Yo sí soy radical: ¡Prudencia!

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Estamos en este país ante un período de tiempo en el que lo radical es la prudencia, la moderación. ¿Y por qué digo esto?…

Precisamente porque parece que la normalidad radica ahora en el cambio, una tabla rasa hacia lo desconocido… ¿Cambio hacia qué? ¿Camino hacia dónde?… ¿Hacia el precipicio?

“Como hasta ahora todo ha sido malo, sólo podemos ir a mejor” -Se dice.

Craso error: el “fondo” es inescrutable… Y la historia, tristemente para nuestro país, fácilmente puede repetirse.

Lo dicho, la normalidad en España en estos tiempos, parece ser lo que sería “anormal” en cualquier otro: ¡El extremismo campa por sus respetos”… Con una salvedad: en nuestro país, la tendencia, al contrario de lo que ocurre en otras naciones europeas que ven crecer partidos de ultraderecha, es hacia partidos de ultraizquierda. Totalitarismos de uno u otro signo de cualquier forma. ¡El país se escora hacia nacionalismos, anarquismos y ultraizquierdas! ¡Esa es la triste “normalidad” presente hoy en España!

Pues si tal es la normalidad que nos rodea, entonces ¡yo sí soy radical en mis planteamientos!: ¡Contra la normalidad “ultra”, abogo por la prudencia, la moderación!

Dados los antecedentes históricos de nuestro país, no tan lejanos, y la para mí desgraciada y abortada II República, la guerra civil y la tremenda posguerra, deberíamos hacérnoslo notar. Es imprescindible que una vez por todas nos acostumbremos: por el bando de los “ganadores” a que los privilegios como tales son anacrónicos y han dejado de tener ya ningún valor ni justificación; por el llamado bando de los “perdedores” a dejar de intentar ganar en la paz una guerra que la historia ha zanjado como “perdida”, por consiguiente, no debe existir ya cualquier atisbo de “complejo” que lo justifique. ¡Los españoles, todos sin excepción, somos iguales ante la ley y en todos los aspectos desde la implantación de la Constitución del 78! Precisamente tal circunstancia, muy posiblemente, explique la diferencia entre las tendencias “ultra”de nuestro entorno y el de los otros países europeos vecinos; sin ir más lejos, la negativa del PSOE actual a la llamada “gran coalición” con PP y Ciudadanos podría ser explicada desde esta perspectiva.

Si a la última consideración, para nada intrascendente en los momentos actuales, unimos la presencia de otros partidos como Podemos cuyo ámbito de actuación parece asentarse en planteamientos “antisistema” (es más, propugna, presuntamente, un “cambio” de arriba a abajo de toda la “arquitectura política” del propio sistema), ¡la tormenta perfecta gravita sobre nuestra “cerviz”!

La cuestión es: ¡Tanto ansiamos el “cambio” que nos compensa poner en cuestión o riesgo los logros alcanzados por nuestro país en las últimas décadas!

¿Se nos ha olvidado cómo era nuestra España hace no tantos años?… Un país tercermundista, atrasado en todos los órdenes, social, político o ideológico, al que no había llegado la revolución industrial, bastante alejado del nivel que poseían las otras naciones europeas vecinas.

Nuestra democracia, mayor sistema de libertades que nunca tuvimos, ha tenido un largo parto, desde su asombrosa implantación desde la dictadura franquista (hecho digno de imitar en el ámbito mundial), tras un golpe de estado fallido, hasta su inclusión en el marco de las democracias europeas representado por la UE… Y este mérito hay que repartirlo a partes iguales tanto entre políticos de izquierda como de derecha pertenecientes a varias generaciones de españoles.

¿La “nueva” generación será capaz de “malgastar” tal cúmulo de esfuerzos y de éxitos ante el simple hecho de la aparición de una crisis que ni ha sido única ni tan aberrante como algunos la presentan?

¿Qué hay que salvaguardar sobre cualquier otra circunstancia?…

En mi opinión, la Libertad con mayúsculas. El valor primordial de la democracia es la libertad en todos los órdenes, y esa libertad que supone el derecho de cualquier ciudadano a equivocarse y rectificar, debe ser preservada “por encima de cualquier otra circunstancia”.

Y aquí enmarco la Prudencia: ¡Cualquier grupo político que encierre en sí un germen “totalitario”, ni siquiera debiera poderse presentar en unas elecciones!

Sólo termino con unos ejemplos al respecto que no requieren más explicación:

La URSS de Stalin

El III Reich hitleriano

El Fascismo italiano

¿Podríamos añadir, también, el régimen bolivariano  o comunismo del siglo XXI?

One comment

  1. Muy de acuerdo y muy bien explicado históricamente. Postear sobre temas candentes como la política puede resultar muy polémico pero con un marco democrático de verdad que nos englobe a todos no debería ser tan polémico cómo llegar a acuerdos.

    En mi opinión la raíz del problema son los prejuicios y, concretamente este tema, los estigmas radicales de los ideales. Algo que también he dedicado un par de posts en el apartado reflexiones.

    Saludos y buenas noches!

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