La ley “Puente”

Amplios horizontes

Dos mundos, en apariencia separados, son interconectados gracias a esta ley “Puente”.

Primero, hacer notar cuales son estos dos mundos. Uno de ellos es el mundo natural o físico conocido en el que las leyes están establecidas de antemano, y en el que la conciencia humana sólo puede aspirar a descubrirlas, en su caso a utilizarlas, con el potencial de la posibilidad de manejarlas en “su provecho”. Pero tales leyes, en ningún caso puede el hombre “construir” o “edificar”; sólo seríamos observadores externos.

El otro mundo es el del pensamiento y la inteligencia que conocemos subjetivamente, pues nos pertenece propiamente, sin la elucubración, por otra parte nada sorprendente, del “cupo” de ambos pertenecientes a otras especies vivas. Este mundo, también llamado de la psiquis, posee su propio dinamismo, sus propia leyes, pero que sólo parecen circunscribirse a nuestra propia mente (la empatía sería una componente que aunque de procedencia externa, anida, también, en nuestro interior -células o neuronas espejo).

Nuestro conocimiento se incrementa, indudablemente, al inferir las leyes naturales del otro mundo, gracias a nuestra inteligencia, pero no pasa de ahí, continúa en este mundo subjetivo de nuestra mente: mayor conocimiento, mayor potencia mental, pero la misma cualidad mental propia del mismo mundo… Hay un movimiento interno, una cierta superación, pero continuamos en el mismo mundo, aunque, eso sí, podemos interceder en aquel otro mundo (de lo físico o natural), transformándolo sí, pero una transformación sujeta a sus propias leyes (no las nuestras): simplemente nos hemos servido, “inteligentemente”, de esas leyes “naturales” (ajenas).

Espero se haya captado la intención subyacente en la descripción anterior.

Ahora sí, puedo ocuparme de lo que he denominado la trascendental ley “Puente”.

Voy a expresar la particularidad de la interconexión entre los mundos anteriores, que representa dicha ley “Puente”, y el porqué de su trascendencia.

Gracias a la ley “Puente”, el mundo de la mente, la psiquis o la conciencia puede incidir en el mundo físico o natural, pero, he aquí la “diferencia”, imponiendo su propia ley al mismo, una ley que ya no le es propia sino impuesta, precisamente por nuestra conciencia.

Y la he denominado ley “Puente” porque en realidad “flota” sobre ambos mundos: ¡le pertenece a ambos, ciertamente!

En esencia: La realización de una medida (el autoconocimiento que ello aporta a una conciencia, que al final es una objetivación por la “intersubjetividad” cuántica), “materializa” (“colapso de la función de onda”) un suceso o acontecimiento en la “historia” del universo, que a modo de una ley “infranqueable” se impone en el mundo natural.

Entonces: “El mundo de la conciencia, impone su propia ley en el mundo físico o natural”, lo que representa un tipo de interconexión antre ambos completamente novedoso, en referencia a lo que definí en las primeras descripciones.

En otros artículos sugería que todo ésto en realidad supone una “verdadera creación”, que además esconde crípticamente el misterio de la vida.

Alejandro Álvarez Silva

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