Hacia lo específicamente humano. -Alejandro Álvarez Silva-

Terminaremos con este artículo el espacio dedicado a la obra de Natalia López Moratalla “La dinámica de la evolución humana”.

Nos comenta López Moratalla que el sistema nervioso al ser plástico se mantiene inacabado hasta cierto tiempo después del nacimiento de la criatura en cuestión, tiempo que depende singularmente de la complejidad de su especie.

Todo ser vivo posee un principio ordenador (información de primer y segundo orden -autoinformación-), además de la estructuración de los componentes y propiedades funcionales que resulta de la ordenación que supone su propia organización.

“El principio vital es uno y Único”, es decir, no separable en segmentos. El orden dinámico epigenético hace que el sistema – metabolismo, célula, órgano, etc.- funcione como un todo. Y al ser un sistema abierto y alejado del equilibrio, cambia en el tiempo desde lo simple a lo complejo, en “una continua actualización de todas las potencialidades de su identidad en cada etapa de la vida”.

Finalmente, es el comportamiento caótico de los procesos neuronales el que “permite conjuntar indeterminación y teleología “. “La teleología de las especies es, en terminología de Monod teleonomía; es decir, una finalidad intrínseca que se orienta y dirige “según el medio ambiente” a su propia optimización”.

El cuerpo humano, no obstante, es un organismo muy particular, pues “posee un plus de complejidad: abierto, desprogramado y proyectado sin paralelismos“. En especial, en palabras de López Moratalla: “No está atado de forma determinista a los automatismos ligados y emergentes del sistema biológico, sino que modula con su propia vida y en relación con los demás la propia construcción de su cuerpo y especialmente del órgano cerebro”.

Y nos sigue comentando nuestra autora: “En cada hombre, se distinguen dos dinamismos constituyentes distintos: el propio de su naturaleza biológica, que se rige por las leyes de la epigénesis biológica, y el propio de su libertad personal”. “Libertad no es comportamiento al azar, sino autodeterminación y lleva obviamente asociada responsabilidad”.

Y también: “Los cambios en los genes en la línea humana se caracterizan por tener una repercusión muy alta en el fenotipo, justamente porque suceden en regiones de los cromosomas que contienen elementos reguladores”.

Hace cerca de dos millones de años en el hombre primitivo se inicia “una evolución en que la selección natural se alía con la cultura que les permite adaptar el entorno a sus necesidades”.

Así, sólo el hombre resuelve problemas, a partir de su inteligencia y libertad, que le lleva a la abstracción y la anticipación. Es decir, “lo específico del hombre es conocer la realidad como algo objetivo e independiente de sus necesidades biológicas”.

En palabras de López Moratalla: “La capacidad de resolver problemas, la flexibilidad y el repertorio para actuar ante diferentes situaciones y tener múltiples perspectivas de un solo problema, de empatía y comunicación simbólica, que nos definen como humanos frente a cualquier otro ser vivo, dependen en el hombre de la capacidad de idear, o si se quiere de abstraer”.

Y remata: “La técnica es una manifestación incuestionable de la inteligencia humana”. “El hombre no se limita a resolver su vida sino que la proyecta al futuro y crea las herramientas necesarias para ese futuro”.

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