La consciencia como demiurgo

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El tiempo no es el protagonista (el actor principal); lo son los sucesos o acontecimientos (medida -su posibilidad). Así, la condición necesaria para la existencia del tiempo son los hechos. Todo intervalo de tiempo precisa de un hecho origen y otro hecho final (para ese intervalo). Si no hubiese hechos o acontecimientos, pues, no existiría  el tiempo. Diríamos que el tiempo es un “modo” para diferenciar los hechos entre sí; otro de diferenciación es el “espacio” con sus propias dimensiones.

Cuando definí el “tiempo creativo” establecí la prominencia absoluta del observador (que iría aún más lejos que la del observador relativista). Y es que desde el observador, a la hora de hacer cálculos y medidas, debe asignársele el valor cero (nulo) tanto en el tiempo como en el espacio.

En el tiempo, que es lo que estoy abordando ahora, los tiempos deben asignarse desde el instante presente (cero) del observador. Los hechos anteriores a la circunstancia presente del observador constituirán el pasado, que por cierto no se prolongaría hasta el infinito negativo, sino hasta el hecho anterior más antiguo, según la ciencia, el propio Big Bang.

El futuro (ver el “tiempo creativo“) queda definido por todos los hechos que desde la perspectiva del observador están por hacer (por él u otros agentes).

Paradoja: Con el tiempo así definido, la ausencia de observadores equivale a la ausencia de hechos, y la inexistencia del tiempo como tal, por ende del mismo universo.

El panorama sería el siguiente. El universo hasta la aparición del primer observador (conciencia, o consciencia de tal circunstancia, lo que equivale a un cierto nivel mental) sería simplemente un “receptáculo” de potencialidades, estados no definidos con sus correspondientes probabilidades de existencia, pero sin la concreción que significa la realidad. La realidad queda configurada, o parece devenir a la existencia cuando aparece la mente del observador (ser con capacidad para medir, un “darse cuenta” en el fondo); desde esa atalaya y en relación con su actividad (mental o física), empiezan a establecerse (por ese observador) hechos o acontecimientos pasados: “puede escribirse una historia”. Los acontecimientos van remontándose entonces hasta el pasado más profundo, es decir, el mismo Big Bang.

Consecuencia de enorme trascendencia: Sin la aparición de la conciencia el universo no sería tal. El despliegue universal posee un motor, que son las mentes y consciencias de sus “observadores”. ¡En el fondo las consciencias crean el universo!

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