La trucha arco iris y el campo magnético. -Alejandro Álvarez Silva-

Durante casi medio siglo los científicos saben que algunos animales son capaces de navegar utilizando el campo magnético de la Tierra, y también  ya hace muchos años que se asume que al menos algunos de ellos son capaces de “sentir” dicho campo magnético debido a pequeñas cantidades de material de hierro en sus tejidos.

Ahora, un equipo de investigadores dirigido por Michael Winklhofera de Ludwig- Maximilians (Universidad de Munich), ha descubierto una manera de encontrar las células individuales que responden a un campo magnético en una de las especies migratorias: la trucha arco iris.

La magnetorrecepción ha sido difícil de estudiar dada la naturaleza del magnetismo, puesto que los receptores pueden estar en cualquier parte del cuerpo. Lógicamente, sin embargo, tales receptores probablemente residan en alguna parte de la cabeza del organismo, en estrecha proximidad al cerebro. En los peces migratorios, la sospecha se ha dirigido hacia su nariz.

Y para ver si es el caso de la trucha arco iris, el equipo tomó una muestra del epitelio olfativo del hocico de un ejemplar, colocándolo dentro de un anillo de rotación de imanes. Al microscopio se descubrió que las células individuales daban la vuelta sobre su eje siguiendo el campo magnético inducido artificialmente. Tras una inspección más profunda, se comprobó que existían dentro de algunas células (no más de una de cada diez) cristales de magnetita dentro de una estructura intracelular. Las inclusiones magnéticas están firmemente unidas a la membrana celular, lo que permite una transducción directa de la tensión mecánica producida por el par magnético que actúa sobre el dipolo celular in situ. Los resultados indican que las células magnéticas claramente identificadas cumplen con los requisitos físicos básicos para un comportamiento como magnetorreceptor que pueda detectar rápidamente los pequeños cambios en el campo magnético externo.

La cuestión siguiente a dilucidar es cómo las células que se mueven en respuesta al campo magnético, son capaces de transmitir un mensaje al cerebro.

(Ver el artículo completo en PHYSORG)

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