Lo más sustancial para el hombre (III)

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Echando raíces

Sería preciso que al llegar a esta parte (III) del artículo, aclarase que mi propuesta acerca de la preservación y desarrollo de la “parte subjetiva” de la persona no significa la adhesión al puro idealismo más o menos matizado, sino que como quisiera describir en unas pinceladas sobre el trabajo de Francisco Garrote Pérez “La oposición realismo/idealismo en la literatura” (i), sí me adhiero a ese análisis de la realidad sensible dentro del proceso interactivo sujeto/objeto, verdadero inicio del conocimiento. En sus palabras: “Lo fundamental es la relación mutua entre ambos mediante los sentidos y el juicio de la razón”.

De esta forma el conocimiento no sería dual (al estilo de Descartes), sino íntimo, vivencial, “una experiencia interior”, a la cual estaría unida la posibilidad de la autotrascendencia (i). Para Garrote, esta perspectiva lleva a descubrir una cierta relación entre lo que podían considerarse tres niveles: “realismo”, “idealismo” e “hiperrealismo”.

También, juega que la experiencia pone en funcionamiento la conciencia, o la experiencia de darse cuenta o del despertar a realidades superiores en base del proceso unitivo (visión holística).

El hombre total o completo sería “el que busca la plenitud de su realización mediante una progresiva evolución a lo largo del tiempo que partiendo de lo real conduce hacia el punto theilardiano omega que conecta con la eternidad”. Es decir, en él conviviría tanto lo material como lo espiritual, lo propiamente humano con su elevado horizonte trascendente. Para él, el “humanismo neoplatónico”, en el que coincidían todas las tradiciones míticas, la llamada “filosofía perenne”, la antigua sabiduría y hasta la misma Biblia. En su opinión, es lo mismo que propone la moderna psicología transpersonal o la interpretación (de Copenhague) más usual de la física cuántica.

También hace mención de la versión neoplatónica de Plotino. En la interacción hombre/mundo, el objeto impresiona el sentido y transmite la impronta a la razón convirtiéndose en imagen, que analiza la razón, emitiendo los pertinentes juicios sobre ella, a la que añade las nociones provenientes de la idea universal.

En el momento en que hay imágenes, surge la conciencia como medio del conocimiento, pero ya como una comprensión interior, íntima, en que sujeto y objeto se identifican. La iluminación de la imagen por la idea es un principio de unidad, y el conocimiento, entonces, es más clarividente que el conocimiento racional, de lo material a lo espiritual, el “acto del despertar” a la trascendencia (la mente divina).

Para Garrote, “el satisfacer la trascendencia del hombre, exige aprovechar el conjunto de potencialidades que forma parte de la naturaleza psicológica de ese hombre,  las cuales se integran dentro de lo que se conoce como espiritualidad humana” (ii).

La nueva vía de la psicología transpersonal exige abandonar el exclusivismo de la razón, para una unión entre lo racional con lo lo intelectual y volitivo, como direcciones complementarias para el desarrollo del hombre “completo”. Para Maslow en su teoría de las necesidades, el hombre es un “proyecto de realización” hacia la cima de la satisfacción de todas sus necesidades: fisiológicas, de seguridad, de amor y pertenencia, de estima y de realización.

Realismo e idealismo se integran en un mismo proceso intelectual de conocer el mundo e interpretar la realidad.

Cuando el individuo ha alcanzado un nivel determinado de desarrollo y crecimiento personal, comienza a sentir dudas, planteándose preguntas existenciales que “inevitablemente le obligan a ir en pos de la trascendencia”, por ello el hombre siempre ha buscado una respuesta adecuada, concordante con la evolución de la civilización, a través de las creencias, los mitos, los dogmas, etcétera, que han ido encaminados a “aplacar la inseguridad ontológica generada por tal ansiedad o angustia”.

De mi “pecunio” añado (iii) que la historia de la propia evolución indica que el “desarrollo humano” va en línea del crecimiento de la objetividad (científica y técnica), y nunca al revés, que en verdad significaría un claro retroceso, es decir, lo puramente metafísico no debe prevalecer sobre ese desarrollo científico/técnico, que hasta el presente ha significado un “progreso” para la sociedad humana, mas, y esto lo recalco claramente, el hombre necesita igualmente de ese otro mundo metafísico o espiritual (filosófico, religioso, etcétera) sin el que la “angustia cósmica” acabaría dominándole.

“El horizonte metafísico, el paradigma humanista, debe, pues, estar siempre presente, y se me antoja, no sólo eso, sino hasta “indirectamente” dirigir, en cierto sentido, esa Ciencia/ Tecnica”.

Artículos del Blog relacionados con el tema:

(i)  Lo sustancialmente humano (2ª parte)

(ii)                     ”                               (3ª parte)

(iii)                    ”                               (4ª parte)

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