Regreso al origen: Materia y Forma

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El título del artículo sintetiza lo que quiero expresar en referencia a mis trabajos publicados en este mismo Blog, titulados: “Sensibilidad e inteligencia” y “Lo inaccesible y la sensibilidad”. Pero, ahora, interpretándolos bajo el prisma del sabio precursor de la Ciencia, Aristóteles.

En particular, sus conceptos de “materia” y “forma” podrían asimilarse respectivamente, veremos cómo, al cuerpo material (físico) de la criatura, y en cuanto a la “forma” a esa parte de las mismas a la que denomino “lo inaccesible”, también identificada con la “frontera”.

Ahora bien, los conceptos del estagirita (Aristóteles nace en Estagira, en 384 a. C.) son mucho más amplios que los adoptados en mis artículos citados. Y eso es así, lógicamente, porque el transcurso del tiempo en ningún modo es baladí; el adelanto científico ha ido ampliando enormemente nuestro conocimiento de la materia, relegando el campo de “lo inaccesible” -la “forma”- a su “frontera”, límite “abarcante” de todo lo material que, no obstante, sigue proporcionando la característica “unicidad” definitoria del ser.

Como en la idea aristotélica, no hay materia sin forma, ni forma sin materia (la forma sin materia sólo se aplicaría a seres “puros” fuera del universo conocido). Algo que se presenta con toda evidencia en los seres vivos, donde “consciencia-inteligencia”, en similitud a la “forma” aristotélica, y “cuerpo material” son indisolubles.

Mucho ha avanzado nuestro conocimiento sobre las leyes de la física y la química, de la ciencia de la mente, etcétera, lo que incide directamente en el hilemorfismo de Aristóteles, aunque, en su esencia, aún puede conservarse la idea original del sabio, lo que no quita, prudentemente, el dar ese amplio margen al desarrollo científico-técnico como abanderado del conocimiento, pero al que hay que complementar con la genial intuición del estagirita: la “forma”, aquí la “frontera” de “lo inaccesible”, como campo o residencia de las cualidades representativas del individuo: voluntad, sí-mismo, en fin la unicidad.

Pero, convendría especificar con más detalle este campo “conectivo” entre lo puramente material “clásico” con propiedades totalmente deterministas (siguiendo el criterio de Einstein) y ese otro “mundo de cualidades” al que llamamos “lo inaccesible”.

En mi opinión, esta conexión tiene su fundamento en el campo de la física cuántica, con sus sorprendentes propiedades de no-localidad, superposición de estados y entrelazamiento. Gracias a ellas pueden establecerse conexiones no-locales y atemporales, capaces de enmarcar en su seno a la criatura, proporcionándole “unicidad”, característica propia de la misma.

Evidentemente, las propiedades físicas que aparecen dentro del caos en las situaciones fuera del equilibrio termodinámico, haciendo surgir orden y entropía negativa en la evolución biológica, ayudan enormemente en la configuración de las estructuras complejas que son en realidad los seres vivos. Otras formas de estructuración compleja material proviene de otros desarrollos científicos que no hay que minusvalorar pero, de cualquier forma, siempre existe una “frontera” abarcante, más allá de lo puramente material, aquella “forma” intuida por Aristóteles, que constituye la esencia necesaria y profunda que da su existencia al ser.

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