Relatividad “total”: el observador (III)

%25282009-05-22%2529%2520Bodas%2520de%2520Oro%2520de%2520la%2520XXI%2520Promoci%25C3%25B3n%252C%2520333El observador y su obra

Es hora de hacer explícito lo que implícitamente guardan en su seno mis aseveraciones incluidas en los artículos precedentes.

Empecé por indicar lo más sustancial de la condición humana, sus necesidades, y sus aspiraciones, la insatisfacción que producía esa presente dicotomía entre los fenómenos subjetivos de la personalidad y el aparente mecanicismo de la neurociencia, entre el fenómeno vital y la abstracción de la ciencia físico-matemática.

Se hacía preciso limar asperezas entre los dos mundos, buscar un nexo convergente entre ambos. Esta condición, propuse, debía acompañar a cualquier hipótesis o teoría que aspirase en convertirse o incluir en su seno tal nexo convergente, que demanda la sociedad actual.

Las especiales características del mundo cuántico me hacían orientarme en tal dirección en pos de tal meta, pero la maraña de interpretaciones de la teoría era un hándicap desagradable.

Ello me condujo al análisis de tales interpretaciones de la MQ, con el horizonte puesto en la necesaria convergencia entre Vida y Física.

La conclusión del análisis fue mi adherencia, por las razones que se fueron exponiendo, a la ortodoxa interpretación de Copenhague, bajo las oportunas observaciones de Max Born, con su “regla” de probabilidad y su condición de realidad basada en los “invariantes de observación”. A partir de ahí elaboré los conceptos de “espacio probabilístico” y “realidad dual” al admitir la especial “realidad de la función de onda cuántica” de Schrödinger.

Ahora, después de los artículos dedicados a la “revalorización” del papel del observador (el “sujeto” de la medida), justificaré los motivos de tal decisión.

Adelanto que el “rol” del observador en mi teoría se aleja considerablemente de la propia visión de Bohr, lo que no “interfiere” en la aplicación práctica de la ortodoxia de la interpretación de Copenhague.

En el siguiente gráfico esquematizo el llamado “proceso de la medida”.

procesodemedidaEl proceso de la medida, como vemos en el gráfico, tiene dos fases. En primer lugar, “la elección de las condiciones del experimento precisas para realizar la medida”. En segundo lugar, el “tomar nota”(anotación) del resultado obtenido. En el proceso pasamos de la superposición de estados cuánticos a un estado particular (determinismo), que se expresa como un suceso, acontecimiento o simplemente el resultado de la medida. Las posibilidades o probabilidades cuánticas se han transformado en la certeza del hecho de una medida, un suceso que puede interpretarse como el cambio de la potencia como posibilidad al acto del suceso, es decir, de la realidad tal como clásicamente la conocemos.

La decantación o “cristalización” (decoherencia) de un estado, según la interpretación de la MQ de Copenhague (estocástica) es un proceso aleatorio en el que no influye el observador, es decir, en el que el “rol” del observador es nulo. (Veremos que tal pretensión es errónea, además que en el proceso de elección de las condiciones experimentales ya está influyendo el experimentador-observador). Sería el proceso reflejado en el esquema como (I).

En mi teoría, toma especial consideración la segunda fase del proceso de la medida, o sea, ese “tomar nota” del resultado. Es tal “conciencia” del resultado de la medida la que, en mi opinión, “crea” la realidad. Por tanto, aquí el “rol” del observador es intrínseco, causal como suponen, entre otros, tanto Neumann como Wheeler. La “intersubjetividad” apuntada por Born, corrobora la asunción de tal realidad por todos los observadores.

Por consiguiente, el proceso (II) del esquema dentro del aparente mismo proceso (interpretación práctica de la MQ de copenhague), indica un “salto” metafísico importante, la entrada de la “conciencia” del observador en el proceso, y por ello la “indirecta incidencia” de la “voluntad” del observador que, a mi juicio, en la medida “crea” realidad.

Aquel acto de “tomar nota”, puede estar diferido en el tiempo a través del aparato de medida, automático o no, pero, en última instancia, un observador es el último actor de la cadena (a veces, basta la simple posibilidad de su existencia).

Y digo que (I) es erróneo porque el proceso aleatorio es imposible sin la confirmación o “consolidación” del observador (la superposición cuántica seguiría siéndolo indefinidamente sin tal requisito). Sin ir más lejos, y por otra parte, es el experimentador-observador quien fija el instante en que realizará la medida, luego la aleatoriedad necesita al menos esa intervención por parte del observador.

La revaloración, pues, del papel del observador está plenamente justificada, lo que se verá confirmado en posteriores artículos, cuando estudiemos el papel singular que sobre el tiempo tiene reservado, también, el observador.

One comment

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s