La integral de caminos de Feynman

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Consideraciones de orden ontológico

Nunca agradeceremos suficientemente a Richard Feynman su enorme contribución a la Electrodinámica Cuántica, donde su método de cálculo ha aliviado enormemente el trabajo de físicos y matemáticos en la inmensa labor de obtención de datos requeridos para el cálculo de trayectorias en las interacciones entre partículas, necesarios para adecuarlos a los experimentos, que hasta entonces eran muy farragosos y complejos. Además, sus diagramas han pasado a ser insustituibles en muchas áreas de la Ciencia.

Ahora bien, lo “cortés no quita lo valiente”, esa indudable aportación práctica no quita, en mi opinión, las nada saludables consecuencias que ha traído su influencia en el ámbito ontológico y teórico de la Física Cuántica.

La teoría de los muchos mundos de Everett tiene mucho que ver con las ideas que Feynman estableció como base para el desarrollo de su “integral de caminos”.

Me refiero a la consideración de la “realidad” de todos los caminos que contribuyen a la conformación de su onda cuántica. Esa realidad y determinismo de la totalidad de caminos, tomados individualmente, opino que encierra un tremendo error cuyas consecuencias hemos arrastrado hasta hoy día, y que ha sido la base de la hipótesis o teoría de los muchos mundos defendido por Everett, Micho Kaku y otros autores. Es más, en un momento determinado reciente hasta ha sido la más popular de las interpretaciones de la MQ, al menos en ciertos ambientes científicos.

La exactitud de resultados obtenidos con la aplicación de la “integral de caminos”, tan cercana a las medidas experimentales, de ningún modo avala el determinismo o realidad de cada una de las vías o caminos que conforman la onda global, origen del gran error al que apunto.

Es, por el contrario, ese logro de “mimetismo” entre el experimento y la teoría, el que asienta un axioma que debemos tomar básico en la Teoría Cuántica, de acuerdo con las ideas de Max Born: “la realidad de la función de onda cuántica”. La función de onda cuántica en su globalidad, basada en los “invariantes de observación” de Born, es real (un tipo de realidad algo distinta, o débil). La realidad de cada uno de los “caminos” que la componen es una simple suposición que de ningún modo parece avalada por la experiencia, y que en el orden teórico conduce a hipótesis tan extravagante como la multiplicidad de universos “ad infinitum”.

Los enormes logros y la exactitud de la Electrodinámica Cuántica, reitero, precisamente, avalan la base teórica de la hipótesis de Born acerca de la realidad de la función de onda cuántica, fuera de toda duda, pero de ninguna manera justifican la suposición de la realidad de sus componentes individuales o caminos. Claro está, todo ello solo puede ocurrir en el marco del mundo cuántico debido a sus especiales características, que nada tienen que ver con lo que podría esperarse en mecánica clásica, lo que da pie, precisamente, al error en que, reiteradamente, caen los defensores de la hipótesis de los muchos mundos (o multiverso).

La aplicación de un determinismo clásico en un mundo que es puramente cuántico, sólo tiene la salida de la hipótesis de la proliferación de mundos “clásicos”, algo más increíble que lo que se trata de evitar.

Ahora, con el fin de clarificar aún más lo expresado, procederé a presentar un nuevo enfoque.

Los mundos “comprendidos” dentro del concepto de “integral de caminos” de Feynman, podríamos estudiarlos haciendo uso de la “intersubjetividad” obtenida a partir del criterio de “invariantes de observación” de Born, en el sentido que explicaré a continuación.

Imaginemos que ese “mundo de la integral de caminos de Feynman” quede encerrado idealmente dentro de una “caja” al estilo de la de Schrödinger con su gato vivo y muerto en su interior. Por ser más  claro, sustituiré el gato vivo y muerto por Alicia y Bob (personajes tan recurrentes de los cuánticos). Pues bien, podemos considerar sustancialmente tres sujetos u observadores: uno exterior a la caja, digamos Pedro; y los otros, Alicia y Bob, en su interior.

Las observaciones de Pedro pueden enmarcarse en las obtenidas aplicando la integral de caminos de Feynman (casi coincidente con la trayectoria clásica).

Pero el “camino” sobre el que cabalga Bob es lo real que le indica su propia presencia en él, y por la “intersubjetividad” de Born tal “objetividad-intersubjetividad” tiene que imponerse en todo el universo, es decir, para todos los observadores (incluidos Pedro y Alicia). Lo mismo puede decirse respecto al camino seguido por Alicia: ¡Todos esos caminos son reales!

Nos encontramos con la misma paradoja del gato de Schrödinger. ¿Cómo se desvanece la paradoja?.. Simplemente porque la “realidad” de cada uno de los observadores es excluyente de las de los otros.

Si uno de ellos es “consciente” de esa realidad, ésta se impondrá sobre las demás: ¡Sólo una de ellas será real!

Todo descansa sobre la “subjetividad” de cada observador: ¡él es el que “crea” esa realidad!.. La paradoja no existe, !pues sólo uno de ellos crea la realidad que se impondrá sobre los demás!.. Si Pedro está midiendo de acuerdo con su “integral de caminos”, ni Bob, ni Alicia podrán existir: ser “reales”. Lo mismo podemos decir de Bob y Alicia.

¡Como otras veces, una formulación matemática precisa, no ayuda a resolver el problema de raíz ontológica que subyace a la teoría!

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