El mito en la Historia (III).

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

El Magdaleniense es el período de los bisontes, del santuario de Tuc d´Andoubert, el chamán danzante de Trois Fréres, el trance chamánico y el sacrificio del bisonte de Lascaux, así como el sacrificio del oso de Montespan. La mitología de la Gran Caza está en su esplendor.

Pero los nuevos animales de un bosque intruso empiezan a aparecer (ciervo rojo, caballo del bosque, alce, corzo) y los grandes días de las llanuras van llegando a su fin. Los cazadores se están dirigiendo a ríos y mares (aparecen los arpones de hueso para la caza de la ballena y la foca). La estatura de los cazadores (del Cromagnon) disminuye y su capacidad craneana se reduce a la actual, 1500 centímetros cúbicos.

El oso y el león tienen su equivalencia en los ritos norteños del oso y en los africanos de leones-panteras, respectivamente, observándose una posible asociación entre ellos y el sol, el ojo solar, con el ojo que mata, el mal de ojo, así como con el animal maestro y el chamán. Y esta asociación, debe haber sido durante miles de años una de las ecuaciones mitológicas dominantes subyacentes a la magia de la caza durante todo el paleolítico.

Finalizando el paleolítico aparece el estilo capsiense-microlítico hasta aproximadamente los 10.000-40.000 a. C.

Se caracteriza por la aparición en escena de un tumulto de movimientos de pueblos , nuevas tecnologías, el perro de caza y vívidas formas de arte. Han aparecido el arco y la flecha, el perro de caza y vívidas formas de arte: arqueros cazando y luchando, bailarines, escenas de sacrificios, etc. Se aprecia unas atmósfera de la vida sobre la tierra, con los actos rituales de las distintas comunidades.

Las mujeres son importantes en las escenas, con amplias caderas y piernas muy bien plasmadas, con cuerpos esbeltos. Ya no es el chamán el vehículo del poder sagrado sino el propio grupo.

El corazón del nuevo estilo son las estepas de África del norte, que ahora es tan sólo un desierto, y la estación tipo es Capsa (Gafsa). en Túnez. Desde allí hay una difusión hacia el oeste y hacia el norte a través de España. (Los monumentos europeos del período se sitúan en el este de España).

El capsiense se extiende a través de todo el Africa del norte hasta el Nilo, el Jordán, Mesopotamia, India y Ceilán.

El artefacto característico del período es un pequeño pedernal geométrico, normalmente en formas trapezoides, romboides y triangulares, conocido como microlito. Éste se ha encontrado distribuido desde Marruecos, a las montañas de Vindhya, en la India, y desde Sudáfrica al norte de Europa. Sin embargo, con mucho, los más importantes yacimientos conocidos (además de los del Sureste de España) se encuentran en el Sahara, que desde la más remota antigüedad fue un gran parque y tierras de pastos con abundante caza. En los dibujos sobre las rocas se observan manadas de elefantes y jirafas, rinocerontes, avestruces, monos, etc., formas humanas gigantes con las cabezas de chacales o de burros, el león sobre una colina, tocados por el Sol, y después, hombres en posturas de adoración. con los brazos levantados, delante de enormes toros o ante un carnero con el signo del disco solar entre los cuernos.

Los natufienses de las cavernas del monte Carmelo (alrededor del 6.000 a. C.), eran gentes de este estilo capsiense.

La progresiva desecación del Sahara y la partida de allí de numerosa caza, durante el cuarto milenio a. C., hizo que los capsienses y su arte pictórico se trasladara hacia el sur, donde su influencia puede encontrarse en los diferentes estilos del sur de Rhodesia: escenas de caza de los bosquimanos de Basutolandia, la “Dama Blanca” de Damaraland (realmente, un rey-dios), y los curiosos murales de Rusafe, donde se celebra el regicidio sagrado, así como la resurrección del rey-luna.

De esta forma, entramos en el problema del sacrificio ritual, el amanecer del neolítico y los misterios del monstruo serpiente y la doncella.

En las regiones suaves de los trópicos dominadas por las plantas (no en las regiones de la Gran Caza), la parte femenina no estaba subordinada al hombre, sino que incluso podía establecer el modelo dominante de la cultura y mito. Esta es la fuerza que se presenta en el mito de la serpiente y la doncella, cuyos elementos básicos son: 1) la joven lista para el matrimonio (ninfa) asociada con los misterios del nacimiento y la menstruación, identificados con la fuerza lunar; 2) el semen masculino fructífero identificado con las aguas de la tierra y el cielo, e imaginado en la serpiente fálica parecida al agua, al relámpago, por la que la joven o doncella será transformada; 3) una experiencia de la vida como cambio, transformación, muerte y otro nacimiento.

La analogía de la muerte y resurrección con la disminución y el crecimiento de la luna, como el de las generaciones que pasan y surgen, así como ciertas experiencias de melancolía y éxtasis intrínsecas a la psique, han constituido como lo hacen hoy día, tanto una fuente de fascinación como de inspiración, para los miembros más clarividentes de la especie.

Este curiosos mito de la serpiente y la doncella es, casi con seguridad, el que produjo en la esfera mediterránea las leyendas de Perséfone y Eva.

Es extremadamente significativo que el Neolítico naciera casi exactamente en el punto donde se cruzaron el continuum cazador (desde la costa atlántica de África hasta las montañas de Persia) y el arco tropical de difusión primaria (desde Sudáfrica y África oriental, a través de Arabia, Palestina, Mesopotamia e Irán, hasta India y el Sureste asiático); a saber, el área llamada “El creciente Fértil”. Es muy posible que la idea de la domesticación pasara de una de las dos esferas a la otra, de los pastores a los plantadores, o al contrario; es decir, del encuentro de las artes semiprimitivas, protoneolíticas, del cultivo de plantas y el ganado.

El nacimiento de la civilización en el Oriente Próximo, coincidente con la aparición del Neolítico, tiene cuatro fases de desarrollo, que son las siguientes:

1. El Protoneolítico (7.500-5.500 a. c:) corresponde a la fase de los natufienses, que como hemos dicho es un avance del Capsiense. En la misma se produce la incorporación de la siega de cereales o hierbas a las provisiones de la caza. Si tanto animales o plantas estaban domesticados o no, el hecho es que ya se estaban matando cerdos, cabras u ovejas que después iban a constituir los animales básicos de corral de todas las culturas desarrolladas, y del mismo modo ya se estaba segando alguna variedad de cereal salvaje o primitivo.

Los primeros descubrimientos de sus restos aparecieron en las cavernas del monte Carmelo, en Palestina. Pero después han aparecido, también en Helwan (Egipto), Beirud y Yabrud, en las colinas kurdas del Irak.

2. El Neolítico Basal (5.500-4.500 a. C.). En el cual los cimientos de una economía de corral estaba bien establecida, y el nuevo estilo de aldea había empezado a extenderse desde la zona primaria. Los cereales principales eran el trigo y la cebada, y los animales domesticados el cerdo, la cabra, la oveja, el buey y el perro (ya presente en el Capsiense). También ya habían aparecido la cerámica como el tejido, así como las técnicas de carpintería y construcción de casas.

3. El Neolítico Superior (4.500-3.500 a.C.). Que ve a parecer los elegantes diseños geométricos de los estilos de cerámica Halaf, Samarra y Obeid.

En la cerámica de Halaf, de las montañas del Tauro (Toro) de Anatolia (Turquía) aparecen diferentes símbolos: la forma de una cabeza de toro asociada con estatuillas de la diosa y con figuras en barro de paloma, vaca, etc. La existencia de este tipo de estatuillas en el Auriñaciense, más al norte, en Ucrania, sugiere una conexión.

Sin embargo, los símbolos acentuados de la cerámica Samarra, con un área de localización al sur y este (Irán), al ser distintos, parece indicar que una serie de sistemas mitológicos habían sido atrapados en el vórtice de esta nueva zona mitogenética. La impresión es de una considerable mezcolanza de mitologías diferentes que estaban siendo sintetizadas y fusionadas por una nueva clase sacerdotal profesional. Pronto se unirían y fundirían, recompuestos en criaturas quiméricas como serpientes con cornamenta de toro, águilas con cabeza de león, etc., componentes de un nuevo mundo con mitos muy sofisticados.

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