Surgimiento de la “emergencia”. (y III)

¿Qué supone que el “observador” sea necesario para la Ciencia?

La característica básica del observador es “darse cuenta”. Pero el “darse cuenta” es demasiado vago, pues va relacionado siempre con el objeto de ese “darse cuenta”: “darse cuenta ¿de qué?… Según tal qué el observador es “más o menos complejo”, más o menos sofisticado: ¡su naturaleza es distinta!

Si razonamos a la inversa, suponiendo que el observador tiene una tal Naturaleza y queremos saber, según la misma, qué puede observar (es decir, de qué “puede darse cuenta”), nos encontramos ante la “chocante” paradoja, chocante en cuanto lo inesperado, pero quizá no tal paradoja, sino evidencia… de que, por ejemplo, para un observador “material”, tal como la Física de nuestros días”entiende la materia”, dicho observador material, no puede ser observador de absolutamente nada… si no presuponemos en esa materia la emergencia de una psiquis… , lo que nos lleva a salirnos de los ámbitos de la Ciencia Física, y adentrarnos en el de la psicología animal, pero como dije en (I), nos falta verdaderamente ese eslabón entre materia y psiquis: ¡los mismos cimientos de la Física, basados en el observador se tambalean, si la materia, las leyes físicas, no incluyen en su seno un principio psicológico!

Y volviendo al razonamiento directo inicial, el observador que puede “darse cuenta” de las leyes científicas debe tener ya en su naturaleza unos atributos sumamente “elaborados”… Seguramente como consecuencia de la propia evolución, o evolución mutua entre sujeto y objeto.

Conclusión: ¡El observador de la Física, ese “simple observador”, no es ni mucho menos lo simple que presuponíamos! ¡Es altamente sofisticado!

¡Un observador “físico” no puede ser, por ejemplo, un animal cual un pájaro, puesto que la Física que “tal observador” podría edificar sería tan rudimentaria que no merecería tal nombre!

Para llegar a escribir los principios básicos de la relatividad, ciñéndonos a sus primeros enunciados, “Para un observador… “, es preciso recorrer un largo camino. Lo que nos conduce a la necesidad de abordar el punto expuesto en (I) de la “Ontología y evolución de la emergencia”, de la emergencia de la “psiquis incipiente” a partir de la materia (en su definición física) -ver al respecto el primer capítulo de mi obra “Accesible e inaccesible”.

¿Cómo la materia se “da cuenta de algo”?… A eso lo llamo el “surgimiento de la emergencia”, de las propiedades emergentes, del cómo de la cantidad o el número puede surgir la cualidad, la nueva propiedad.

Evidentemente, el concepto de realimentación entre sujeto y objeto, que está en la base de una evolución mutua, seguramente tendrá mucho que ver… Pero sujeto y objeto ya son un producto elaborado que nos retrotrae a “algo anterior”, más indefinido, situado en la misma base de la “emergencia”.

Mi propuesta básica al llegar a este punto se refiere a la compleja e inextricable conexión entre el mundo de “lo accesible de la realidad material”, y ese mundo de lo “inaccesible o cualitativo” cuyo reflejo en la evolución es precisamente la “semilla” de la emergencia… Sin el segundo mundo, el universo “estaría muerto”, pues cuantas leyes se desarrollaran en él, no tendrían espectador, observador que “constatase” su existencia, vida que sintiese su pálpito.

(De la obra de Alejandro R. Álvarez Silva \”Antes de la Ciencia y… después de ella\”)

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