Información y naturaleza (I).

(De la obra de Alejandro Álvarez Silva “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica”. Copyright 1995)

“La información cambia el “yo” o la naturaleza del ser. Cada ser distinto tiene diferente sensibilidad, distinto bagaje de sentimientos; el cambio de naturaleza, pues, cambia dicho bagaje. Puesto que puede cambiarse la propia naturaleza a lo largo de la vida, los sentimientos, la sensibilidad, van siendo distintos sobre un “yo” que recuerda “aún” los sentimientos antiguos, pero que, ahora, ante una misma situación como la pasada ya no sentiría lo mismo. Hay un recuerdo “interno” de lo que se sintió en un tiempo pasado (el receptor de ese sentimiento está en el pasado, no en el presente). El presente (el yo actual) no puede captar ya ese sentimiento; éste ya sólo puede ser percibido a través del pasado, y el presente lo conoce pero a través de un recuerdo. El sentimiento referido es conocido por el presente, por el presente que significa la memoria actual. Se conocen, pues, muchas cosas ahora (en el presente) que nuestra naturaleza actual (receptora) sería incapaz de asimilar en este preciso momento. Nuestro mundo “presente”, por consiguiente, no es real, sino nuestro propio mundo, que no es la realidad objetiva exterior. Cada criatura, entonces, tiene su mundo, construido a lo largo del tiempo sobre la realidad, que no coincide en un momento determinado con su realidad exterior.

Para que un observador sea objetivo (al estilo de la Física, en donde todos los observadores deben percibir lo mismo) no debe cambiar la “naturaleza” de dicho observador, y esto es imposible porque toda información cambia su naturaleza. Lo que ocurre es que esta influencia ha sido hasta ahora tan pequeña, en los fenómenos que habitualmente estudia la Física, que se ha tomado prácticamente despreciable, gracias fundamentalmente a la adopción de unidades de medida fácilmente reproducibles y contrastables. Los nuevos fenómenos de la introspección invalidan totalmente estos axiomas de la Física. “Los observadores no son ya iguales”; esto es un prolongación del principio cuántico de que la observación cambia el fenómeno, o de que la medida perturba la observación.”

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