La ontología “científica” de Mario Bunge (III). -Alejandro Álvarez Silva-

En opinión de Mario Bunge, las siguientes hipótesis metafísicas son “poco razonables y obstructoras”: a) la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica (en su criterio, los objetos macrofísicos son objetivamente reales, pero sus componentes atómicos sólo adquieren existencia como resultado de la observación); b) la interpretación de los universos múltiples dela citada mecánica cuántica, pues “sostiene que el mundo en que vivimos se ramifica, a cada instante en innumerables mundos paralelos, mutuamente inconexos y, en consecuencia, incognoscibles”; c) el determinismo clásico de algunos científicos “al negar que el azar sea un modo objetivo de ser” (interpretación subjetivista o personalista de la probabilidad); d) la interpretación de la teoría evolutiva que propugna que la selección natural conduce al gradual perfeccionamiento, lo que le otorgaría “significado” a la vida; e) el conductismo (los organismos serían autómatas deterministas porque sus respuestas son causadas por un estímulo ambiental); f) la suposición de algunos neurofisiólogos y neurocirujanos de que la mente es “algo aparte del cuerpo que la produce”; g) la idea de que no hay propiedades emergentes sociales que no estuvieran ya arraigadas en los individuos y sus interacciones.

En resumidas cuentas: la ciencia estaría repleta de hipótesis metafísicas, “buenas o malas”, fértiles o estériles”.

También, nos cuenta Bunge, que es posible encontrar ontología en algunos de los propios problemas abordados por la investigación científica: “¿Hay una materia última?” ¿La vida está adornada de un principio inmaterial (élan vital, etc.) o ha emergido de unos procesos evolutivos “estrictamente naturales”? “¿Lo mental y lo neural están correlacionados, interaccionan, o lo mental es una función del sistema nervioso?”

Para Bunge las preguntas anteriores se han mostrado fructíferas en el sentido de que “han estimulado líneas de investigación íntegras”, mientras que otras “son el resultado de una metafísica dudosa”. Entre estas últimas cita: a) “¿Por qué los mesones μ son diferentes de los electrones? (¿Por qué no habrían de serlo?)”; b) “¿Por qué no hay partículas superlumínicas? (¿Por qué tendría que haberlas?)”; c) “¿Es posible observar una inversión temporal?”; y alguna más.

Mi opinión al respecto es que la clasificación de las hipótesis en “buenas” o “dudosas” depende del paradigma adoptado en cada momento, un cierto relativismo alejado de las certezas absolutas.

Para Bunge hay otra área donde ontología y ciencia “se superponen”: “la relativa al fundamento axiomático de las teorías científicas”.

Al axiomatizar una teoría científica, “es probable que en ella se presente alguno de los siguientes conceptos: parte, yuxtaposición, propiedad, posibilidad, composición, función de estado, estado, suceso, proceso, espacio, tiempo, vida, mente y sociedad.” Pero los axiomas específicos de la teoría no dirán nada acerca de tales conceptos genéricos fundamentales. Bunge nos dice que “la ciencia los toma prestados y los deja en un estado intuitivo o presistemático”. Sería la ontología la encargada  de analizar y sistematizar esos conceptos “que utilizan numerosas ciencias y, en consecuencia, ninguna de ellas reclama como propios”. “O sea, el metafísico debe llenar algunas de las lagunas de la ciencia”.

Bunge llama trasfondo ontológico de T a “las teorías ontológicas que aclaran y articulan las ideas generales que subyacen a la teoría científica T”. Estas ideas metafísicas serían constitutivas y no sólo reguladoras o heurísticas. Esta “reconstrucción axiomática de toda teoría científica fundamental sacará a la luz, exactificará y sistematizará ciertos conceptos ontológicos”, entonces, “la línea entre la ontología y la ciencia desaparece”.

Bunge, igualmente, es de la opinión que la ciencia se fusiona con la ontología en las teorías extremadamente generales, como la dinámica lagrangiana, o la teoría clásica de campos, etc.  porque “lejos de representar unas pocas especies de de cosas, describen los rasgos básicos de géneros de cosas”. En palabras de Bunge: “es posible que la teoría lagrangiana haya sido el primer miembro de la metafísica científica”. O sea, “la propia ciencia ha producido teorías metafísicas por medio del proceso de generalización”.

Por último, Bunge estima que también la tecnología contemporánea es una muestra de la mezcla entre ciencia y ontología. “Algunas de las teorías incluidas en las llamadas ciencias de la información, así como en la teoría de sistemas, son tan generales y, a la vez, tan precisas, que cumplen los requisitos de las teorías de la metafísica científica”.

Concluye Mario Bunge: “Toda teoría ontológica, si es exacta y concuerda con la ciencia, es científica. Por consiguiente, la expresión metafísica científica, si bien algo chocante al principio, designa un área existente que prácticamente no puede distinguirse de la ciencia.”

“Puesto que no hay una frontera nítida entre la ciencia y la ontología, la tentativa de hallar un criterio para la estricta demarcación de estos dos campos resulta absurda”. (Fin del problema de la demarcación).

(De la obra de  Mario Bunge “Ontología I: El moblaje del mundo”)

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s