Inmunidad adquirida.

Peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos somos capaces de contrarrestar el ataque de diferentes enemigos microscópicos gracias a la elaboración de respuestas específicas proporcionadas por nuestro sistema de inmunidad adquirida.

Y son dos los tipos de células responsables del aprendizaje y respuesta específica de tal sistema inmunitario: los linfocitos B y T. Unos lanzan sus ataques a larga distancia y los otros luchando cuerpo a cuerpo, célula a célula. “Los primeros se entrenan en la médula ósea roja, en el interior de los huesos planos como los de la pelvis y las costillas. Los segundos en el timo (de ahí la T de su nombre), un pequeño órgano que se encuentra detrás del esternón”. Y ambos tipos parten desde sus lugares de origen hacia la sangre y el sistema linfático en su misión de defensa.

Este ejercito de linfocitos es muy numeroso, tanto como billones de ellos: una masa similar a la del cerebro o el hígado; pero no están concentrados en un lugar concreto sino que deambulan por todo el cuerpo.

Cada linfocito fabrica una proteína distinta: su arma, de diferentes y numerosísimas formas. Cada proteína tiene una forma un poco diferente determinada por su forma de constitución: durante la maduración de los linfocitos, se activa un mecanismo para cortar y empalmar trocitos de ADN de los genes de nuestro genoma, “de modo que, recortando y combinando aleatoriamente distintas frases y palabras, en cada célula se reescribe de modo diferente un mismo capítulo”.

Y es que cada proteína se une de forma específica a un motivo molecular distinto, como una llave que encaja en una cerradura. A tales “motivos moleculares o cerraduras reconocidas por los linfocitos los llamamos antígenos”. Dado que cada bacteria o cualquier, otro ser vivo, “fabrica proteínas características, sus antígenos también son diferentes”. Si contamos, pues, con la llave apropiada, podremos reconocerlos y atacarlos. Son, por tanto, los linfocitos “el fundamento de la innovación y el aprendizaje”: “cada linfocito ensaya una innovación diferente, fabricando una llave nueva”. “El invento es extraordinario porque implica que nuestro libro de instrucciones contiene instrucciones para reescribirse a sí mismo”.

Y “nuestras huestes de linfocitos no sólo innovan, también son entrenadas”. Son capaces de aprender, fundamental y primariamente, a “distinguir lo propio de lo ajeno”. Debemos saber diferenciar a nuestras células de las bacterias, los virus y otros invasores, de esta forma nuestro sistema de inmunidad adquirida está completo.

(De la obra de Federico Abascal Sebastián de Erice “La vida que llevamos dentro”)

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