El mito en la Historia (IV)

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

“4. Fase  de la ciudad estado hierática (3.500-2.500 a. C.). Que supone la aparición de las huellas culturales básicas de todas las civilizaciones desarrolladas que han florecido hasta hoy (escritura, rueda, calendario, matemáticas, etc.). Aquí termina la prehistoria y comienza la historia con la aparición de la escritura.

Toda la ciudad y no sólo el templo, se conciben como una imitación del orden cósmico sobre la Tierra. Una sociedad de especialistas altamente diferenciada, dotada de una gran organización, gobierna en todos los asuntos, según una concepción matemática inspirada en la Astronomía  basada en una especie de consonancia mágica que une en armonía el universo (macrocosmos), la sociedad (mesocosmos) y el individuo (microcosmos). El juego ya no es el de la danza del búfalo, sino el baile de las siete esferas, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, La Luna y el Sol, que son en sus matemáticas los mensajeros angélicos de las leyes del universo. Es decir, hay una ley, un rey, un estado, un universo. Más allá de las paredes de la pequeña ciudad estado estaba la oscuridad, pero dentro el orden deseado, el reflejo de algo proveniente del interior más profundo del hombre.

Además, en el simbolismo, también volvían a aparecer los primeros temas (el monstruo serpiente y el animal maestro) para producir un juego simbólico mucho más sofisticado, multidimensional, para ordenar las multifacéticas energías de la psique.

Hay pruebas claras de que el ritual llamado del “seguimiento a la muerte” (por ejemplo, de todos los miembros de la corte al morir el rey o la reina) era una práctica general social y religiosa, no sólo en las ciudades del Oriente Fértil, donde se produjo el paso trascendental del salvajismo a la civilización, sino también en cualquier parte donde fueron asentándose los primeros portadores de este nuevo “juego” del destino en su amplia y rápida conquista de nuevas tierras. Esta difusión de la influencia puede seguirse en las cuatro direcciones.

La difusión hacia el suroeste se dirigió al Sudán, y más al sur, en la zona de las ruinas del gran templo de piedra de Zimbabwe en Matabeland, el regicidio ritual se practicó hasta el año 1810. Los sacerdotes tras la consulta a las estrellas y al oráculo sagrado cada cuatro años, daban, regularmente, el veredicto de muerte para el rey. La primera esposa del rey debía estrangularle con un cordel hecho de tendón de pata de oro, en una noche de luna nueva. Aquella noche los sacerdotes llevaban el cadáver a una choza situada en la cumbre de una montaña, colocándolo sobre una plataforma bajo la que colgaba un gran saco de cuero. El primer día se extraían las entrañas del rey, arrojándolas al saco. En el segundo, el cuerpo se rellenaba con hierbas y hojas y se cosía. Al tercer día, se le abría el cráneo por la parte posterior, vaciándolo en el saco. Al cuarto día, se colocaba el cadáver en posición fetal, envolviéndosele en un paño de forma que sobresalieran el dedo pulgar y las puntas de las uñas. Más tarde se envolvía en la piel fresca de un toro negro con una marca blanca en la frente. Cada noche, a lo largo de todo un año, un sacerdote repetía el proceso de abrir la piel de toro y masajear la momia de forma que el líquido y los gusanos, así como los pulgares y las uñas de los dedos cayeran en el saco. Al año, otra vez en la luna nueva, la esposa favorita del rey (no la primera), era estrangulada desnuda y su cuerpo era llevado a una cueva sobre el lado oriental de la montaña, mientras el cuerpo del rey se llevaba al lado occidental. El rey y la reina (ya vestida) eran emparedados. Se sacrificaba a tres personas, se dejaba el saco allí y se sellaba la cueva, dejando una caña hueca que iba desde la cámara al mundo exterior. La caña se mantenía en observación por los sacerdotes hasta que un día el alma del rey salía por la misma en forma de gusano, abeja, lagarto, serpiente o algún pequeño dragón, tras lo cual se quitaba la caña, se sellaba el agujero y se hacían ofrendas con una periodicidad anual.

El área de la Gran Eritrea es la primera zona de difusión de la mitología del Creciente Fértil, porque un estrato cultural neolítico basal ha sido identificado con una antigüedad de 4.500 a. C. en el valle del Nilo, y en el Neolítico Superior, alrededor de 4.000 a. C., también el Neolítico había alcanzado Rhodesia del Norte, como revelan pruebas del carbono radiactivo. En Sudán (Napata) las edades del bronce y el hierro corresponden, respectivamente, al 750-744 y 397-362 a. C.

Los yacimientos egipcios más importantes fueron abandonados, pero en Tasa apareció una nueva raza con cultura del Neolítico Superior, los badarian. En la caza éstos usaban el boomerang, y sus huellas raciales sugieren la zona Gran Eritrea. Al ganado y a las ovejas, algunas veces se les daba enterramiento ceremonial, y los restos humanos miraban al oeste (puesta del sol) en vez de al este.

Los dientes de serpiente eran un fetiche para los merimde del Delta, mientras que para los badarian las bestias sagradas eran el toro y el carnero.

Sobre el badarian, aparece un segundo estrato, el amratiano, con cinco tipos de cerámica decorada con figuras y diseños geométricos que parecen proceder del Capsiense de África del norte y del este de España. Se observa un gran desarrollo del comercio.

A continuación aparece en el Delta la escritura jeroglífica, el calendario (en el 2.800 a. C.), la mitología del dios-sol Horus y el resucitado Osiris. Los barcos comerciales navegan a Creta, Siria y Palestina llevando las banderas arpón y pez.

La rueda apareció en Sumeria en el 3.200 a. C. y en Egipto 1.400 años después, porque el Nilo proporcionaba el mejor transporte posible.

El mito principal del Egipto dinástico era el de la muerte y resurrección de Osiris, el buen rey, hijo del dios-tierra Geb y la diosa-cielo Nut. Nació junto con su hermana-esposa, la diosa Isis. Ambos fueron los primeros en plantar trigo y cebada, recoger fruta de los árboles y cultivar vides, y anteriormente a ellos los hombres habían sido caníbales salvajes. pero el hermano de Osiris, Set, cuya hermana-esposa era la diosa Neftis, estaba celoso de su virtud y fama; construyó un bello sarcófago y por medio de engaños introdujo a su hermano Osiris en él y ayudado de setenta y dos conspiradores, clavaron el sarcófago, lo soldaron con plomo fundido, y lo arrojaron al Nilo, donde flotó hasta el mar.

Isis, buscó a su hermano en vano Nilo arriba y abajo, pero el féretro había sido arrastrado por la corriente hasta Biblos, en la costa fenicia. Inmediatamente creció un tamarisco a su alrededor, encerrando el precioso objeto en su tronco, y el aroma de este árbol era tan magnífico que hasta el rey y la reina, Melgart y Astarté -por supuesto, rey y reina divinos, realmente representantes locales de la mitología común de Damuzi e Inanna, Tammuz e Ishtar, Adonis y Afrodita, Osiris e Isis- descubrieron y admiraron su belleza hasta el punto de ordenar cortar el árbol y convertirlo en un pilar de su palacio.

Isis, como Deméter en busca de Perséfone, llegó a Biblos donde supo del maravilloso árbol. Esperó en un pozo la llegada de las doncellas de la reina, trenzó sus cabellos y derramó sobre ellos un magnífico perfume, que al olerlo Astarté, hizo llamar a Isis, tomándola a su servicio y haciéndola niñera de sus hijos. Isis reveló a Astarté su verdadera naturaleza, suplicándole le diera el pilar, y al retirar el sarcófago, cayó sobre él con un grito de dolor tan agudo que el hijo de Astarté murió en el acto. Las dos mujeres destrozadas colocaron el féretro de Osiris en un barco, abriéndolo Isis en el mar,

El barco llega al Delta del Nilo, lo descubre Set una noche de luna llena, en la que cazaba jabalíes, cortando el cuerpo en catorce trozos, que desperdigó, de forma que Isis nuevamente tuvo una ardua tarea de recuperarlo. Pero esta vez fue ayudada por su hijo pequeño Horus, que tenía la cabeza de un halcón, el hijo de su hermana Neftis, el pequeño Anubis, de cabeza de chacal, y la propia Neftis.

Anubis había sido concebido una noche muy oscura, cuando Osiris confundió a Neftis con Isis.

A las cuatro divinidades, las dos madres y sus dos hijos, se les unió una quinta, el dios-luna Thoth (con cabeza de Ibis, o como un babuino) y juntos encontraron a Osiris, excepto sus genitales, que se había tragado un pez. Envolvieron el cuerpo con apretados vendajes de lino y celebraron los ritos que más tarde se realizarían en Egipto en los enterramientos ceremoniales de los faraones. Cuenta el mito que ahora se sienta en la Sala de las Dos Verdades del mundo subterráneo, asistido por 42 ayudantes, uno de cada uno de los principales distritos de Egipto, juzgando a las almas de los muertos. Ellas confiesan ante él, pesándose sus corazones en una balanza que tiene una pluma en el otro platillo, recibiendo, según hayan sido sus vidas, el premio a la virtud o el castigo al pecado.

El mito es el mismo de la familia Damuzi-absu e Inanna (mesopotámico), pero aquí el animal simbólico no era el toro-luna, sino el cerdo, como en los rituales griegos de Perséfone y la melanesa Hainuwele. (Set descuartiza a Osiris en una noche que caza jabalíes).”

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