Michio Kaku y sus “Mundos paralelos”. (Parte II)

Continuaremos con nuestra crítica a ciertos aspectos aparecidos en la obra de Michio kaku “Universos paralelos”.

Nos dice Michio:

“La mayoría de los físicos encogen los hombros y levantan las manos cuando se les enfrenta a las endiabladas paradojas de la mecánica cuántica. Para la mayoría de científicos practicantes, la mecánica cuántica es una serie de recetas del libro de cocina que provee las probabilidades correctas con una exactitud asombrosa.”

“Sin embargo, algunos de los pensadores más profundos de la física han luchado con estas cuestiones. Por ejemplo, hay varias maneras de resolver el problema del gato de Schrödinger. La primera defendida por el Nobel Eugene Wigner y otros, es que la conciencia determina la existencia.”

Según Wigner, no es posible formular las leyes de la mecánica cuántica de manera plenamente coherente sin referirnos a la conciencia (del observador).

Concluye Michio:

“Pero si hago una observación, ¿qué va a determinar el estado en el que estoy? Esto significa que alguien más tiene que observarme a mí para colapsar mi función de onda. Esto recibe a veces el nombre de “el amigo de Wigner”. Pero también significa que alguien tiene que observar al amigo de Wigner, y al amigo del amigo de Wigner, y así sucesivamente. ¿Hay una conciencia cósmica que determina toda la secuencia de amigos observando todo el universo?”

La objeción a todo esto se refiere a: ¿Por qué otro observador tiene que observarte a ti?… Tu observación ya origina un hecho, suceso o acontecimiento, que no necesita de otro observador, pues éste, a su vez, producirá otro hecho distinto.

Nos dice Michio que Andrei Linde, uno de los fundadores del universo inflacionario, cree firmemente en el papel de la conciencia. En sus palabras:

“(…) En ausencia de observadores, nuestro universo está muerto.”

Dice Linde que “los fósiles de dinosaurio no existen realmente hasta que los vemos”. A lo que contestamos que esos fósiles existen siempre porque alguien los verá “en algún momento a lo largo de toda la historia del universo”.

Y añade Michio que “algunas personas a quienes les disgusta introducir la conciencia en la física afirman que una cámara puede hacer una observación de un electrón y, por tanto, las funciones de onda pueden colapsar sin recurrir a los seres conscientes. Pero ¿quién dice entonces si la cámara existe? Es necesaria una cámara para observar a la primera y una tercera para observar a la segunda, ad infinitum. Así, pues, introducir cámaras no responde a la pregunta de cómo colapsan las funciones de onda.”

Nuestra respuesta: La cámara “colapsa” tales funciones de onda porque “alguna vez” habrá un observador que dará fe de ello… además, esto sería válido, simplemente si existe tal posibilidad. Esa existencia de la posibilidad (ver Parte I de este mismo artículo) es suficiente para el colapso de la función de onda, debido a que las posibilidades son reales de acuerdo con el planteamiento de Born.

Nos dice Michio en su obra que una manera parcial de resolver tales cuestiones “que ha adquirido popularidad entre los físicos es la llamada “decoherencia”, que fue formulada por primera vez por el físico alemán Dieter Zeh en 1970. Como en el mundo real no puede separarse el gato (paradoja del gato de Schrödinger) de su entorno (el gato está permanentemente en contacto con las moléculas del aire, etc.), estas interacciones, por pequeñas que sean afectan, radicalmente a la función de onda, lo que provoca su partición en dos funciones de onda, una correspondiente al gato muerto y otra al gato vivo. Ello equivale al colapso de la función de onda inicial, o lo que es lo mismo: los dos estados iniciales no pueden coexistir, al no existir ya la vibración sincrónica, prácticamente exacta, que se describe como un estado llamado “coherencia”. Y es que la sincronización de simplemente un puñado de átomos en el mismo laboratorio es altamente difícil. “Zeh demostró que una vez las dos funciones de onda dejan de vibrar en fase una con otra, éstas dejan de interaccionar una con otra”.

Opina Michio: “De entrada, la decoherencia suena muy satisfactoria, porque la función de onda no se colapsa por la conciencia, sino por las interacciones aleatorias con el mundo exterior.

Nuestra opinión es que puede haber colapso de la función de ondas “por ambas cosas” (conciencia y decoherencia):  azar (decoherencia) y conciencia, ¡cada una tiene su papel!

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