¡Salvar a la criatura humana! Alegato en busca del “hombre bueno”

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La antigua alianza

¡Cuántas sabias enseñanzas son y han sido extraídas de la historia!… Trascendentales en la mayoría de los casos… pero ahora corresponde una nueva virtualidad: la novedad que siempre fue un valor, hoy día se presenta con ciertos matices sustanciales.

De la historia se obtienen claros ejemplos de la ascendencia y declive de naciones e imperios, de auges y decadencias de poderes fácticos, ocultos o menos, de sucesión de superación de paradigmas, etcétera, etcétera.

En todos ellos, en verdad, no estaba en entredicho la pervivencia del hombre, de la humanidad como tal: ¡era un relevo de personas y culturas, cual lucha por la supervivencia biológica de las especies (aunque aquí “pugna cultural” dentro de la única especie humana)!… Tiempo ha que las diferentes subespecies de homínidos (neandertal, floresiensis, etcétera), quizás parcialmente coincidentes en el tiempo -tema aún controvertido entre especialistas- recalaron en el Homo sapiens.

Pues ahora, la gran novedad, ya barruntada en las últimas décadas, es que la humanidad como tal y la especie que la sustenta, están en verdadero peligro de extinción, un peligro real como nunca antes se vio con tanta evidencia.

No hay que acudir siquiera a eventos externos catastróficos, por otro lado con probabilidad nada despreciable como la caída de un cometa o gran asteroide, o la más o menos extravagante de invasión extraterrestre (algunos sabios, entre ellos Stephen Hawking, están ciertamente alarmados ante esta posibilidad), sino que el peligro reside aquí, a nuestro lado.

Muchos focos de poder aún tienen ensoñaciones (quizás, tras el análisis de las historias antiguas y otras más recientes) de la búsqueda de una hegemonía mundial, basada en la anulación de sus adversarios.

Pues bien, la novedad es que ello ya no es posible. La novedad, modelada sobre una progresividad, es que ciencia y tecnología son origen de un gran adelanto, pero también de una gran disfunción, de una clara regresión de los instrumentos de control. La multipolaridad que en algunas ocasiones se creyó un bien, en este mundo de grandes posibilidades de destrucción (amenazas globales como la grave agresión al medio ambiente, la potencia nuclear, etcétera), no deja de contribuir a una gran incertidumbre.

El peligro es muy real, pues está en juego nuestra propia supervivencia como especie, y tristemente ese humanismo del que tanto nos vanagloriábamos y que sonábamos y pretendíamos catapultar hacia el futuro, podría desaparecer en el universo como una más de esas posibilidades que apuntaban alto, pero que se difuminaron en el vaivén del ciego baile del azar.

Hay que dar un golpe de timón, busquemos el “hombre bueno”.

Como dice Nick Bostrom en su obra “Superinteligencia”: “Que los mejores en naturaleza humana, por favor, se pongan en pie”.

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