Sí mismo y conciencia (II) -Alejandro Álvarez Silva-

Continuamos con el pensamiento de Antonio Damasio reflejado en su obra “Y el cerebro creó al hombre”.

Siendo, según el autor, la regulación de la vida el soporte y justificación del sí mismo y la conciencia, al mismo tiempo Damasio sugiere, en pos de tal enfoque, investigar los antecedentes de ese sí mismo y la conciencia en el pasado evolutivo. Por ello, la neurobiología y la biología evolutiva se antojan fundamentales. Es preciso, pues, observar las graduales modificaciones de los sistemas nerviosos, y vincularlas con el surgimiento del comportamiento, la mente y el sí mismo, además, en ese mismo orden.

Como premisa básica hay que adoptar la hipótesis de que “los acontecimientos mentales equivalen a ciertos tipos de acontecimientos cerebrales”. Y es que algunos patrones neuronales son a la vez imágenes mentales. Pero hay que tener en cuenta que los estados mentales no necesitan la subjetividad para existir (sólo la precisa el sujeto para conocerlos).

Los fenómenos neurobiológicos son extraordinariamente complejos, aún en el caso más sencillo, y no van, por ejemplo, de lo complejo a los simple, sino de “lo extremadamente complejo a algo que lo es ligeramente menos”.

La biología evolutiva nos enseña que (en palabras de Damasio): “una infinidad de criaturas, a lo largo de millones de años, han dispuesto de mentes activas en sus cerebros, pero la conciencia, en sentido estricto, no empezó hasta que esos cerebros desarrollaron un protagonista capaz de ser testigo, y hasta que no desarrollaron un lenguaje, no se hizo ampliamente ostensible que existían mentes. Y también: “El testigo es ese algo excepcional que pone de manifiesto la presencia de acontecimientos cerebrales implícitos, a los que llamamos “mentales”.

Damasio nos comenta que gracias al tamaño y la complejidad crecientes de las redes neuronales, “se produce una escalada en la “cognición” y el “sentir”, desde el nivel de lo micro hasta el nivel de lo macro, pasando por las diferentes jerarquías”.

Las ideas principales, según propias palabras de Damasio, expuestas en su citada obra, serían:

1) La idea más relevante es la noción según la cual el cuerpo es el fundamento de la mente consciente.

2) “Las estructuras cerebrales del proto sí mismo no tratan meramente del cuerpo, sino que se hallan literal e inextricablemente vinculadas al cuerpo”. (El cuerpo y el cerebro se adhieren). En sus palabras: “es mejor imaginar el cuerpo como la roca  sobre la que se levanta el proto sí mismo, en tanto que el proto sí mismo es el eje central alrededor del cual gira la mente consciente”.

3) “Los primeros productos y los más elementales del proto sí mismo son los sentimientos primordiales, presentes de manera espontánea y continua siempre que uno se halla despierto”. Tales sensaciones “sentidas” son una experiencia “directa” del propio cuerpo.

4) “Los sentimientos primordiales no son sólo las primeras imágenes que el cerebro genera, sino que son también las manifestaciones inmediatas de la senciencia”. (“Senciencia” es la capacidad de un organismo de recibir estímulos). “Son el fundamento que el propio sí mismo ofrece a los niveles más complejos de ese sentimiento de ser sí mismo”. Así, la mente consciente se iniciaría “cuando el sí mismo cobra sentido en ella”.

El sí mismo se conforma a partir del proto sí mismo siguiendo diferentes pasos. A esos sentimientos primordiales le sigue la formación del sí mismo central que se ocupa de la acción, en concreto, “de la relación entre el organismo y el objeto”. Para Damasio, el tercer paso en la construcción del sujeto es el estadio del sí mismo que denomina sí mismo autobiográfico.

5) “El sí mismo y la conciencia no ocurren en una única área, región o centro del cerebro. La mente consciente es el resultado del funcionamiento muy bien articulado de varias, a menudo muchas, zonas cerebrales.”

Finaliza esta cuestión Antonio Damasio con la afirmación de que “lo más curioso de los tramos superiores de la conciencia es la conspicua  ausencia de un director antes de que el concierto empiece”: el director cobra existencia durante el desarrollo del concierto, así que, ¡es el concierto el que crea al director -el sujeto o el sí mismo- y no al revés!

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