Lo inaccesible y la sensibilidad (2ª parte)

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De lo expuesto en la 1ª parte del artículo, se deduce que toda “estructura material” física, tiene propiamente dos componentes indisolubles: el que expresaría la apariencia física o material, objeto de la ciencia y el “interno” , fuera de esta última, porque pertenece al mundo de lo inaccesible, pero tan “real” como el anterior. El interno (lo inaccesible que acompaña a todo “ser”) es la “residencia” del sujeto, “absorbedor” de la sensación, y principio del movimiento desde su “voluntad”. Otra cosa es el “medio” a través del cual se transmite esa “voluntad” a la estructura material (cuerpo) de la criatura. Opino que una de las vías es la “conciencia” en su efecto sobre la medida física -ciencia- en la transformación que se produce de las potencialidades de los “estados probabilísticos” en sucesos o acontecimientos… Pero, ¿existirían otras vías tanto en dirección del cuerpo-materia al sujeto, y del sujeto al cuerpo?

Un camino en su busca debería ser el estudio del aparente “espíritu comunitario” (**) que parece adornar a individuos que tienen comportamientos comunitarios en ciertas circunstancias (se da en algunos microorganismos y bacterias).

También y de ordinario, hay una comunión, casi identificación, entre los cerebros “inundados” de neurotransmisores y la sensación o emoción sentida por el sujeto. Esa “casi” identificación me hace concebir la hipótesis de una posible asimilación de la “componente interna” citada de los cuerpos (materia) de los seres vivos con algo así como la “frontera” de su parte material (lo accesible a la ciencia). Pero esa frontera, si es “abarcativa”, que lo es para “superponerse” totalmente al cuerpo, tiene un aspecto complementario, suplementario, en el sentido de un “algo más”, se entiende, del aspecto material.

Concibo que ese algo más no es un simple apéndice que pudiera, quizás, “estirparse” como tal. Creo, por el contrario, que es el germen de algo trascendente: le supongo la residencia del ser (***) -sujeto, voluntad, etcétera-. En él se atisba la “transcurrencia”, propiedad del “presente” que nos anticipa el futuro. Precisamente esa “transcurrencia” le da el poder de superación de lo material, en su inmersión en el mundo de lo inaccesible.

Ahora bien, hay que aclarar que ese “algo más” no supone nunca un acceso a mayores niveles de complejidad orgánica o material; la “ampliación-apéndice” sale de las coordenadas espacio-temporales materiales, hacia otras pertenecientes a “otro mundo”: el cualitativo interno de la sensibilidad. Su papel se refiere a la “direccionalidad” del comportamiento, lo que conlleva a la larga cambios en lo material: lo “consciente” que presuponen las “elecciones”(entre los estados probabilísticos), configura un camino (“se hace camino al andar”), una “historia” creadora de realidad (materialidad).

Considero una prueba de la existencia de lo “fronterizo” superador de lo material, el “espíritu comunitario” antedicho, de los seres individuales en la constitución circunstancial de un “cuerpo comunitario”.

Notas:

(**)  Neurociencia cognitiva y la célula viva.

(***) El cierre del círculo.

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