Longevidad. -Alejandro Álvarez Silva-

La longevidad de los vertebrados podría estar relacionada con el ritmo al que vivimos. Así, las tortugas que pueden vivir más de un siglo, lo hacen “con lentitud”.

En los mamíferos existe una relación estadística entre el ritmo al que bombea sangre el corazón y la muerte del individuo. Por ejemplo, el corazón de un hámster late 450 veces por minuto, y el de un elefante (que puede alcanzar los 70 años) 30 pulsaciones por minuto. Y es que parece ser que “vivimos aproximadamente unos mil millones de latidos”.

Ahora bien, hay un mamífero que se sale de tal escala: el hombre. De acuerdo con la escala anterior, el humano debería morir mucho antes de lo que refleja la estadística. Puede que ello se deba a los avances tanto médicos como tecnológicos.

Recapitulando, parece que es la propia vida la que nos desgasta y envejece, puesto que la relación entre longevidad y ritmo vital sugiere que un metabolismo elevado provoca una vida “más intensa”.

En los mamíferos, aún cuando somos adultos, “nuestras células continúan dividiéndose y regenerando los tejidos”. En verdad se han identificado varios genes que están implicados en el envejecimiento. Uno de ellos es particularmente relevante cuando los tejidos envejecen, por lo que se supone que actúa limitando la capacidad de regeneración de los tejidos. Es decir, el deterioro de los tejidos no sólo obedece a que el paso del tiempo los deteriora sino que “existe un programa genético para promover el envejecimiento”.

Las pruebas en ratones demuestran que la pérdida de tal gen “alarga la vida de los tejidos, pero incrementa el riesgo de que se desarrollen tumores”. Conclusión: existe un íntima relación entre el cáncer y el envejecimiento. Vivir implica acumular cada vez más alteraciones, y mayor probabilidad de que “una célula infrinja los mecanismos de control y dé lugar a un tumor”. “El envejecimiento es, por tanto, el precio que debemos pagar por ser tan complejos”.

Dentro de los billones de células que nos componen, basta que alguna de ellas infrinja “las normas básicas de convivencia” para que quede comprometida nuestra supervivencia.

(De la obra de Federico Abascal Sebastián de Erice titulada “La vida que llevamos dentro”)

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