El mito en la Historia (V).

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

“La difusión hacia el noroeste nos lleva hacia la isla de Creta.

La tradición cretense atestigua un regicidio periódico, o modificado, aproximadamente cada ocho años. La leyenda ateniense de la victoria de Teseo sobre el Minotauro al principio de la época de la tradición occidental humanística es un prototipo de la victoria nubia de Far-li-mas y la princesa Salí sobre los sacerdotes que tenían como función la de obligar al hombre a observar la revelación de Dios. Se aprecia una difusión desde Siria a Creta de los motivos de la cerámica de Halaf del toro y la diosa desnuda, la cruz de malta, la doble hacha y la tumba colmena. Y desde Creta, hacia el oeste, a través de Gibraltar a Irlanda de los motivos cretenses del laberinto y los enterramientos megalíticos.

Un segundo camino de difusión va por tierra, por los valles del Danubio y el Dniester, el primero llega al corazón de Europa (Alemania, Suiza y Francia) y el último al Báltico. Ya en el cuarto milenio a. C. la influencia del Creciente Fértil está cruzando el Cáucaso hacia el norte del Mar Negro, y penetrando en los Balcanes desde el Egeo.

Desde este momento empieza a desarrollarse una zona mitogenética secundaria de mucha importancia en el futuro, al noroeste del Creciente Fértil. Una vigorosa población de cazadores mesolíticos estaba incorporando ideas y nuevas técnicas desde los grandes centros del sur. Su estilo era el pastoreo no sedentario, acentuando la crianza de ganado y no la agricultura. El arco encima del Mar Negro (Bulgaria, Rumanía y Ucrania), y las tierras del Bajo Danubio, Dniester, Dnieper y Don eran su matriz, pero su influencia se ha seguido desde el ártico a los trópicos, y desde Irlanda hasta China.

La fecha de la difusión, 2.500-1.550 a. C., es casi la misma que la de las rutas marítimas desde Creta hacia el oeste y las tumbas megalíticas gigantes de Francia, España, Portugal, Escandinavia, Alemania e Islas Británicas.

En el mar Egeo, fue el gran florecimiento de las civilizaciones se la edad de Bronce, con Troya (Hissarlick II) como uno de los principales centros de comercio, con las flotas de las Cíclades y Creta como transportistas dominadoras del mar. Las rutas comerciales iban en busca del estaño de Transilvania (Rumanía) y Cornwall (suroeste de Inglaterra), el oro de Irlanda y el ámbar del Báltico.

El túmulo irlandés de New Grange es un monumento típico del período y señal dela difusión hacia el noroeste. Esta tumba es la mayor de varias existentes en la zona del río Boyne, asociada tradicionalmente con un personaje llamado Oengus. Originalmente toda su superficie hemisférica estaba cubierta de trozos de cuarzo que al brillar el sol podía ser visto desde una distancia de varias millas. Al final de un pasadizo vasto y estrecho hay una cámara con forma de cruz donde eran colocados los restos de los reyes, seguramente en urnas.

Las reliquias se perdieron en el año 861 a. C. cuando la tumba fue saqueada por piratas escandinavos. Se da la particularidad de que a la salida del Sol, una vez cada ocho años (leyenda local), puede verse la salida de la estrella de la mañana, arrojando su luz precisamente en el lugar de una piedra significativa que posee dos cavidades gastadas. (¿Huellas de un hombre arrodillado?).

En Irlanda, los túmulos se asocian con los pueblos duende, los poderosos Tuatha De Danann (pueblo de la diosa Danu), derrotados en una gran batalla a manos de los milesios (antepasados legendarios de los irlandeses, que se supone llegaron de Oriente Próximo desde España 1.000 años a. C.). Los Tuatha de Danann se retiraron de la superficie de la tierra a los “sid”, colinas encantadas, donde moran hoy día (los famosos túmulos).

Danu, también es Anu, diosa de la plenitud, y Brigit, diosa del conocimiento, la poesía y las artes.

Su culto continúa en la devoción irlandesa a Santa Brígida, en cuya capilla de Kildare, diecinueve monjas mantenían por turno el fuego sagrado, hasta que el día veinte “lo hacía la misma Santa”.

Según MacCulloch este viejo culto de la diosa del fuego debe haberse originado en un período en el que los celtas adoraban más a las diosas que a los dioses, con un sacerdocio femenino de cuyo culto los hombres estaban excluidos.

Otras figuras famosas de la tradición fantástica de los Sid son Aine, reina de las hadas; Morrigan, Neman, Macha y Bab, diosa de la batalla; las brujas, las hadas, las lavanderas del vado, los espíritus (que gimen y sollozan alrededor de una casa donde se cierne la muerte); y la Mujer Blanca, que ayuda a hilar. Entre los celtas y los antiguos galos se ofrecía una fiesta y un sacrificio por cada animal que se capturaba en la caza a una diosa asimilada por los romanos a Diana, jefa del “ejército furioso”, que en el futuro, iría a transformarse en la figura principal de las fiestas de las brujas. Su símbolo era un jabalí gigante.

La difusión hacia el sureste tiene su meta en la India.

En los años veinte de este siglo se produjo el descubrimiento espectacular de las ciudades arcaicas del valle del Indo anteriores a la llegada de los arios vedas: Mohenjo-daro, Chanchu-daro y Harappa. Su antigüedad se remonta al 2.500-1200 a. C., pero los niveles anteriores descubiertos en la India sugieren una base neolítica que, quizás, pertenezca al cuarto milenio.

Se distinguen cuatro estadios en las series hindúes.

1. Las culturas de aldea pre-Harappa de alrededor del final del cuarto milenio a. C., derivadas, a través del Irán, de la zona mitogenética de Mesopotamia, con un nivel notablemente más bajo que el de las ciudades estado hieráticas de Mesopotamia. El metal es casi desconocido, la arquitectura poco desarrollada y las industrias son la cerámica, el sílice y la concha. Hay un serie de estatuillas femeninas muy toscas asociadas con figuras de toro y con indicios de sacrificios humanos.

2. El níquel de Harappa de las tres grandes ciudades relatadas, que aparece de pronto, sin preparación, con una evidente inspiración de centros anteriores desarrollados en Occidente, aunque con señales de una tradición nativa hindú.

El profesor W. Norman Brown ha sugerido la existencia de un centro nativo hindú, bien en el sur o en la zona del Ganges-Jumna, donde debieran formarse los rasgos típicamente hindúes, desconocidos en ese tiempo en el oeste (se han encontrado sellos del período con figuras sobre tronos en postura de yoga). La presencia de serpientes en actitud de adoradores o protectores indica que el motivo de la serpiente-demonio (naga) ya ha sido desarrollado, sin duda a partir del tema del monstruo-serpiente del abismo (metáfora del dios Vishnu reclinándose sobre la serpiente cósmica que a su vez flota sobre las Aguas Cósmicas). Y es que la energía, apoyo y sustancia del Universo, es imaginada en la India en la figura de la serpiente, y el yogui es el dueño de tal poder, tanto interiormente, como exteriormente en el mundo.

El yogui, que aparece en los sellos citados sentado entre las bestias, lleva sobre la cabeza un tocado con una gran corona y dos inmensos cuernos, que se parecen, sorprendentemente, al símbolo del arte budista llamado de las “Tres Joyas” (que simboliza Buda, la doctrina, y la orden de los seguidores de Buda), que tiene forma de tridente. Shiva también tiene un tridente, que como sabemos es un atributo de Poseidón (Neptuno), dios griego de las profundidades marinas.

Otra miniatura del período es un torso de piedra de un bailarín en una postura que sugiere la del dios futuro Shiva bailando. La figura es itifálica, lo que concuerda con el carácter de Shiva como dios fálico y meditativo. Como también aparece una bailarina, con un hermoso desnudo, en este segundo milenio a. C., la danza del templo, una de las principales artes litúrgicas recientes de la India, ya se había desarrollado.

Como Innana, la reina del cielo que abandonó el cielo, la tierra y descendió al mundo inferior, convirtiéndose en la bailarina esclava de los dioses, en los sellos de la cultura Harappa hay uno que muestra la aparición de una diosa con un tocado de tres cuernos, y ante ella un adorador, lo que demuestra, junto con otras estatuillas femeninas de cerámica descubiertas en yacimientos de vivienda, una extensión del culto de la diosa desde Oriente Próximo. Sin embargo, también se han encontrado además de dichas imágenes una serie de símbolos sexuales sencillos, lingam y yoni (piedras con forma de cono o fálicas y circulares con centro agujereado), que continúan siendo los objetos de culto más comunes en la India, sobrevivientes de la tradición del Neolítico, y que normalmente se encuentran asociados específicamente con Shiva y la diosa Devi.

Entre los elementos e ideas importadas estarían la agricultura, el arte del sello, la cerámica policromada, la rueda, la metalistería, la agricultura cerealista, la ganadería y la ciudad estado hierática, las posteriores ideas hindúes del deber (dharma) y la rueda del renacimiento (samsâra), la montaña cósmica coronada con la ciudad de los dioses, los mundos subterráneos del sufrimiento y los superiores de bienaventuranza, el regicidio sacro, el toro y la vaca sagrados.”

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