REGENERACIÓN (III) -Alejandro Álvarez Silva-

Si me hiciste, Señor, de barro tierno,

de húmedas albas silenciosas,

¿cómo no dar, por mi terrestre invierno,

la más perfecta de tus rosas?

Si me hiciste de musgo y llamas locas,

de arena y agua y vientos fríos,

¿no he de buscar mi ser entre las rocas,

en las arenas y en los ríos?

¿No he de sentirme enriquecido al verlos

en olorosa y cruda guerra,

si me diste dos pies, para tenerlos

siempre en contacto con la tierra?

                         José Hierro (“Viento de invierno”)

(Discurso del anciano sabio AVLIS a mediados del siglo XXI)

“Parecía que aquellos sistemas democráticos, por sí solos y por su idiosincrasia, serían capaces de proporcionar un enorme cambio, precisamente cuando fuera percibida por la generalidad la realidad del fracaso a nivel mundial de aquel injusto sistema capitalista.

Pero como tantas veces pasa, el vaivén que subyace en todo tipo de “mecanismo”, no produjo el equilibrio deseado, sino que se sobrepasó. El resultado: un cataclismo económico con repercusión social inmediata sumergió al planeta en un oscuro período de inestabilidad. Ni los países más poderosos se vieron al margen, incapaces de sostener aquel equilibrio irreal, producto más de sus deseos y necesidades, que de la verdadera situación.”

“Y la “nueva” creación, sobre todo al principio, fue muy dura, pues era mucho el deterioro desde el que se partía. Mas era, también, mucha la alegría que inundaba el orbe, pues por primera vez en muchos años había una meta clara a alcanzar, un futuro que conquistar. Una especie de sentimiento revolucionario, desde luego no nuevo en la historia, pero sí novedoso en cuanto a su globalidad, se esparció por todas las esferas.

Años duró el reto de conseguir un nivel de renta equiparable en todos los rincones del planeta, resolviendo multitud de problemas aquí y allá, aunque afrontados con un espíritu de globalidad y universalidad, anteriormente desacostumbrado en la humanidad. Aquella meta considerada anteriormente utópica pudo hacerse realidad, y una vez conseguida no se entendía cómo habían transcurrido tantos años sin acometer tal empresa, bálsamo milagroso, antídoto de la conflictividad.

Por arte de magia, el nivel alcanzado tuvo el efecto de desplazar las preocupaciones del hombre desde lo material a otros horizontes. El ser humano empezó a fijarse en sí mismo, a sentirse a sí mismo… Y ello le llevó a apetecer lo que “alimentaba aquella mirada”, lo que “hacía crecer su espíritu”… El hombre debía proveerse, entonces, de otros bienes: ¡los espirituales! Y fue un encuentro con el propio ser, la verdadera naturaleza del ser… Desde allí se divisa otro horizonte: ¡Las cosas están adornadas de otros matices! ¿Quién vio este planeta antes y después del magnífico evento?… Dos planetas distintos bajo una misma “materialidad”.

¡Una onda sutil conmueve el firmamento de uno a otro confín, el sueño esplendoroso del nuevo amanecer!”

(De la obra del autor “Melodía en las estrellas”)

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