Un simple sueño, ¿y una nueva teoría de la mente?

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Sueños lunares

La experiencia más simple (y sorprendente) que jamás he tenido. Después de más de sesenta años, con un tercio de ese período fuera de la vigilia, ¿cómo es posible que aparezcan ensoñaciones, imágenes o ideas que no dejan de sorprendernos?

Algo en apariencia tan sencillo como “caer en la cuenta”, o a secas “darse cuenta” de que el que sueña (yo mismo) es “observado” desde fuera, aunque en buena ley no sé bien por quién. No siendo él mismo el observador, y sí un “otro”, ello encierra en sí una trascendencia que ni yo mismo adivinaba.

Después de tal apercibimiento, surgió de inmediato la pregunta:  ¿Si en la vigilia la sensación propia de pertenencia es inseparable de la del propio observador, cómo puede concebirse en el sueño aquella disociación?

En concreto, la experiencia fue que al observar, dentro del sueño, al que sueña (sigo, en principio, sin identificar por parte de quién) definido éste por aquella sensación interna de permanencia, me dije: “No quiero estar (sentir) con “el que sueña”, quiero volver dentro de mí”. Ese simple “movimiento” volitivo me hizo “volver a mí”, y su efecto inmediato fue la desaparición por arte de magia de la “imagen del que sueña”: ¡Dejé de sentir desde la perspectiva del que sueña, puesto que desapareció en mí hasta la propia conciencia de lo que estaba soñando hasta ese momento!

Hasta aquí la experiencia, ¡en apariencia tan sencilla y que, no obstante, necesité más de sesenta años para llegar a ser “consciente” de su trascendencia!… ¡El acceso a los contenidos “conscientes” o explicables de la introspección es altamente difícil, casi inescrutable, cual si no hubiéramos encontrado hasta el presente la vía adecuada para su estudio!

Sería curioso que una experiencia tan simple pudiera llegar a considerarse una de las llaves para abordarla.

A partir de aquí, del hecho en sí, debe nacer el intento de dar una explicación, mejor una hipótesis sobre el estado de ensoñación y su relación con el de la vigilia.

Hace tiempo elaboré una teoría o definición de la vida, procurando que fuese lo más amplia posible, y la resumí como “aglomerado sensación-información”, o también de “sensación-entendimiento”. El observador va unido a la información o el conocimiento/ entendimiento. Pero también el observador (generalizando) está sujeto a la sensación. El ser vivo es ese aglomerado sensación-información, esa doble composición, al menos en el estado de “vigilia”. Pero, ¡y en el sueño?… Parece que aquí se origina una disociación entre esos dos ejes, permitiendo al sujeto “moverse” en variados escenarios, como en una especie de banco de pruebas “irreal”, cosa harto difícil en el estado de vigilia.

No es extraño, entonces, que los ¡eureka! de los grandes descubrimientos hayan sido alcanzados en multitud de ocasiones en estos estados de ensoñación.

Volviendo a la experiencia, que por su simplicidad tanto me ha impresionado. De ella se desprende que pueden “disociarse” la sensación interna del conocimiento. Hay como un “yo” que puede observar al “ensoñante”, pero el que siente es este último, o sea, la sensación puede disociarse del “yo”, pero el “yo” es capaz de atraer hacia sí (como demuestra la experiencia) esa sensación interna, y con ello “destruir” las distintas imágenes que se presentan en el sueño, que serían como especie de distintas personalidades que son creadas en tal estado. Esto da la oportunidad de que el “yo” pueda “equiparse” con distintos “trajes” que le permiten convivir con distintos escenarios, experimentar estos últimos y así enriquecerse con distintas experiencias de “prueba y error”.

No es extraño, dada esta ampliación de posibilidades, que en dicho estado pueda sobrevenir el encuentro con verdaderos descubrimientos, base de ¡eurekas! sucesivos.

Yo apuntaría que hasta en el estado de vigilia el esfuerzo aplicado al intento de disociarse, dentro de lo posible, el entendimiento de la sensación es un método eficaz para incrementar el conocimiento. (Es indudable que el anular en cierto sentido las sensaciones negativas, incompatibles con la “paz interior”, es una catapulta que en multitud de ocasiones conduce al advenimiento de un entendimiento mucho más profundo y enriquecedor).

Pero, ¿cómo puede ser posible esa “separación” entre entendimiento y sensación, algo que parece ir en contra, como dije anteriormente, de la propia definición de vida (lo cotidiano en el estado de vigilia)?

Pues bien, propongo acudir al concepto de neuronas “espejo”. Gracias a las neuronas espejo puede explicarse el fenómeno de la “empatía”: “La sola observación del comportamiento de un semejante produce en nosotros una rememoración del sentimiento que embarga al mismo” (algo extensible a los simios).

Entonces, en una cierta reciprocidad al respecto, la evidencia de la aparición de un sentimiento en nosotros al observar el comportamiento de otro individuo, nos hace “suponer” la existencia de ese mismo sentimiento en aquel. Y aplicando esto mismo al caso que nos ocupa del sueño, ¿por qué no suponer esa misma “asignación” sentimental a la imagen que surge en el sueño?… La imagen es “el que sueña”, que por ese “efecto espejo” siente en sí mismo la circunstancia del entorno en el que se desarrolla el sueño, produciéndose “virtualmente” esa separación entre el observante (el observador) y el observado, “el que sueña”. La ausencia de elementos externos percibidos por el durmiente, potencia la posibilidad de trasladar a la imagen del actuante en el sueño, la “sensación” del durmiente como en un espejo, pero este último conserva el “entendimiento” del observador: ¡El desdoblamiento ente “sensación” y “entendimiento” se ha hecho posible!

En marzo de 2014 se hizo pública la experiencia de unos científicos que utilizando realidad virtual sobre varios voluntarios crearon en ellos la ilusión de percibir desde fuera su propio cuerpo. Fuera del cuerpo nos falla la memoria para poder almacenar recuerdos de nuestras vidas, necesitamos percibirnos en nuestro  cuerpo.

En la teoría de la mente habría que señalar o añadir que la vida en vigilia se caracterizaría por ese aglomerado indisoluble de sensación-entendimiento, mientras que en el sueño la vida puede manifestarse en diferentes estados de sensación y entendimiento, separados entre sí.

¿Podríamos afirmar, por consiguiente, que la simple experiencia de este sueño, y su volición interna, podrían ser la llave para la construcción de una nueva teoría de la mente?

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