La Tierra, su agua y la vida. -Alejandro Álvarez Silva-

Nos dice Julián Caldecott en su obra “Agua” que “hay indicios de agua estructural en rocas a enorme profundidad (tanto como a 400 o 500 km), donde la temperatura supera los 1000 ºC”. Si así fuese, la cantidad almacenada de esta forma “sería mucho mayor que la de todos los mares, y la hidrosfera, muchas veces más voluminosa que la biosfera”.

Continúa dicho autor diciéndonos que también hay indicios de que una parte de tal agua en profundidad podría ascender hasta cerca de la superficie, interviniendo en erupciones volcánicas o recargando algunos acuíferos.

El binomio agua-vida constituye una simbiosis basada en las extraordinarias propiedades del agua en relación a la vida. Por otro lado, se advierte que “el mundo se está volviendo peligrosamente inestable”: la biosfera parece presentar “una transformación evidente en todos sus sistemas”. Y es que aunque la biosfera siempre ha estado cambiando, en la actualidad el equilibrio lo perturbamos nosotros mismos, incluida, por supuesto, la crisis global del agua.

El problema sustancial reside en que sólo tenemos una biosfera en la que vivimos, y “como cualquier especie, los humanos estamos atrapados en la Tierra”. De ahí la importancia de gastar tiempo y esfuerzos en comprender el funcionamiento de todo el sistema global y vivir en esta biosfera como si nuestra única intención y posibilidad fuera “quedarnos aquí”. (De momento la vida en otros planetas no es más que una utopía).

Hace 4.400 millones de años la superficie de la Tierra se había enfriado suficientemente como para formar una corteza. La atmósfera original de hidrógeno y helio se había evaporado en gran parte, diluyéndose en el espacio, siendo sustituida por otros gases más pesados de origen volcánico o de impacto, tales como el vapor de agua, el dióxido y el monóxido de carbono, el dióxido de azufre y el amoniaco (disociado posteriormente por la luz solar en hidrógeno y nitrógeno).

A los 4.000 millones de años el subsiguiente enfriamiento permitió la formación de los primeros océanos bajo una atmósfera de nitrógeno y dióxido de carbono. Posteriormente, buena parte del dióxido de carbono se disolvió en los mares y se precipitó en forma de rocas carbonatadas. Y a los 3.800 millones de años, misteriosamente en esos mares surgió la vida.

“Todos los seres vivos que hay en la Tierra descienden, en una línea ininterrumpida, de estos primeros organismos simples que, según parece, habrían sido similares a las modernas arqueas y bacterias”. En otras palabras, “podríamos decir que moléculas con capacidad de replicación semejantes al ADN surgieron, misteriosamente, en la Tierra hace unos 3.800 millones de años”.

Es extraño que sólo en unos 1.000 millones de años, dadas las duras condiciones físicas del planeta, una nolécula tan extraordinariamente compleja como el ADN pudiera surgir desde cero, por eso se ha emitido la hipótesis de que tal molécula (o una semejante) hubiera podido llegar del exterior. Marte se apunta como su probable procedencia, así como los asteroides que impactaron sobre nuestro planeta. Y Marte porque su superficie se enfrió cientos de millones de años antes que la de la Tierra.

Los organismos entonces existentes habrían utilizado la luz solar par combinar el dióxido de carbono y las moléculas del agua, creando así azúcares simples y oxígeno como producto de desecho (fotosíntesis). Tal oxígeno en primera instancia fue absorbido por gases y minerales reactivos: “enormes estratos de rocas rojas, ricos en hierro oxidado, se formaron hace entre 2.300 y 1.700 millones de años”. Así que el oxígeno atmosférico sólo alcanzó cantidades detectables hace unos 2.000 millones de años.

Los nuevos “organismos que podían emplear oxígeno ahora tenían acceso a una nueva forma de metabolismo en la que, además, sus células podían cooperar”, lo que condujo a “seres multicelulares cuyos primeros indicios se remontan a 1.000 millones de años”. “Animales acuáticos más complejos, como medusas, gusanos y moluscos, evolucionaron unos trescientos millones de años después”.

El gran aumento de oxígeno en el aire, como el disuelto en el agua de los océanos, sentó las bases de la explosión de vida del Cámbrico que se produjo hace entre 542 y 488 millones de años. ¡La maravillosa historia de la vida se empezaba a escribir!

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