La cuántica al rescate (II)

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Fotosíntesis

El segundo descubrimiento al que me referí en la (I) parte del artículo, expuesto en la revista del MIT (ver mi obra “Vida y mente”), hace referencia a la sugerencia y después confirmación de que el formidable proceso fotosintético es también un proceso cuántico.

“Así lo puso en claro un estudio realizado por investigadores del Departamento de Energía del Lawrence Berkeley National Laboratory.

Como sabemos, la fotosíntesis consiste en una serie de procesos por los que las plantas y cianobacterias captan energía luminosa, transfiriéndola a los centros de las reacciones moleculares, convirtiéndola en energía química de forma casi instantánea y con una eficiencia de prácticamente el 100%.

Y es que obtuvieron evidencias directas de que la “coherencia cuántica” electrónica ondulatoria juega un importante papel en tal proceso de transferencia energética.

Según el primer responsable de la investigación, Graham Fleming, las características ondulatorias del fenómeno de coherencia cuántica podría explicar la gran eficiencia de la fotosíntesis, al poderse probar simultáneamente todos los “caminos” o posibles vías de energía potencial antes de elegir el más eficiente de ellos.

El equipo de Fleming consiguió detectar, por medio de mediciones electrónicas espectroscópicas a una escala de femtosegundos (un femtosegundo es la milbillonésima parte de un segundo), señales cuánticas u oscilaciones electrónicas coherentes, tanto en moléculas donantes como receptoras, generadas por excitaciones energéticas inducidas por la luz. Y tales oscilaciones se encuentran y se interfieren, formando movimientos ondulantes de energía (superposición) que exploran todas las vías de energía potenciales de manera simultánea y reversible, eligiendo las de mayor eficiencia energética.

Estas investigaciones han sido posibles gracias al desarrollo de una técnica denominada “espectroscopía electrónica de dos dimensiones”, que permite observar el flujo de excitación energética provocada por la luz en complejos moleculares y con una asombrosa resolución temporal.

Tales experimentos han demostrado que los procesos de transferencia energética implican una coherencia electrónica mucho más intensa de lo que se esperaba, lo que significa que tal proceso es mucho más eficiente de lo que clásicamente se imaginaba.”

Mucho más actual son los recientes descubrimientos descritos en el artículo de este Blog: “Coherencia cuántica a temperatura ambiente”.

Por último citar que la hipótesis Hameroff-Penrose especula que el “soporte físico” de la sensibilidad-conciencia en los seres vivos debería hallarse en las propuestas cuánticas más primigenias de la materia.

Si tal hipótesis se cumpliera, sería más fácil entonces entender “que las propiedades de campo de la materia fueran el soporte de las propiedades holísticas del psiquismo y, al mismo tiempo, su indeterminación fuera igualmente un soporte apropiado para la indeterminación, apertura, libertad de la vida y del hombre”.

En sus palabras: “La materia tiene la propiedad de producir “sensación”, la única forma de explicar por qué el universo ha producido la vida y el hombre”.

La hipótesis Hameroff-Penrose supone que “nichos de materia en estado cuántico” -¿bosónica?- se hallarían en el interior hueco de los microtúbulos -estructuras filamentosas formadas en el citoesqueleto de todas las células con variadas funciones evolutivas.

Una de estas funciones sería producir sensación y “estados de conciencia”. Por acción a distancia no local (los llamados efecto EPR) entrarían en interacción por coherencia cuántica, formando sistemas complejos de neuronas en el cerebro.

“En estado normal los microtúbulos estarían en el estado de superposición cuántica (indeterminación ante una variedad de estados posibles). En el momento de su participación en una actividad psíquica (por ejemplo, ver una imagen) los microtúbulos dejarían la superposición y sufrirían la “reducción objetiva” o colapso de su función de onda a una vibración determinada que entraría en coherencia cuántica en el sistema de microtúbulos que participan en esa actividad.”

Tal “actividad cuántica estaría relacionada con las redes neuronales macroscópicas, y la bioquímica interior a la neurona”, de una forma ascendente (por ejemplo, ante una imagen exterior), y descendente (por ejemplo, cuando el pensamiento está dirigiendo el movimiento).

A partir de los experimentos descritos y otras evidencias, puede deducirse, entonces, que los fenómenos cuánticos aparecen en los procesos vitales, pero ¿la propiedad vital de la psiquis puede, igualmente, influir sobre la materia?

En la siguiente parte del artículo indagaremos en las distintas “interpretaciones” de la Física Cuántica y su relevancia en el complejo fenómeno vital, orientándonos por la ansiada búsqueda de la congruencia entre Física y Vida (materia física y sensibilidad).

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