Las Ciencias y su necesaria renovación

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¿Qué es lo más preciado por el hombre?, y cosecuentemente, ¿qué es lo que verdaderamente más necesita el hombre?

Los logros alcanzados por la técnica humana no dejan de provocarnos asombro: ¡Casi “milagros” para las personas que vivieron hace cien años! Pero, ¿eso lo es todo? ¿En verdad, se siente la persona íntimamente satisfecha con tal “progreso”?

Evidentemente, como vulgarmente se dice, todo es relativo al qué y al quién, es decir: si se tiene acceso a tal tecnología, si se parte de un nivel claramente deficitario, etcétera.

Mas, cada vez hay más gente insatisfecha con el “carácter” de ese progreso, de un desarrollo que a veces se expresa como la metástasis del cáncer.

Solemos distinguir dos polos dentro de tal progreso: el material, que definimos como el acceso a bienes y productos materiales; y el espiritual que trasluce los aspectos cualitativos del mismo.

Las naciones que son consideradas como las más desarrolladas poseen mayores “comodidades” que son proporcionadas por la abundancia de “cosas” materiales. Pero, ¿en el mismo nivel sus ciudadanos se sienten “satisfechos” en un sentido más global, más holístico? La respuesta se orienta más al no que al sí… ¿No está lo suficientemente claro que falta “algo”?

En mi opinión, el “abandono” de aquel polo espiritual que frecuentemente ocupaban las doctrinas religiosas, y a veces ciertas corrientes políticas, ha dejado un vacío que no aciertan a ocupar esos otros logros materiales, que el progreso técnico proporcionó.

El método científico, base del desarrollo técnico, ha supuesto una indudable ventaja en la batalla por el dominio del entorno, del medio natural, etcétera, pero debemos ponernos en guardia ante su encumbramiento en el podio de la infalibilidad: ¡de la fe de la religión a la fe científica!

La Ciencia necesita un punto de modestia, algo que le haría mucho bien, desde luego más que mal. Si por un lado se le agradece una verdadera limpieza de mitos, milagrería y engaños varios, por otro, nada menos que nos ha dejado huérfanos del asidero que suponía el mundo espiritual o religioso ante fuerzas o simplemente temores que el hombre, por ser tal, siempre ha tenido y seguirá teniendo (siempre habrá algo superior a él).

Modestia necesaria que aconseja su renovación ante su tremendo fracaso ante cuestiones clave para el ser humano como son: una explicación de la emergencia de la conciencia y su verdadera esencia; la aparición de la vida y lo que verdaderamente es; la esencia de la voluntad, el libre albedrío, la emoción y un largo etcétera.

Lo dicho, falta modestia y menos fe ciega, que aconseja un cambio de rumbo en la Ciencia para incluir entre sus prioridades todo lo que en verdad más necesita el hombre, que tiene que ver con lo anteriormente expresado, aún cuando nadie discuta el indudable valor de esa Ciencia.

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