Ciencia y Vida, paradójica relación

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En el artículo de este mismo Blog “La Ciencia y su necesaria renovación”, especulé sobre la necesidad de que la Ciencia redoble sus esfuerzos para la resolución de incógnitas que se plantea el ser humano y que en verdad constituyen lo más “preciado” por el hombre, y que al final e individualmente nos afectan a todos como criaturas con fecha de caducidad, y que además lo saben.

Nuevamente el hombre vuelve a plantearse lo que siempre fue su anhelo, a veces una obsesión: ¡la búsqueda de algo más allá de su limitada existencia terrena! De ahí que sean claves cuestiones como la que supone la esencialidad de la vida, la conciencia, el “entronque” entre sentimiento y corporeidad material, etcétera.

La que se considera la ciencia más “pura” (si tal concepto puede, hoy día, sostenerse), la físico-matemática, nos da una descripción  del mundo en la que no parece que pudiera existir algo como una “materia sentiente” y un mundo de cualidades, “qualitas”, del que sí nos da fe la propia filosofía. Pareciera que existiesen dos mundos completamente separados… Se intenta soslayar tan sustantiva cuestión acudiendo a conceptos en verdad un tanto oscuros, como la “emergencia” desde la “sopa” material de nuevas propiedades que en conjunto nombramos con el denominador común de “fenómeno vital”. Y no se´, ciertamente, de dónde procede la supuesta preponderancia de lo material, las abstracciones físico-matemáticas, sobre ese otro mundo de “cualidades” bajo la justificación de “procesos emergentes”. ¿Por qué no proceder al contrario? ¿Por qué no tomar como principio el hecho cierto de la vida, y desde allí descender a la “materialidad” de la sobrevalorada ciencia físico-matemática?

Bueno, voy a quedarme en medio. Propongo no dar prioridad ni a uno ni a otro, o mejor, a los dos. Todo dependería del interés en abordar uno u otro tema. A veces será mejor partir del sustrato físico-matemático; otras veces partamos de la vida y sus atributos: consciencia, voluntad, libre albedrío, sensación, sí-mismo, etcétera. ¡En igualdad de condiciones!

Por ejemplo, un corolario respecto a la cuestión. El mundo cuántico fuera de su precisa formulación matemática, se adorna de diversas “interpretaciones” que más parecen el reflejo de los prejuicios filosóficos de cada uno de los proponentes de las mismas (sin ir más lejos, la cerrazón del propio Einstein a la admisión del azar en el propio corazón del mundo cuántico).

Pues bien, a mi parecer, si esto es así, ¿por qué no elegir -yo también “arrimo el ascua a mi sardina”- la interpretación más acorde con el fenómeno de la vida tal como lo conocemos?

Y es que lo curioso es que la interpretación más clásica de la Cuántica es la que mejor se aviene a esa conexión, o congruencia con la vida y la conciencia. Me refiero a esa “concreción” de realidad (en cierto modo, verdadera “creación” de realidad) que supone la intervención de la conciencia del observador en la realización de una medida y la congelación o transformación en “sucesos” de las distintas potencialidades que son en sí los estados cuánticos.

Recalco lo expuesto. Hay que adoptar las hipótesis, dentro de cada uno de los “mundos”, material y vital, que posean más claramente la virtud de la CONGRUENCIA: ¡Es la vía más adecuada para el inminente desarrollo futuro de los dos mundos, para la simbiótica cooperación entre Ciencia y Filosofía!

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