“Exencionalismo” y “biofilia”. -Alejandro Álvarez Silva-

“Esta es la meta de la filosofía del exencionalismo: no lloréis por el pasado, la humanidad es un nuevo orden de vida, dejad que las especies mueran si bloquean el progreso, el genio científico y tecnológico encontrará otro camino. Mirad hacia arriba y ved las estrellas que nos aguardan.”

Ante tal razonamiento nos comenta Edward O. Wilson en su obra “La diversidad de la vida” que “los avances humanos están determinados no sólo por la razón sino también por las emociones peculiares de nuestra especie, complementadas y templadas por la razón”, y que “lo que nos hace personas y no computadoras es la emoción”. Y sugiere que nuestros problemas “surgen del hecho de que no sabemos lo que somos y no nos ponemos de acuerdo en lo que queremos ser”. “No llegamos a este planeta como extraterrestres”. “La humanidad es parte de la naturaleza, una especie que evolucionó entre otras especies”. Nuestra identificación con el resto de la vida nos hará descubrir más rápidamente “las fuentes de la sensibilidad humana y adquirir el conocimiento sobre el que poder construir una ética perdurable, un sentido de dirección preferente”.

Y es que “a lo largo de miles de generaciones, el surgimiento de la cultura debe haber estado profundamente influido por acontecimientos simultáneos en la evolución genética, en especial los que ocurrieron en la anatomía y fisiología del cerebro”. Y al revés, la evolución genética pudo ser guiada por los tipos de selección “que surgían dentro de la cultura”.

Nos dice Wilson que “sólo en el último momento de la historia humana ha surgido el delirio de que la gente puede medrar aparte del resto del mundo vivo”. Antes existía un íntimo contacto entre sociedades y el resto de las formas vivas, y un esfuerzo continuado por comprenderlas, “conscientes de que las respuestas ofrecían vida y satisfacción”. Tal huella “no puede haberse borrado en unas cuantas generaciones de existencia urbana”, por lo que nuestro autor nos sugiere que debemos encontrarla entre las particularidades de la naturaleza humana, entre las que se encontrarían: las fobias o las aversiones de las personas a los objetos que amenazan a los hombres en los ambientes naturales (alturas, espacios cerrados, etc.); la fascinación y temor por las serpientes “aún cuando no hayan visto ninguna en la naturaleza”; la preferencia a vivir en “una prominencia cerca del agua desde la que puedan verse tierras arboladas” y el amor por la naturaleza libre y salvaje.

Para Edward O. Wilson “estos son ejemplos de lo que he llamado biofilia, las conexiones que los seres humanos buscan de manera subconsciente con el resto de la vida”. “El mundo natural infunde paz al alma porque no necesita ayuda; está más allá del artificio humano”. “Las tierras vírgenes son una metáfora de oportunidad ilimitada”.

Y continúa Wilson: “Abundan las señales de que la pérdida de diversidad de la vida pone en peligro no sólo el cuerpo, sino también el espíritu”. “Si todo esto es cierto, los cambios que tienen lugar hoy causarán daño a todas las generaciones que han de venir”.

Y remata: “El imperativo ético debe ser, por tanto, ante todo, prudencia”. “No debemos permitir que ninguna especie o raza se extinga”. “No puede haber propósito que promueva más el entusiasmo que iniciar la era de la recuperación, volviendo a tejer la maravillosa diversidad de la vida que todavía nos rodea”.

(De la obra citada de Edward O. Wilson)

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