“Las raíces triviales de lo fundamental”: ¡Un “toque” filosófico! -Alejandro Álvarez Silva-

En este artículo me pronunciaré sobre el ensayo de Jorge Wagensberg \”Las raíces triviales de lo fundamental\”.

Para Jorge Wagensberg lo “trivial” es aquella verdad que se garantiza a sí misma”. En el ensayo, el autor hace un recorrido desde la física, a la biología, la economía y la sociología.

El capítulo 6, dedicado a la física (“conocida” y “por conocer”) es magnífico, en su explicación de la “lagrangiana”, el concepto de “acción” y el principio variacional que conduce a las ecuaciones de las leyes fundamentales… La verdad es que “saca” mucho partido a la expresión δS = 0, en sus dos vertientes de S: la acción y la entropía.

En sus palabras: “Lo que hace un principio variacional (…) es garantizar la estabilidad que debe tener toda ley que aspire a merecer a ser, o a ser llamada, una ley fundamental.”

Aunque discutible es su afirmación: “De todos los cambios imaginables, sólo son reales (sólo acontece en la realidad) aquellos cambios que son compatibles con el principio de la acción estacionaria.”

Ello se sigue del razonamiento: “Cada movimiento matemáticamente posible entre los estados A y B está representado por una de las infinitas trayectorias que pasan por A y que pasan también por B. Sin embargo, no todo movimiento matemáticamente posible es también físicamente posible. Lo que anticipa el principio de la acción estacionaria es que ¡sólo es (son) posibles aquella(s) trayectoria(s) que haga(n) que la acción S sea estacionaria! Las otras trayectorias no corresponden a movimientos de la realidad de este mundo. Estamos ante una (atención una nueva palabra del esquema conceptual) ¡selección!, la selección que decide cuál es la trayectoria que sigue el sistema en la realidad, la solución física que reclaman las leyes fundamentales. Por eso podemos llamar a esta selección “selección fundamental”. Y la selección fundamental apuesta por el camino que cumple δS = 0.”

Sólo recordar que todo esto no parece estar muy de acuerdo (al menos permite una clara matización) del procedimiento de la integral de caminos de Feynman tan utilizada en la Cuántica, que presupone que todos los caminos son posibles o alternativos y únicamente la trayectoria “real” a que se refiere Jorge Wagensberg  es la que tiene la “mayor probabilidad” de suceder.

Después de esta importante puntualización, la encendida entronización de lo “trivial” por el autor, así como su partición de los “objetos” del universo en “inertes”, “vivos”, “cultos” y “sociales”, sugieren no pocos disentimientos… Mas, siguiendo sus razonamientos, bastante apuntalados en su concepto de “individualidad”, tan amplio que abarca todo objeto del “mundo”, con sus cuatro “tipos de selección” correspondientes, se llega al conatus fundamental de la materia: “toda individualidad tiende a perseverar en su identidad.”

Es claro que en la evolución existe una selección natural en la materia viva, al tener que adaptarse al entorno para conservar su identidad (aquí si es evidente el conatus).

También puede admitirse (teniendo en cuenta la “puntualización” anterior) su “selección fundamental” que daría estabilidad a la materia inerte.

Ahora bien, queda un tanto más oscuro ese conatus tanto en esa selección cultural sobre la “materia culta” para “perseverar” en su creatividad, así como en la selección social que actuaría sobre la “materia social” que perseveraría en la “negociabilidad”.

Para terminar, Jorge Wagensberg hace las siguientes afirmaciones:

“La trivialidad está en la raíz de todo conocimiento trascendente, fundamental.”

“Si no fuera por la presión de la incertidumbre y por el peso de la gran trivialidad fundamental aún seríamos todos bacterias.”

“La incertidumbre es el auténtico motor del cambio.”

“La segunda (columna indestructible de la comprensión de la realidad) es la trivialidad fundamental, la trivialidad, ahora sí, de todas la trivialidades: es la tendencia de toda individualidad a perseverar en su identidad (donde la identidad es aquella parte de la individualidad que tiende a perseverar.” Como se ve un razonamiento totalmente “cíclico”.

Ante esto, deberíamos preguntarnos sobre ¿qué es esa “tendencia” de que nos habla Wagensberg?… “Tendencia” nos sugiere un “móvil interno”… pero el autor no dice nada de tal móvil interno (¿instinto?, ¿voluntad al modo propuesto por Schopenhauer?, etc)…

Recapitulando, el ensayo merece claramente la pena, y en mi opinión, se enriquecería considerablemente tras un encendido debate sobre sus hipótesis.

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