La “radicalidad” y la emergencia consciente

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En relación a mi artículo ¿Es la emoción un lenguaje? añadiré más sugerencias al respecto.

-Una metáfora en cuanto a la aparición de la nueva emergencia consciente en los seres vivos sería el de la burbuja o pompa de agua o vapor que se forma en la evaporación de un líquido. Se produce una volatilización e independencia de cada una respecto de la base o superficie del líquido. Existiría un doble sentido desde dicha base a la pompa y desde la “complejidad” de la pompa hasta la base.

-Un factor básico para la “vía” desde la pompa a la base (material), es la entrada en cuestión del tiempo, en particular del “presente” como “aglutinador” unido a la acción de la “voluntad” (consciencia) de ese “nuevo” ser.

-La “emoción” no es más que el síntoma”, la prueba de la aparición de esa emergencia (consciencia), cuyas reglas de interrelación, a partir de entonces, gozarán ya de esa apariencia de un lenguaje de alto nivel.

-En cuanto a la “radicalidad”, más bien “su cambio”, significa que la ilación físico-química de los enlaces de la estructura material a la que “obedece” el organismo sin vida, pasa en cada burbuja o pompa, por entrelazamiento cuántico, al “espacio cuántico” de su unión (que ya no está en cada partícula -átomo, partícula, etc.), burbuja, entonces, independiente de la estructura material anterior -cuerpo-:  y a ésto lo defino como “cambio de radicación” o “radicalidad”. Por consiguiente, la propia pompa se radica sobre sí misma: el espacio cuántico del entrelazamiento. Y lo mismo ocurre entre las otras partículas materiales de la estructura corporal: nuevas pompas vuelven a independizarse de ella, cambiando su radicalidad en dirección a sí mismas… Podría decirse que se pasa de “enlaces químicos” a “cuánticos”, de la materialidad única estructural del cuerpo, a la “radicalidad” múltiple de cada pompa, es decir, de los nuevos sistemas cuánticos ínfimos, nuevas estructuras “radicadas” en sí mismo. Posteriormente se irán configurando nuevas estructuras cuánticas, sobre las anteriores, con nuevos entrelazamientos más complejos.

La última estructura “englobante” podría ser lo que llamamos “yo” (radicada, pues, igualmente, sobre sí misma), caracterizada por una voluntad consciente, su libertad -libre albedrío-, la sensación propia y sus emociones. Por supuesto, los entrelazamientos cuánticos complejos sucesivos tienen su repercusión sobre cada una de las partículas que los constituyen: así se explica claramente la influencia (vía de arriba a abajo) de la emoción, el libre albedrío y la voluntad, sobre los procesos inconscientes del cuerpo.

-Decir que la acción se ejerce en el espectro del tiempo “presente” por la voluntad del ser vivo. Es, pues, el tiempo, como presente, un aglutinador de entrelazamientos, y en cierto modo un “hacedor”, un constructor del mismo: ¡La emergencia de lo consciente es “hija” del tiempo!

Para finalizar, igual que el tiempo quedaría “materializado” en el “constructo” del tiempo -desde el punto de vista del ser vivo, o en relación a él-, el espacio “material” donde se “circunscribe”  ese ser no es el de la estricta materialidad de su cuerpo, sino un espacio abstracto -cuántico- con “conexiones” hacia las ampliaciones definidas en mis tres artículos siguientes: “Reverberancia y matemática”“Prevalecencia cuántica y relatividad” y “¿Y por qué no una mente global?”.

                      Alejandro Álvarez Silva

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