El tiránico papel del inconsciente sobre la razón

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En relación con mi artículo “¿Es la emoción un lenguaje?” (18 y 20 de enero de 2016) en que asimilaba los signos emocionales a un lenguaje de “ultra” alto nivel, voy a desarrollar a continuación ciertas “claves descriptivas lógicas” (a lo que apuntaría el artículo anterior).

La primera clave fundamental en el razonamiento establece que muy en contra de imaginar la consciencia como la acción de una especie de hombrecillo interno del organismo u homúnculo que lo pilota, la consciencia es más bien un ente “pasivo” que como un barquillo en el océano inconsciente parece mecerse a su antojo.

flujo inconsciente-consciente En el gráfico, esto viene reflejado por las flechas que desde el inconsciente se dirigen hacia lo consciente.

Es el inconsciente el que marca la pauta; el consciente se va “amoldando” a los pequeños espacios de libertad que representan los intersticios entre los flujos que provienen del inconsciente y que se le imponen.

Estos “flujos” están representados por los instintos y emociones como “lenguaje” o medio que utilizan las tendencias inconscientes (globalmente “el inconsciente”) en su imposición sobre el consciente. Es decir, el consciente va a “rebufo” de lo inconsciente, como “escapando” de esa tiranía, para poder “asentar” su propio ser. Ser que no aparece perfectamente diferenciado el propio inconsciente, sino como un mero apéndice (en el fondo es puro inconsciente, con una “tendencia” a una diferenciación que le haga propiamente “ser”).

El consciente, pues, es lo contrario al símil del homúnculo citado anteriormente; no es más que un “paciente” que a la defensiva busca su propio espacio.

¿Y cuál es el origen o inicios de esa incipiente “llama” consciente?… Lo curioso es que el consciente no es más que el resultado del conflicto que surge entre las diversas tendencias o flujos inconscientes al constituirse el ser vivo con la clara y cierta unidad que representa como tal. Fruto de esa disparidad de tendencias en un mismo organismo aparece el conflicto que debe ser resuelto a través de una coordinación o conformación, una evolución conjunta o “coevolución”, que no es más que aquel apéndice citado, prístina llama de lo consciente. La consciencia, desde este punto de vista, va solapada a la coordinación de los flujos conscientes, que es en sí una cierta “unicidad” del organismo ser vivo como tal.

Pero esta  coevolución es tanto interna como externa al organismo. Interna como coordinación de flujos inconscientes del propio organismo. Externa en cuanto esa coordinación también incluye los aspectos exteriores del ambiente, del entorno. Aquí aparece una vía epigenética.

Consecuentemente, el ser vivo ejerce cierta influencia sobre el medio (y el medio sobre él) y, únicamente por esta vía indirecta el consciente puede “influir” sobre el inconsciente: ¡Nunca lo consciente de forma directa puede imponerse al inconsciente (es la fallida flecha representada en el gráfico)!

Desde el punto de vista expresado anteriormente se explica lo afirmado en mi citado artículo anterior (“¿Es la emoción un lenguaje?”) sobre la “sofisticación y complejidad del lenguaje de alto nivel emocional”.

De igual forma, a través del flujo completo expresado en el gráfico se explica el eminente papel de la “reflexión” en el crecimiento y evolución de la “consciencia”, ya que en cierto modo, la coordinación consciente, a su vez representa una “recolocación” de los flujos inconscientes, una realimentación que es en sí una reflexión.

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