¿Es la emoción un lenguaje? (I)

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¿Es la emoción el equivalente a un lenguaje informático de “ultra” alto nivel?

La simplicidad aparente del “lenguaje” emocional, ¿no encerraría en su interior un críptico mensaje de una complejidad prácticamente inescrutable?

Los seres vivos, desde el punto de vista biológico, son “máquinas”, a nuestro entender, de una complejidad casi infinita. Bien está que su completo control no es dominio, aún en nuestro tiempo, de ninguna consciencia conocida, pero, fuera de toda duda, sí de una inteligencia “inconsciente” de un poderío inconmensurable.

El grado de inteligencia que se “esconde” tras tales mecanismos no deja de asombrarnos, y esa maravillosa inteligencia se identifica con los procesos biológicos “escritos” a cal y canto en el código genético de cada especie. Tal “inteligencia” es el resultado de eones de evolución natural acumulativa, aparentemente “ciega”, en un proceso que condujo al superluminoso final que de continuo va superándose a sí mismo. La “cantidad”, identificada en esa enormidad temporal, ha recalado en “cualidad”, una emergencia: la “inteligencia inconsciente” esculpida en el código (genético) de la vida.

Pero esa evolución no acabó aquí: ¡una nueva emergencia tuvo lugar!… El siguiente paso cualitativo ha sido la emergencia de la “inteligencia consciente”. Bien es verdad que este nuevo salto cualitativo no parece tener la “potencia” que adivinamos en aquella fabulosa inteligencia inconsciente, capaz de haber dado a luz a la complejidad manifestada en los seres vivos, … pero estamos ante “un nuevo nacimiento”… ¡Ha aparecido la conciencia!… Su campo se entrevera sin límite aparente, aunque hoy ¡estamos tan lejos de ello!

Somos un simple balbuceo dentro de aquella poderosa corriente que se pierde en el infinito… ¡Pero hemos empezado!

La “inconsciente inteligencia” es un reino de números, de cantidad, de acumulación (de pequeños efectos)… La nueva emergencia cualitativa, la “inteligencia consciente”, ¿sobre qué reina?, ¿cuáles son sus componentes?… Nuevas propiedades, nuevas cualidades… Creo, intuyo, que su mundo es algo cualitativamente “distinto”, un “nivel superior” cual correspondería al desarrollo discontinuo de esa de esa nueva emergencia… ¡Sus “criaturas” están interconectadas de un modo diferente, en un mundo diferente!… ¡Y ese mundo es el de la emoción!… Ese mundo, en apariencia tan simple, tiene una base extraordinariamente compleja: ¡se cimenta sobre unos “procesos inconscientes” sumamente variados y complicados que reflejan una inteligencia asombrosa, casi milagrosa.

Tras la sensación interna que refleja una emoción, se dibuja un conjunto extraordinario de procesos biológicos “inconscientes”, un grupo de reacciones químicas orgánicas, desconocidas por el sujeto en que se producen, pero sentidas por él. ¡La emoción “flota” sobre un océano de procesos “inconscientes”, pero el “patrón” es el ser (el sujeto de la emoción)… ¡La consciencia, pues, se enseñorea sobre la inconsciencia, una “gran desconocida” de la primera!

El reino de la consciencia no es, por consiguiente, el entendimiento: ¡es el de la emoción y el sentimiento!… La consciencia no ejerce su “dominio” sobre la inconsciencia en base a la inteligencia o el entendimiento, sino en base a la “sensación (consciente)”, y la “emoción” es el apercibimiento de ese “darse cuenta”, de la “captación consciente” del grupo de procesos inconscientes que subyacen y componen un momento presente. El tiempo, pues, aparece como una “cualidad” inseparable de la emoción en esta nueva emergencia.

La “prevalecencia”de la consciencia sobre la inconsciencia, significa, entonces, una “modulación” de los procesos inconscientes (de la inteligencia inconsciente), por esa inteligencia consciente, “emocional”. El símil con un lenguaje de programación (informático) de muy alto nivel es evidente… El programador de alto nivel no tiene porque saber, o dominar, los módulos o parches informáticos (subprogramas) que constituyen el sustrato de tal lenguaje de alto nivel, pero su “trabajo” evidentemente dirige  todos los niveles inferiores, transmitiéndose a lo largo de todos ellos en la elaboración de sus programas.

El ser consciente “activa” un sinnúmero de procesos inconscientes, sobre los que no posee (en la gran mayoría de los casos) la menor idea (entendimiento), simplemente basándose en sus emociones y sensaciones (su lenguaje de programación).

La “emoción” del ser consciente posee en sí la “potencia” o poder suficiente (“cualificación” del programador) sobre los procesos inconscientes, reflejo de una maravillosa y compleja inteligencia acumulada y grabada en el código genético, cual la metáfora del dominio que un programador de alto nivel posee sobre las subrutinas de un programa, que puede ser perfectamente desconocidas para dicho programador.

En consecuencia: ¡La emoción sería para los seres vivos el equivalente a un lenguaje informático de muy alto nivel!

                                                             Alejandro Álvarez Silva

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