Corteza insular y subjetivismo. -Alejandro Álvarez Silva-

La información de los sentidos somáticos, tras hacer escala en el tálamo, es analizada y procesada el la parte de la corteza cerebral correspondiente al lóbulo parietal. “Una parte de esa corteza, llamada área primaria o de proyección somática, recibe la información directamente desde el tálamo y la organiza de un modo topográfico”, siguiendo una distribución espacial que es la misma que posee en el cuerpo: la de un dedo al lado de la del dedo adyacente, la de una mano al lado del brazo, etc. Así que la superficie del área primaria somática de la corteza cerebral puede asimilarse a la de “un mapa sensorial del cuerpo con la forma de un hombrecillo cuyas proporciones corporales no se corresponden con las dimensiones reales del cuerpo, sino con la sensibilidad de cada parte del mismo”. Tal imaginario hombrecillo, llamado precisamente “homúnculo sensorial primario”, posee, por consiguiente, grandes manos y dedos, grandes labios y cara, mientras que un pequeño cuerpo y pequeños brazos y piernas, en correspondencia con la sensabilidad somática de cada parte de dicho cuerpo.

Otra relevante cuestión es que “la importancia de la corteza insular y el sentido interoceptivo no se adivinó hasta que los neurocientíficos descubrieron”, que la parte anterior de esa corteza en el hemisferio derecho del cerebro contiene, además, “una representación de la representación del estado fisiológico del cuerpo que hay en la parte posterior de la misma”. O sea, la parte anterior de la corteza insular funciona como un espejo de su parte posterior, “representando lo ya representado en ella”. “Una metarrepresentación, en definitiva, necesaria para crear la impresión de que los sentimientos corporales que tenemos son de uno mismo, los tengo yo, son míos”. En resumidas cuentas, esa parte insular anterior del hemisferio derecho parece  una parte importantísima del cerebro, necesaria para originar el sentimiento subjetivo que poseemos en cada instante de nuestro propio cuerpo y el estado del mismo, lo que , a su vez, resulta crítico para nuestra autoconsciencia, “para sentir que sentimos”.

También, hay un proceso de “adaptación sensorial que ocurre porque los órganos y fibras sensoriales que llevan los potenciales de acción del cerebro se agotan, es decir, cuando el estímulo permanece constante, los receptores envían menos potenciales de acción al cerebro”: “el cerebro está más interesado en conocer los cambios que se producen en el ambiente que lo que es constante y ya da por conocido”. Tal proceso de adaptación que existe en todos los sentidos, aunque con distinta intensidad, ha contribuido enormemente a la supervivencia de todas las especies animales. Además, la plasticidad de la corteza cerebral origina que los sentidos que más se usan, sean los que acaben “reclutando” más neuronas “para su análisis y procesamiento”.

(De la magnífica obra de Ignacio Morgado titulada “Cómo percibimos el mundo”)

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