El humanista Erich Fromm (y II).

Nos dice Fromm en su obra “La vida auténtica” que la “infelicidad consiste en el ausencia del yo”.

Continúa: “El hombre siempre es capaz de albergar esperanzas. De hecho, el hombre se puede definir como “el animal que puede albergar esperanzas”.

 Cree Fromm que “el problema del significado de la vida estriba precisamente en la cuestión de la autenticidad”.

La existencia de la metafísica, en opinión de Fromm, al margen de si es verdadero o no un sistema metafísico y su influencia en el desarrollo de las ramas de la cultura humana, “es un hecho histórico”.

Para Fromm, “todo sistema metafísico es una concepción del mundo, una perspectiva del mundo, una Weltanschauung. La metafísica nace de dos cuestiones: el porqué y el para qué de la vida”. “La especulación metafísica es vital, no una mera divagación ociosa”.

Como vimos, “el hombre quiere explicar su vida trascendiendo su existencia aislada”.

Para Fromm “trascendencia” es un concepto con diversas acepciones. En un contexto metafísico o religioso se refiere a la existencia de una fuerza superior (Mundo de las ideas de Platón, Dios o el Uno de Plotino). Puede significar también una “liberación del egoísmo y el egotismo y, por tanto, una actitud de apertura y comunicación real con los demás”. Por último, se plasma según el pensamiento existencialista, en “un modo de ir más allá de uno mismo en el tiempo, una prolongación del yo hacia el futuro”. Fromm nos dice que tales diversos significados comparten un rasgo común: “el de ir más allá del ego absorto para liberarnos de la prisión del egotismo en nuestra relación con la realidad”.

En resumidas cuentas, “la vida tiene sentido si se alcanza la trascendencia”. “entregarse es el único modo de ser uno mismo”.

Nos comenta Fromm: “Heidegger señaló en una ocasión que el hombre no es sólo un ser en el mundo (In-der-Welt-Sein), sino esencialmente un ser con los demás (Mitsein)”. Al abrazar el mundo, el yo “se vuelve más fuerte y recio. Porque el yo es fuerte en la medida en que es activo“.

En sus palabras: “Lo nuestro es solamente aquello con lo que estamos genuinamente relacionados por medio de nuestra actividad creadora, sea el objeto de la relación una persona o una cosa inanimada. Solamente aquellas cualidades que surgen de nuestra actividad espontánea dan fuerza al yo y constituyen, por tanto, la base de su integridad”.

El hombre “es consciente de sí mismo como individuo activo y creador y se da cuenta de que sólo existe un significado de la vida: el acto mismo de vivir”. (“La experiencia de la actividad del momento presente”).

También Fromm nos dice, al analizar la lógica de las afirmaciones de una determinada persona, que “el punto decisivo no es lo que piensa, sino cómo piensa”. “Las ideas que resultan del pensamiento activo son siempre nuevas y originales; éstas no lo son necesariamente en el sentido de no haber sido pensadas por nadie hasta ese momento, sino por cuanto la persona que las piensa ha empleado el pensamiento como un instrumento para descubrir algo nuevo en el mundo circundante o en su fuero interno”. “Las racionalizaciones carecen, en esencia, de ese carácter de descubrimiento y revelación”, pues en realidad constituyen “un intento post factum destinado a armonizar los propios deseos con la realidad exterior”.

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