Sensibilidad e inteligencia

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El carácter de frontera de lo inaccesible de la criatura (leer las dos partes del artículo publicado en este Blog titulado “Lo inaccesible y la sensibilidad”) comporta la posibilidad de su “desligamiento” de la propia materialidad, su posibilidad de ente  distinto fuera del estricto marco espacio-temporal; su “abarcabilidad”, sin embargo, encierra en sí toda la materialidad de ese cuerpo al identificarse prácticamente con el cerebro con todos sus componentes como enzimas, proteínas, en general neuronas y neurotransmisores, interpretados como la emoción-sentimiento que lo inunda, como una “incrustación” en la interioridad de la criatura y que tiene su seno o radicalidad en aquella “frontera de lo inaccesible”, pero a la vez esta frontera con capacidad de decisión sobre diversas alternativas, tiene la precisa “consciencia” de su potencialidad de elección que en sí misma representa una inteligencia, que naciendo inconsciente, en su evolución se transforma en consciente, capaz ya de hacer medidas, de transformarse así en observador de la naturaleza, en sujeto con “consciencia física”, por tanto, en “creador” de realidad.

Ya no es la sensibilidad que opera hacia el interior (input) de la criatura -lo inaccesible-, sino que movida esta última por la sensibilidad de la emoción, ahora se expresa hacia afuera (output), como inteligencia-consciencia cuyo campo de acción se extiende hacia el entorno.

Lo curioso es que al no estar ya enmarcada -como frontera- entre las “cadenas” de los espacio-temporal clásico, local, puede extender sus tentáculos fuera de tal limitación, con unas características propiamente cuánticas, con entrelazamientos con aspectos de no-localidad. Ello quiere decir que aparece una nueva potencialidad en la que una consciencia-inteligencia es capaz de aglutinar o configurar funciones de onda a voluntad, mejor, elaborar la función de onda global capaz de incluir en su seno las de otros elementos o partículas a voluntad.

La acción de esa voluntad-sujeto de la criatura no tiene porqué ser ejercida de forma consciente, analíticamente sabedora de cada uno de los elementos (con sus funciones de onda correspondientes) que colaboran unitariamente, al igual que nosotros actuamos inconscientemente sobre nuestros cuerpos desde la cúspide del conjunto de sistemas y subsistemas de los que estamos compuestos, que en su mayoría, por sí, son inconscientes: es un único sentimiento-emoción, en cada momento, el que rige nuestro comportamiento. De ello, muchas veces no somos plenamente conscientes, pero esa inconsciencia no supone que tales subunidades funciones automáticamente como un robot. Un símil sería, como propuse en un artículo reciente (“La emoción como lenguaje de alto nivel”), el lenguaje de alto nivel que desde lo más alto de un programa maneja sus componentes inferiores o subprogramas que  en el fondo no necesita conocer.

En las criaturas, ese lenguaje de alto nivel lo representan las emociones-sentimientos (sensibilidad) de las mismas. Pero la capacidad de actuación del sujeto, su conciencia-inteligencia, movida o influenciada por aquellas, trasciende la localidad clásica físico-química conocida con la potencialidad cuántica que se superpone a aquella, ejerciendo su influencia hacia el entorno.

El cuadro sería el siguiente. La pura materialidad espacio-temporal evoluciona biológicamente desde estructuras puramente físico-químicas hacia el campo mental, que se abre a la consciencia, la cual, a su vez, incide sobre la materialidad, modulándola, desarrollándola hasta crear la propia realidad, lo que es lo mismo, la materialidad: la propia materia, en un curioso círculo, evoluciona, gracias a la consciencia, hasta volver a crearse a sí misma. ¡Una metafísica de la realidad!

El mundo, así, bajo ciertas reglas, que son las de la física cuántica (no estamos, entonces, ante un caos sin orden), aparece “entrelazado” entre sí por encima de tiempo y espacio, haciendo posible una evolución que desde el puro azar (ahora sí, el caos) hace posible la vida, en dirección a unos niveles que no podemos ni imaginar (nuestra inteligencia será superada hasta unos niveles cuyo entendimiento supera nuestra imaginación).

Desde luego, y por otro lado, no hay que olvidar que la “frontera” existente en cada uno de los “presentes” de la criatura, por “reflexión” (el feedback que siempre existe), de algún modo -la evidencia cotidiana-, va configurando y registrándose en la configuración neuronal, dejando un poso en el pasado que, indiscutiblemente, se “incrusta” en la “frontera” de cada presente, en esa “transcurrencia” que nos catapulta hacia el futuro. Evidentemente, la consciencia-inteligencia actual de cada criatura está adornada con tal equipaje, con lo que sus propiedades cuánticas pueden, así, expandirse tanto en el tiempo como en el espacio.

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