UNA FE PERSONAL.

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión Una visión armónica”. Copyright 1995)

Una vez realizado el somero repaso a las religiones más conocidas y características, así como a la visión más amplia del mito como raíz de ese sentimiento religioso, es hora de aplicar estas herramientas a nuestra visión armónica del fenómeno de la Religión.

La visión de Frederic Schiller, expuesta al principio del capítulo, sobre el concepto estético en el hombre nos da la clave del fenómeno religioso en relación al culto, como decíamos al hablar de los mitos. El aspecto dual del mito, al añadir al enfoque anterior el “cuarto fin” de la metamorfosis psicológica del chamán, de su espiritualidad profunda, junto con la otra clave existencialista de Jaspers, en sus cavilaciones profundas acerca del sujeto y el objeto, y su interpretación de la mística tan cercana al mundo oriental del hinduismo posterior, nos va esbozando el camino para intuir la religiosidad que acaecerá en el seno de la Humanidad en el próximo milenio.

Los aspectos del mito como contribución a los fines de Kâma, artha y dharma, actuando como aglutinador, como “religio” o fuerza “vinculatoria”, dejan de ser sustanciales en el futuro, sencillamente, no son precisos. El reino de la informática, la supercomunicación, la intercultura, no necesita ya de la potenciación de culturas de lo particular, sino que el rumbo es el contrario. La Técnica actual no necesita ya de estas vías (otra cosa es que los diversos poderes intenten, aún, asirse a la efectividad de lo ya conocido y experimentado en pos de sus fines).

La Técnica es muy capaz, hoy, de sustituir esa “religio” por sistemas  mucho más eficaces, que además tienen la enorme ventaja demandada cada día más por la Sociedad, de respetar, si se quiere, al individuo, a la persona. Por fin el hombre podrá vivir para sí; la Sociedad no será la absoluta beneficiaria de todas sus energías, con lo que el hombre podrá dedicarse en mucho mayor grado al crecimiento de su vida interior.

El poder del chamán, el camino del chamán, el de los místicos, el de la liberación del Kâma, artha y dharma de esas obsesiones unidas al ego, no será algo reservado para unos pocos. Será una característica del hombre normal del próximo milenio, y la potencia de esa comunidad de hombres “espirituales” supondrá la aparición de una Humanidad con cualidades diferentes a la actual, mucho más cercana a la del pensamiento teilhardiano.

El cuarto camino, la metamorfosis psicológica, el cultivo de nuestra vida interior, será el que ocupe en el próximo milenio el lugar actualmente relegado a la religión, con el consiguiente aumento del subjetivismo. El sujeto (lo interno) tendrá preponderancia sobre el objeto (lo externo), camino opuesto al más reciente de nuestra historia. O mejor, esa “religión” se hará más particular. Iremos hacia una reducción considerable del culto, es decir, de la expresión externa de la religión.

La primera fase, como hemos dicho, será la del crecimiento continuo de la vida interior. La segunda, posterior, la de la interconexión (a otros niveles y seguramente no por medio del culto) de estos hombres, mucho más “espirituales”, en una especie de “noosfera”, para utilizar términos de Teilhard.

La reducción del clero, tras el retraimiento del culto, será manifiesta. La subjetividad emergente, transformará las creencias religiosas en algo propio, individual, en una fe personal, en la que cada individuo poseerá sus propias e íntimas convicciones, su propia fe, “su propia religión”.

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