aspecto muy importante de la idea de regulación racional mutua por medio del debate crítico).

Por el contrario, Kant aplica la palabra “subjetivo” a nuestros sentimientos de convicción. Y el cómo aparecen estos sentimientos es asunto de la psicología: pueden surgir, por ejemplo, debido a leyes de asociación, o el convencimiento simplemente de la congruencia de algunas razones objetivas que acaban por transformarse en “causas subjetivas del juzgar”.

Como apunta Popper, quizás fue Kant el primero en darse cuenta que la objetividad de los enunciados se encuentra en estrecha conexión con la construcción de teorías -es decir, con el uso de hipótesis y de enunciados universales. Sólo la recurrencia de ciertos acontecimientos de acuerdo con reglas o con ciertas regularidades puede hacer que nuestras observaciones puedan ser contrastadas por cualquiera. Esta repetición es la que nos hace llegar al convencimiento de que no nos encontramos con una nueva coincidencia aislada, sino ante un acontecimiento contrastable intersubjetivamente.

En realidad, según Popper, puede definirse el efecto físico científicamente significativo como aquel que cualquiera puede reproducir con regularidad sin más que llevar a cabo el experimento apropiado del modo preciso. Popper considera que cualquier controversia sobre la cuestión de si ocurren acontecimientos que en principio sean irrepetibles y únicos no puede decidirse por la ciencia, pues se trataría de una controversia metafísica.

Para Popper, una experiencia subjetiva, o un sentimiento de convicción, nunca pueden justificar un enunciado científico, pues sólo pueden desempeñar en la ciencia el papel de objeto de una indagación empírica, al ser incompatibles con la idea de la objetividad científica.

No obstante, para Popper, la base empírica de la ciencia objetiva no tiene nada de absoluta. Siguiendo sus palabras: “la ciencia no está cimentada sobre roca: por el contrario, podríamos decir que la atrevida estructura de sus teorías se eleva sobre un terreno pantanoso, es como un edificio levantado sobre pilotes. Éstos se introducen desde arriba en la ciénaga, pero en modo alguno hasta alcanzar ningún basamento natural o “dado”, cuando interrumpimos nuestros intentos de introducirlos hasta en un estrato más profundo, ello no se debe a que hayamos topado con terreno firme: paramos simplemente porque nos basta que tengan firmeza suficiente para soportar la estructura, al menos por el momento”.

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”. Copyright 1995)

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