Una revisión del tiempo (III)

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Tiempo de vida

El tiempo creativo (2ª parte) (De la obra del autor “El tiempo”. Copyright 2014)

“Una vez establecido el papel de cada uno de lo tres “espectros” del tiempo de la hipótesis sobre el tiempo creativo, estamos en condiciones de dar un paso más, introduciéndonos en el mundo de la filosofía rayana con la metafísica. Estamos ante un HACIENDO-presente que “transforma” (a través de la medida o la simple posibilidad de la misma) un “NO-existente” (la “aún” no realidad del futuro) en “existente” (realidad) por medio de la medida, transformándolo en un suceso o acontecimiento, historia, un HECHO ya en el pasado. Desde este punto de vista, podemos considerar al observador O, en su HACIENDO, la fuerza capaz de construir o crear desde el NO SER al SER.

Es sorprendente el hecho de la trastocación temporal del tradicional sentido de la “creación”. Secularmente existía y existe el “mandala” de que en la creación se pasaba de la nada-pasado al futuro-ser creado. Pues bien, ahora, sorprendentemente acontece lo contrario: desde la “posibilidad” del futuro (una nada), se “crea” (HACIENDO) la esencialidad histórica del pasado.

Se me antoja que no está de más hacer hincapié o resaltar este hecho, al menos llamativo, del paso de una evolución original, o creación que desde un origen (incierto y desconocido) se dirige hacia el futuro (igualmente incierto y misterioso), a otra “creación”, u otra metafísica que desde la seguridad de nuestro propio yo -el HACIENDO “creativo”- decanta las posibilidades potenciales del NO-SER, en el SER-PASADO-HISTORIA.

Y lo trascendental entreverado: ¡Somos una “potencia” creativa!… Cada observador es un creador: ¡No necesitamos remontarnos a un pasado-origen en la nada, indefinido, infinitamente lejano, ni imaginarnos un futuro igualmente lejano y desconocido! El nuevo paradigma abandona el tiempo absoluto, fuera de nuestra comprensión, sustituyéndolo por una fuerza de la naturaleza capaz de crear, pero limitada en el tiempo, llena de vida, y que ¡somos nosotros mismos!

Y esa fuerza está enmarcada en un tiempo avalado por el hecho incontestable de nuestra propia vida, por un tiempo de creación: el “tiempo creativo”.

Yo diría que, con estos presupuestos, la necesidad de un tiempo extendido entre dos infinitos, el del origen y el del futuro, si no en un solo ciclo como el de nuestro universo conocido o del Big Bang, sí en los innumerables universos que nos presenta la filosofía india (eterno retorno, etcétera), pasa  a ser superflua ante la evidencia del mundo finito en todos los órdenes que nos rodea: es finita la vida de cualquier criatura viva, la edad o duración de cualquier proceso físico estudiado por la ciencia, etcétera. Y si todo es finito, choca con nuestra inteligencia e intuición una cosa como un tiempo extendido desde el -∞ al +∞. Para la filosofía cristiana y bíblica se precisa un origen desde el que contar los tiempos.

Mucho más fácil para nuestro entendimiento es hacer partir, todo lo que se refiera a cualquier aspecto de la temporalidad, de nuestro tiempo propio establecido como origen desde el evento “autotransmitido” de nosotros mismos, de mí mismo en cuanto a observador (como dije, una especie de coordenadas comóviles que acompañan a cada observador). A partir de aquí y como seres limitados, podemos establecer edades, tanto hacia el pasado como hacia la especulación futura, tan unida a nuestra aspiración de permanencia, a su esperanza. El concepto de duración, o de edad de cualquier proceso físico o vital, desde este consideración, es totalmente natural, fácilmente asumido por nuestro entendimiento.

De forma que aquellos orígenes del tiempo, en el -∞, y final del mismo, en el +∞, dejan de presuponer ninguna problemática desde el punto de vista científico, pasando a integrarse con naturalidad en el campo metafísico, es decir, en un terreno, fuera ya de la especulación científica, de donde nunca debieron salir.

¿Y qué puedo añadir, ahora, a la apuntada “flecha del tiempo?

Se ha hecho uso del término físico “entropía” para explicar esta flecha del tiempo dirigida siempre hacia el futuro…, pero no sabemos por qué nuestro universo siempre camina hacia el aumento de entropía, que es a su vez la causa de la dirección hacia el futuro de la flecha del tiempo. Pues bien, en la hipótesis del tiempo creativo, no es preciso acudir a tal ley del incremento de entropía, definidora de la flecha del tiempo, puesto que nos encontramos en el caso contrario, ya que es la dirección del tiempo creativo la que establece la ley entrópica creciente. ¡Es el HACIENDO de nuestra acción, en la transformación de las posibilidades del POR HACER en la realidad del HECHO, quien “mueve” la flecha del tiempo, quien da su direccionalidad!

En mi opinión, y volviendo a entrar en un terreno más filosófico, es curioso el paralelismo que podemos establecer entre los presupuestos del tiempo creativo y el sistema hegeliano de la historia con su clásico método de tesis, antítesis y síntesis.

Para Hegel, el hombre no es una criatura pasiva, mero observador de la historia, sino un sujeto partícipe que crea o co-crea la historia junto a la divinidad, historia que, avanza mediante tesis, antítesis y síntesis. Y es que estos tres movimientos típicos de la dialéctica hegeliana son: afirmación, negación y negación de la negación.

En el tiempo creativo también existen los tres “movimientos”: el del pasado-HECHO (haciendo las salvedades que se apuntaron antes sobre el pasado); el que puede considerarse el “no hecho” cual es el POR HACER; y el enlace que supone la “acción-HACIENDO” del observador (¡Hace de la posibilidad Historia, del NO-SER -todavía- al SER!).

El tiempo creativo es el tiempo que se ciñe especialmente al fenómeno vital, como un guante a la mano, con su dirección entrópica del tiempo hacia el futuro. (La entropía negativa que supone el aumento de complejidad en el desarrollo y evolución del ser vivo en su aspecto local como sistema abierto, como sabemos, no va en contra del aumento entrópico de todo el universo como sistema cerrado global).

Es innecesario citar las connotaciones de todo tipo que supone la adopción del tiempo creativo, cuyos antecedentes podríamos encontrar en obras como “Ser y tiempo” de Heidegger, o en el concepto de la “durée” de Henri Bergson.”

Y como señalé, no es nada extraño que el tiempo creativo vaya consustancialmente unido al vocablo-verbo HACER, que encierra en sí tanto el “tiempo” como el “movimiento” (acción).

(Continúa en próximos artículos)

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