¿Dónde está la libertad humana? (Un problema metafísico)

night-1189929_640

Pocos son en estos días los artículos que quieran inmiscuirse en asuntos exentos de toda banalidad y que quieran incidir sobre aspectos sustanciales del devenir humano: ¡son temas propios de otra época, casi de los albores del pensamiento racional, no digamos de la misma ciencia-filosofía!… ¡Qué le vamos a hacer, yo sí me muevo en tales lodos, y me siento muy orgulloso de ello!

A algunos les sonará a chino, a elucubraciones sin ningún sentido… ¿Novedoso, también?

Para mí no hay mucha novedad, pues forma parte del “cuerpo” filosófico que siempre he defendido, pero que circunstancialmente requiere de alguna que otra matización, o nueva pequeña aportación.

Sin más preámbulo entraré en el tema que toca.

A estas alturas me inclino por considerar en el seno de la potencia suprema del universo (aquello que de siempre, aunque con distintas acepciones y cualidades, mayoritariamente se nombró “Dios”) todas las leyes físicas que le adornan, y que con la precisión de un reloj se cumplen de un modo absoluto, sin merma de otras propiedades o cualidades que pudiese poseer.

La asunción de todas las leyes físicas del universo por tal criatura, identificación por defecto sin duda, proviene de la propia identificación aristotélica de potencia-acto, en la que sólo su voluntad “ya es”, es decir, la propia potencia es el acto, algo únicamente concebible en tal ser… ¿Su infinitud?… De cualquier modo, para toda criatura finita como un ser vivo, por supuesto incluido el hombre, ante la grandiosidad de magnitudes relativas a tal criatura suprema, de forma absoluta o no, a todos los efectos puede considerarse infinita.

Creo que nos encontramos ante el clásico problema filosófico, yo diría metafísico del infinito y lo finito: ¿Cómo puede existir lo finito ante el infinito, o viceversa, desde lo finito el infinito?

Viene a colación aquí, a mi modesto entender, lo expuesto en mi antiguo artículo “¡Dios mira con los ojos de sus criaturas!” … Y hay una poderosa razón para ello. Aplicando la teoría que expuse en la obra “El tiempo. Una revisión”, el “presente” se identifica con el “haciendo”, la “acción”, esa actividad del observador que “construye” la historia…

Consecuencia: ¡La libertad humana “construye” el mundo, por “decantación” de posibilidades (estados) o probabilidades cuánticas en hechos o sucesos constitutivos, inapelables o únicos!

Primera y segunda afirmación, a saber, “la mirada de Dios” y “la libertad humana”, reflejadas en el espectro temporal “haciendo”, y unificadas a través del mismo (presente), podrían parecer una paradoja… Y no es así, aunque en verdad constituye algo muy notable, yo diría trascendente por su capacidad de poder resolver el enigma filosófico anteriormente apuntado sobre la existencia a la vez de lo finito (cualquier elemento o cosa del universo) y lo infinito (con sus leyes universales) representado por la criatura suprema.

Podemos apuntar, también, que la supuesta paradoja acaba difuminándose al considerar una cierta identificación entre la unicidad potencia-acto del ser supremo dentro de su infinitud, y las configuraciones de los elementos finitos del universo, potencia y acto separados y que definen su finitud.

La unicidad potencia-acto de la criatura suprema se identifica con el perfecto, diríamos “tiránico” cumplimiento de las leyes físicas del universo: ¡no puede haber el más mínimo error, es consustancial consigo mismo!

¡Sólo puede existir la “libertad del ser vivo” en cuanto “constructor” de “realidad”, protagonista de sucesos, de hechos, de acontecimientos históricos! ¡Es el “espacio de libertad” llamado de “elaboración de la historia” (el “haciendo”), que “deja” libre dicha criatura suprema (limitada a la “elaboración y mantenimiento” de las leyes físicas universales), y que hace posible la “libertad humana” (libertad del “observador en la medida”). ¡Aquí está la libertad humana, en el “haciendo”; el ser supremo sólo se limita a mirar, a observar el “resultado” de la “actividad” (“haciendo”) de ese hombre!… El ser supremo, pues, no “realiza” la actividad propia del hombre: “constructor” de hechos, de realidad, de historia…

La “mirada a través de los ojos de sus criaturas” significa dar “protagonismo” a las mismas, dar alas a su libertad, siendo así “responsables de su propia historia… Si no fuese así estaríamos ante una “omnipresencia activa”: ¡Sólo habría verdaderamente una voluntad (la divina) que actuaría en todos los casos y circunstancias, desapareciendo la libertad individual, una predestinación mortecina!

En resumen: ¡El universo entero es conducido por las leyes físicas del ser supremo; la “historia” por los observadores que lo contemplan!

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s