Una cuántica para la vida (II)

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El espacio probabilístico

Sabemos que en la interpretación de Born de la función de onda de Schrödinger, las ondas de la mecánica ondulatoria se convierten en “ondas de probabilidad”. La reiterada repetición de un experimento nos permite fijar la probabilidad de un resultado y consecuentemente, su carácter invariante dentro de unas mismas condiciones experimentales. “Las ondas de probabilidad son invariantes y, en consecuencia, reales”. En el caso de las ondas el criterio de realidad objetivo es aplicado a la probabilidad.

Born consigue de esta forma compatibilizar la dualidad onda-corpúsculo gracias al concepto de probabilidad: emplea el concepto de partícula para hacer referencia a objetos a través de observables, y el de onda para determinar la probabilidad de que un observable tenga uno de los valores posibles si se realiza una medida. Así, no hay relación de exclusión entre los aspectos corpusculares y ondulatorios de los fenómenos; la dualidad no integra elementos incompatibles. Ahora bien, el primero de los aspectos (el corpuscular) cobra mayor protagonismo.

Cuando un electrón en su forma de núcleo de probabilidad “pretende moverse de una órbita a otra se comporta al principio como si salpicara una gran región del espacio desplegando omnipresencia en muchas órbitas” (Danna Zohar en “El yo cuántico”). Y apostilla Ana Cecilia Clavijo en su artículo “Problemas epistemológicos en torno a la Física Cuántica”: “Este proceso puede traducirse de la misma forma como si nosotros aplicáramos de forma simultánea la misma idea en diferentes lugares para conocer las consecuencias. En esta nueva física la tendencia del electrón es a presentarse de forma simultánea y en todas direcciones”. En conclusión: “A nivel cuántico la materia no existe con certeza ontológica, sino más bien presenta “tendencias a existir”.

Podríamos resumir la situación diciendo que las ondas describen un estado, es decir, toda la situación experimental, mientras que las partículas son los objetos propios de la investigación. Las funciones de onda representan, a través de sus cuadrados, probabilidades. En opinión de Mª. Pilar González Fernández en su artículo “Probabilidad y causalidad en la filosofía de Max Born”: “la probabilidad tiene un cierto tipo de realidad que no puede ser negada”.

Para mí (ver el artículo de este Blog “El entrelazamiento cuántico: una consecuencia de la extraña realidad de las ondas probabilísticas”): “La “realidad formal” de las ondas probabilísticas que “adquiere caracteres de realidad absoluta tomadas en su globalidad” (una sola entidad), al igual que sucede con la intercambiabilidad, a todos los efectos, de la onda probabilística y el corpúsculo en la medida del experimento de la doble rendija, explica la llamada “magia” del entrelazamiento cuántico.”

Llegados a este punto, es hora de  emitir lo más sustancial de mi hipótesis sobre la realidad del espacio probabilístico, y lo primero de todo, obviamente, es explicar lo que entiendo por espacio probabilístico.

Si como comenté antes, el electrón se comporta “como si salpicara una gran región del espacio, desplegando omnipresencia en muchas órbitas”, lo que es extensible, por ejemplo, al fotón en el experimento de la doble rendija, estamos ante la explicitación, definición o concreción, de un espacio, el espacio implícito en las palabras de Louis de Broglie: “todo corpúsculo constituye un espacio de simultaneidad en el seno de una onda a la cual se haya incorporado y que genera su movimiento por cuanto es solidario a la onda”.

La conexión onda y corpúsculo reside en la más profunda realidad física, lo que constituye la anteriormente citada “dualidad onda-corpúsculo”.

La función de onda de Schrödinger, según la interpretación de Born, se convierte en “onda de probabilidad”, en la que hay que aplicar el criterio de realidad objetiva a dicha probabilidad, como invariante que es.

Enuncio, pues, que la función de onda o de probabilidad define “un espacio probabilístico”, cuya característica principal es su realidad. Dicho espacio constituye el “espacio de simultaneidad” de la partícula o las partículas, dentro de la onda que genera su movimiento. Tal espacio, en teoría ilimitado, se constituye instantáneamente o nace en el preciso momento que se genera la onda, y se destruye cuando acaece el colapso de esa función de onda en el proceso de decoherencia.

El fundamento ontológico básico en el que se asienta el espacio probabilístico, y que hace necesaria su presencia y definición, es la propiedad de la no-localidad cuántica, tan íntimamente unida al entrelazamiento o enredo.

(Continúa en el siguiente artículo)

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