No es relativismo; es dignificación de la “condición humana”

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La dicotomía relativismo-objetivismo encierra en sí el germen de no pocos problemas epistemológicos, y no solo de orden científico sino, más ampliamente, sociológicos, políticos y hasta morales.

Para mí, no existe tal dicotomía, sino una verdadera gradación entre ambos extremos.

No es objetividad afirmar la existencia de cualquier verdad suprema en menoscabo del resto. En particular, la archiconocida sentencia “O estás conmigo o estás contra mí”, no deja de ser una justificación de los mayores errores habidos en la condición humana… Yo diría, ¡el mayor error!… Tal frase justifica algo tan llamativo e inevitable a nuestra conciencia como la famosa Inquisición católica, u otros extremismos religiosos o fundamentalistas, también políticos como el racismo, el exterminio nazi o el horror estalinista.

Si lo que llamamos “relativismo” rechaza todos estos planteamientos, me consideraría relativista, pero sería una burda simplificación que además se sitúa fuera de la verdad.

Si me dicen que el objetivismo reafirma los valores, tiene muy en cuenta la “ley natural”, alejándose del nihilismo que supone la aplicación estricta del relativismo, entonces soy “objetivista”.

Es claro, ¡ni uno ni otro!… En mi opinión, el error reside en el establecimiento de la citada dicotomía que los enmarca.

El mundo no es tan simple: existen muchos “matices” que no suponen relativismo.

Mi enfoque, entonces, viene reflejado en mi reciente artículo (publicado en este mismo Blog Simbiotica) “¡Salvar a la criatura humana! Alegato en busca del “hombre bueno”.

Me expresaba así:

“La gran novedad, ya barruntada en las últimas décadas, es que la humanidad como tal y la especie que la sustenta, están en verdadero peligro de extinción, un peligro real como nunca antes se vio con tanta evidencia.”

“La novedad, modelada sobre una progresividad, es que ciencia y tecnología son origen de un gran adelanto, pero también de una gran disfunción, de una clara regresión de los instrumentos de control.”

La novedad es que ya no es posible la implantación de cualquier “hegemonía mundial, basada en la anulación de sus adversarios”.

Quiere ello decir que la “objetividad”, cualquier atisbo de ella que suponga la implantación de cualquier axioma tomado como “verdad suprema” en menoscabo de los demás, incide de forma absoluta sobre la propia supervivencia de la misma especie humana, por nuestro formidable poder actual de autodestrucción.

Así que, aún preservando nuestros más prístinos valores, que en otros momentos nos aproximaría al apuntado objetivismo, hoy tal planteamiento “objetivo” es totalmente desaconsejable, lo que parece apuntar a un relativismo, pero no es tal, pues el primer valor a preservar es nuestra propia idiosincrasia (subjetivismo), mas ésta debe estar encuadrada, matizada por las de los demás.

En otras palabras, el relativismo actual, totalmente necesario ante el peligro de autodestrucción, no tiene el carácter negativo (relativismo tomado como “ausencia de valores”) que se le presumía anteriormente, y de ningún modo se opone al “objetivismo” potenciador de nuestros más “acrecentados” valores: ¿la cuadratura del círculo para algunos?… No, ¡la potenciación de las “virtudes” de cada una de nuestras culturas, sociedades e ideologías, sin imposiciones mutuas! En resumen: ¡la dignificación de la condición humana!

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