Elucubraciones en torno a la intersubjetividad

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¿Es importante el papel de la intersubjetividad en el mundo cuántico como supongo?

La intersubjetividad puede deducirse del hecho de que los estados cuánticos de un sistema deben ser los mismos para cualquier observador, así que la resolución (medida o decoherencia) de tal sistema en uno único o suceso, realizada por el experimentador (observador), necesariamente tiene que repercutir en todos los demás observadores: el comportamiento (acción) de un observador, lo es para los demás -intersubjetividad-, una pura “objetividad”.

Pues bien, yendo un paso más allá, hay ciertas experiencias cuánticas en las que la manipulación en una de las partículas entrelazadas (cuánticamente), que como sabemos incide inmediatamente sobre la otra (otras), indican esa incidencia en la otra (otras), aún cuando no exista “materialmente” el observador que dé fe de esa medida: sólo con que “pudiera existir” un observador que “pudiera” haber realizado la medida, de hecho, el “colapso” de la función de onda tiene lugar. La simple “posibilidad” de la medición es suficiente, sin la necesidad del observador (científico experimentador): ocurre como si el “sistema” (puramente material-abstracto, es decir, en forma amplia, físico-matemático) tuviera la inteligencia de “discernir” tal posibilidad.

Por supuesto, esto último, tan aparentemente paradójico y mágico, no puede afirmarse con una mínima seriedad desde una mente científica. ¡Hay que buscar otra explicación!

Bueno, colateralmente, sólo apuntar la sorprendente comprobación del reciente descubrimiento del entrelazamiento cuántico entre fotones procedentes de una galaxia lejanísima, separados por la interposición de otras a través del fenómeno denominado “lente o anillo de Einstein”: ello supone, claro está, implicaciones sobre el pasado temporal, por nuestra manipulación en el presente.

Pero, volvamos al planteamiento anterior. ¿Podríamos aplicar aquí el concepto intersubjetivo (por cierto, sugerido inicialmente por el Nobel Born en su día) para “eliminar” ese misterioso “discernimiento” del sistema?

Si la “medida” del observador es intersubjetiva (“decantación” de un estado), también, si no existe “medida” -ningún observador la realiza- y hay “colapso” de la función de onda -no hay multiplicidad de estados coexistiendo, al quedar solo uno-, el “colapso”, igualmente, será intersubjetivo, sin necesidad de que ningún observador “materialmente” lo realice.

La intersubjetividad sería suficiente para que la simple “posibilidad” de la realización de la medida provoque el suceso, sin que intervenga puntualmente ningún observador, y sin suponer ninguna clase de “inteligencia” desarrollada por el sistema: ¡la “posibilidad” de la medida es suficiente para el desarrollo del “acontecimiento” (éste puede ser, por ejemplo, la aparición de partículas, o por contra, fenómenos ondulantes de interferencia), a partir del concepto de “intersubjetividad cuántica”!

Aún cuando podemos desechar la posibilidad de inteligencia (¿robótica?) del sistema, no así lo sería el planteamiento metafísico de una inteligencia del mundo o universo como tal en forma de “reglas” impuestas a la materialidad física de sus componentes… Habría, igualmente, que admitir la posibilidad de que la “materia” del universo esté adornada no solo de las propiedades físico-materiales que conocemos, sino de otras más sutiles como inteligencia y sensibilidad… Si profundizamos en el tema, ambas posiciones serían lo mismo, todo depende de la semántica.

En realidad, también el planteamiento intersubjetivo anterior podría acogerse a esa metafísica de la inteligencia universal, como una de sus reglas: la materia debe “acatar” la “intersubjetividad cuántica”, como una ley física más de “obligado cumplimiento”. Claro está que, entonces y de igual forma, podríamos admitir la hipótesis de la influencia de la mente del obervador en la medida, por ende, de la historicidad del suceso o acontecimiento como realidad (¡creada!).

La complementariedad entre “inteligencia universal” (“leyes de la naturaleza”) y mente consciente (del observador) en el desarrollo creativo del mundo sería, por consiguiente, un hecho.

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