Realidad de la función de onda cuántica -I-

(Este artículo está basado en el artículo de Alejandro Álvarez Silva titulado “Ontología de los espacios matematico, probabilístico y físico”)

Hay que decir que los espacios matemáticos son múltiples, abstractos e irreales. El espacio (tiempo) físico, sin embargo, es único, real y objetivo. Este espaciotiempo físico es la estructura fundamental o marco básico del universo.

Dejaré para el final lo relativo a la ontología de este espacio físico.

Como veremos, la diferencia ontológica fundamental entre los tres espacios se refiere a su realidad. Y es que el espacio matemático, como acabo de decir, es irreal (sólo sería real el mimetizado con el físico), mientras que los otros dos son reales: claramente el físico, y desde una aparente “pseudorrealidad” (en realidad -lo justificaré más tarde- totalmente real) el probabilístico.

El cálculo de probabilidades posee dos nociones específicas: la del espacio de probalidades F y la medida Pr.

Existen varias interpretaciones de la probabilidad: la subjetiva basada en la intensidad de la creencia (grados de convicción acerca de nuestra información), y la objetiva, subdividida, a su vez, en empírica (frecuencia relativa de observación) y la fáctica (propensión de estados o sucesos):

Para Mario Bunge (ver su obra Ontología I), “dada la estructura de la función de probabilidad y la interpretación de su dominio F como conjunto de hechos, la interpretación propensivista es la única posible”: “la probabilidad no es una propiedad colectiva o del conjunto, vale decir, una propiedad de F en su totalidad, sino una propiedad de cada hecho individual: su propensión a ocurrir”. También nos dice que: “A diferencia de las frecuencias, las probabilidades sí miden posibilidades reales. Si nos tomamos en serio la posibilidad real, tenemos que rechazar el determinismo estrecho defendido por Spinoza, Hobbes, etc.”

Al llegar a este punto es preciso introducirse en las sutilezas del mundo cuántico, entroncadas hondamente en esta cuestión. En la medida en que aceptamos la física cuántica “debemos reconciliarnos con sus características no clásicas, tales como que, por cada microcosa, la posición es una variable aleatoria con diversos valores posibles, cada uno con su propia probabilidad”. Prosigue Bunge: “únicamente el promedio de esa distribución es un punto preciso y coincide con el valor clásico”, o sea, toda partícula cuántica “posee, en cada instante, una distribución de posición definida, es decir, todo un rango de posiciones posibles, cada una con un peso dado o probabilidad dada”.

El clásico experimento de la doble rendija, y los realizados para probar la llamada no-localidad demuestran que un par de electrones entrelazados -fenómeno cuántico característico- (o cualesquiera pares de partículas entrelazadas) constituyen una sola entidad. Lo mismo sucede con todo fenómeno de entrelazamiento (tres o muchas partículas) que constituyen “una sola entidad” (sin importar lo extendida o “difuminada” que se encuentre en el espacio su “onda de probabilidad” -concepto atribuible principalmente al eminente Max Born- y que podría llegar a ser, por ejemplo, de millones de años-luz). En otras palabras, “la característica distintiva del entrelazamiento se deduce del hecho de que un sistema cuántico compuesto de dos o más subsistemas tiene asociado un estado vectorial de una naturaleza tal que los subsistemas sólo tienen “potencialidades” con relación a los observables, las cuales sólo se materializan cuando se realiza una medición de un observable en uno de los subsistemas”.

De todos los experimentos realizados hasta el presente, se obtiene, sin margen para la duda, el resultado de que los “elementos de la realidad” y la localidad de Einstein no pueden existir si la mecánica cuántica es correcta (que lo es). Como consecuencia: las partículas responden instantáneamente a través de cualquier distancia que las separe  a fin de proporcionarnos los resultados que la teoría cuántica afirma que se obtendrán. En esto consiste la “magia” del entrelazamiento.

(Continúa en sucesivas entregas este Capítulo II de la obra “Multiverso y realidad”)

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